¿Hubo algún papa guerrero?

Conocido como "el Terrible" por su extraordinaria fuerza física y su feroz carácter, Julio II fue un verdadero papa militar que centró sus esfuerzos en recuperar la independencia y el poder de la Santa Sede.

Julio II
Rex Harrison como Julio II en 'El tormento y el éxtasis' (1964). Imagen: Getty Images.

Si bien es cierto que la religión tiende a centrarse en los asuntos espirituales y no en los terrenales, tampoco se puede negar que en muchas ocasiones estas han preferido recurrir a la espada antes que a la oración (lo de “matadlos a todos que Dios reconocerá a los suyos” y tal). Las guerras religiosas toman un gran protagonismo en la Europa medieval y arrastran a poderosas naciones y estados a enfrentamientos que solían utilizar una disputa relacionada con la fe para tratar temas de fondo más cercanos a poder, tierras, dinero o influencia. En esta masacre continuada a la que nos referimos el Vaticano no se mantuvo a parte ya que, como estado que era, tenía sus propios intereses. Y nadie los defendió mejor que Julio II, el papa guerrero.

Nacido en 1443 Giuliano della Rovere, era sobrino del papa Sixto IV y el mismo año en que él ascendió al trono de san Pedro, Giuliano fue nombrado cardenal. Fue enemigo jurado de Rodrigo Borgia y su descendiente, César, padre de tres hijas y consiguió ser nombrado papa en el que todavía es el cónclave más corto de la historia y con una aplastante mayoría de 35 votos de 38 posibles.  Ya como Sumo Pontífice (1503) y con el nombre de Julio II, este papa decidió revertir los años de gobierno Borgia y recuperar los territorios, la independencia y el lugar privilegiado que el estado vaticano tenía en Italia y en Europa. Para lograrlo Julio II se convirtió en todo un maestro de las dos vías posibles: la diplomacia y la guerra.

Conocido como “el Terrible” por sus enemigos, se dice de él que tenía una fuerza física extraordinaria y un fiero carácter que sacaba a relucir a la mínima de cambio. Fue el creador de la Guardia Suiza, ese mítico cuerpo militar que todavía hoy existe y que hizo su guardia personal, y se ganó el apodo de “el papa guerrero” al liderar a sus tropas en primera línea del campo de batalla, vistiendo armadura y blandiendo la espada como el que más. En sus guerras sometió los territorios de Rimini, Perugia y Bolonia, formó la Liga de Cambrai en 1508 para incorporar a Venecia a sus dominios y en 1511 se alió con Venecia, España, Inglaterra, Suiza y el Sacro-Imperio Romano Germánico para limitar el poder de Luis XII, su antiguo aliado.

 

Julio II
Retrato de Julio II por Rafael Sanzio. Imagen: Wikimedia Commons.

 

Sus conquistas añadieron una considerable fortuna a los nada escuetos fondos que le otorgaba su cargo y, como buen hombre del renacimiento que era, Julio II se convirtió en un gran mecenas y protector de artistas tan importantes como Miguel Ángel, Rafael Sanzio o Donato d’Angello Bramante. Fue bajo su papado cuando se otorgó la bula para fundar la universidad de Sevilla, se empezó a construir la basílica de San Pedro del Vaticano y encargó a Miguel Ángel que decorara su Capilla Sixtina. Sería también a Miguel Ángel a quien encargaría una estatua suya (con una espada y no con un libro, como el artista había proyectado) así como su tumba, en la que se encuentra la imponente figura de Moisés con cuernos. Por su parte, Rafael le haría un retrato en el que se le vería anciano y cansado, alejado de ese vigor guerrero que tanto le caracterizó.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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