¿Cuál ha sido el programa de radio más aterrador de la historia?

Un domingo por la tarde de octubre de 1938, la emisión radiofónica de "La guerra de los mundos" de H. G. Wells protagonizó uno de los momentos clave en la historia de este medio.

Welles

Cuenta la leyenda que el canto de las sirenas atraía a los marineros poco precavidos. La voz de estas criaturas les embrujaba y les hacía caer en la locura, lanzándose al mar o dirigiendo su barco directo hacia las afiladas rocas donde encontrarían su muerte. Solo Ulises, con su astucia, pudo salvarse de tal embrujo pero sus camaradas no fueron ni los primeros ni los últimos en quedar embelesados por esa dulce melodía. La voz humana, cuando sabe cómo utilizarse, es una herramienta peligrosa y muy efectiva. La radio, un medio de comunicación antiguo que ha envejecido bien, se basa precisamente en la influencia de la voz del locutor sobre los oyentes. Y pocos casos hay que ejemplifiquen tan bien este hecho como aquel lejano programa de 1938 sobre ‘La guerra de los mundos’ de H. G. Wells.

Un domingo de octubre de ese año, siendo víspera de Halloween, los estudios de la CBS informaron de que el observatorio Mount Jennings de Chicago había avistado hasta tres explosiones en la superficie de Marte y que numerosos platillos volantes estaban invadiendo Nueva Jersey y destruyendo todo cuanto se encontraban a su paso mientras avanzaban hacia Nueva York. La cadena de radio había encargado al locutor Orson Welles que realizara dramatizaciones semanales de conocidas obras literarias y ese día tocaba la invasión alienígena ideada por H. G. Wells. El programa, que tuvo una duración de 60 minutos, había dejado claro hasta en tres ocasiones que se trataba de una dramatización pero, aun con todo, las consecuencias fueron mucho más lejos de lo esperado.

Se estima que la audiencia de ese programa fue de 12 millones de personas y muchas de ellas pensaron que lo que estaban escuchando era verdad. El pánico tardó poco en extenderse y se produjo una situación de histeria que paralizó a la ciudad de Nueva York: la gente huyó de allí como en una especie de éxodo por salvar la vida, salió a la calle armada con el fin de defenderse, saturó la centralita de policía con denuncias sobre avistamientos de marcianos e incluso se registró un número indeterminado de suicidios. Algunos que cogieron el programa a medias pensaron que lo que se describía era una invasión de los Estados Unidos por parte de la Alemania nazi de Hitler.

El excelente trabajo que hicieron Orson Welles y el Teatro Mercury consiguieron convencer a la población de que lo que escuchaban estaba más allá de lo que veían sus ojos. Reprodujeron los cortes de conexión, presentaron a distintos expertos que desarrollarían la historia y la acompañaron con el suficiente suspense y efectos sonoros como para que todos quedasen convencidos.

Cuando la sociedad recuperó la calma y se aclaró que todo había sido mentira, fueron muchos los que se reunieron a las puertas de los estudios de la CBS para protestar y pedir la cabeza de Welles. Sin embargo, lo que parecía suponer el final de su carrera fue en realidad su despegue. La fama que adquirió como narrador le convirtió en una de las personalidades más conocidas de los medios de comunicación y propulsó su trabajo como director de cine.

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