¿Estaba loca la reina Juana I de Castilla?

Primero su padre, Fernando de Aragón y luego su hijo, Carlos I, la apartaron del trono argumentando que sufría problemas mentales, pero ¿era esto cierto?

En Tordesillas, una villa castellana a orillas del Duero (donde España y Portugal se repartieron el mundo), estuvo cautiva casi medio siglo la reina Juana, apodada ‘la Loca’. En 1496, siguiendo una práctica que era costumbre en la Europa medieval, Juana de Castilla se casó con el joven Felipe de Habsburgo por decisión de los respectivos padres. El pretendiente era hijo de Maximiliano, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y archiduque de Austria, por lo que una unión con Juana ampliaría la influencia de las coronas de Castilla y Aragón en detrimento del poder de la corona francesa de los Valois.

Tras la boda surgen dos problemas. Por un lado, Felipe el Hermoso mostró poco interés por su esposa y esto desencadenó unos celos que algunos historiadores tildan de patológicos, Por otro, Fernando el Católico vio en Felipe a un rival directo e intentó apartarlo del poder de todas las maneras posibles. Tras la muerte de Isabel, la disputa por hacerse con el control de Castilla entre su padre y su marido atrapó a Juana en un fuego cruzado del que acabaría siendo la principal víctima.

El gobierno de Felipe I como rey de Castilla fue muy breve (de solamente dos meses para ser exactos) debido a su repentino fallecimiento en 1506, cuando solo tenía 28 años. Durante el cortejo fúnebre que llevó el cuerpo de Felipe el Hermoso por buena parte de Castilla fue cuando surgieron los primeros rumores sobre la locura de Juana debido a la actitud que mostró en todo ese tiempo.

Viendo una oportunidad clara de aumentar su poder, Fernando el Católico decidió no dejar pasar la oportunidad y hacerse con la corona de Castilla. Recluyó a su propia hija en Tordesillas alegando graves problemas mentales y asumió el control del reino hasta que Carlos, el hijo varón de Juana y Felipe, pudiese gobernar. Durante su encierro se llegó a decir que estaba endemoniada porque no quería escuchar misa. Numerosas fuentes recogen que, desde su infancia, Juana prefería dedicar el tiempo a otras actividades más lúdicas antes que reclinarse para el rezo, para desdicha de su madre Isabel la Católica.

Carlos llegó a España en 1517 y fue nombrado rey y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Mantuvo el cautiverio de su madre e intentó imponerle una serie de normas respecto al nulo interés que sentía en la práctica de la fe cristiana, preocupado por su piedad. Juana de Castilla moriría el 12 de abril de 1555 en Tordesillas, donde pasó encerrada casi toda su vida.

Lo más probable es que una vida de soledad y depresión nos dé las claves sobre un asunto que los historiadores siguen debatiendo hoy en día: ¿estaba loca realmente? No existe una sola teoría ni un acuerdo para dar respuesta a la verdadera situación mental de la tercera hija de los Reyes Católicos. Existe la posibilidad de que el desprecio con el que la trataron su padre y su marido y la prematura muerte del segundo afectaran a Juana, pero el tratamiento de encierro que se le dio durante cuarenta y seis años no era en absoluto el idóneo para situaciones de depresión, por lo que probablemente se trató de una decisión más influida por la política que por la salud.

CONTINÚA LEYENDO