¿De dónde viene la expresión 'dar la matraca'?

La matraca es un instrumento de percusión con un sonido característico muy molesto. La expresión 'dar la matraca' se usa para indicar que alguien es excesivamente pesado o repetitivo.

¿Cuántas veces, cuando uno es pequeño y está absorto en sus juegos infantiles, ha sido recriminado por el adulto de turno para que deje de hacer ruido y se comporte? ¿Cuántas veces uno se ve obligado a cortar al pesado de la fiesta para que no le vuelva a contar esa historia que nunca fue de su interés? Para este tipo de situaciones es para lo que se creó la expresión “dar la matraca”. Se trata, probablemente, de una de las expresiones populares o frases hechas más difundidas de la lengua española y sus variantes y que puede resultar útil en una gran variedad de situaciones. Pero ¿de dónde viene esta expresión?

Lo primero que hay que tener claro para comprender su origen es qué es exactamente una matraca. Se trata de un instrumento de percusión cuyo sonido es muy característico debido a su potencia, falta de armonía y lo molesto que resulta (incluso el diccionario de la Real Academia Española lo define como “ruido seco y desagradable”). Aunque existen muchas variantes de la misma, la matraca suele estar construida en madera y formada por un mango o asa para agarrarlo y una o dos mazas móviles que forman una especie de aspas y que producen el sonido cuando se giran con fuerza. Existen desde carracas de mano hasta otras de gran tamaño que se solían utilizarse en iglesias o catedrales.

La palabra ‘matraca’ proviene del árabe hispano ‘matraqa’ y este del árabe clásico ‘mitraqah’, que se puede traducir como “martillo”. Aunque existen pruebas del uso de instrumentos similares en la Antigua Roma o en China, se cree que la matraca fue introducida en la península Ibérica por los árabes durante los 700 años que ocuparon las actuales España y Portugal. Su uso acabó por aplicarse al mundo religioso y se convirtió en un elemento común, especialmente arraigado en Castilla y León, para llamar a maitines en los conventos. El sonido que provocan resulta muy notorio y, por ello, perfecto para esta misión.

Hoy en día sigue siendo común verlas (y escucharlas) en Semana Sana para anunciar los actos religiosos de Jueves Santo y Viernes Santo e incluso del Sábado de Gloria. Debido a que estos días se está conmemorando la muerte de Jesucristo, no está permitido hacer repicar las campanas y es costumbre que en las procesiones no haya orquestas ni bandas, por lo que la carraca sirve como sustituto de estas, principalmente del tambor.

Partiendo de esto, “dar la matraca” es una expresión equiparable a “dar la lata” o “dar la tabarra”. Se utiliza para indicar que alguien es excesivamente pesado, repetitivo, inoportuno o que insiste con impertinencia en un tema que resulta molesto para los demás participantes en la conversación. El Diccionario de la Real Academia Española también reconoce ‘matraquear’ y ‘matraqueo’ como la acción de hacer ruido con la matraca.

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