¿De dónde procede la palabra 'rocambolesco'?

Significa fantástico, extraordinario o exagerado y deriva de Rocambole, un personaje de la literatura popular del siglo XIX.

¿De dónde procede la palabra 'rocambolesco'?

Cuando decimos que un hecho, una aventura o un relato son rocambolescos, nos referimos a que son fantásticos e inverosímiles, tan extraordinarios y exagerados que resultan difícilmente creíbles. Pero ¿cuál es el origen de este adjetivo? La palabra proviene de Rocambole, nombre del protagonista de una colección de novelas de aventuras que se publicaron por entregas en varios diarios y revistas franceses entre los años 1857 y 1871, y que gozaron de enorme popularidad. Su autor era el aristócrata Pierre Alexis Ponson de Terrail, que fue muy prolífico como escritor: produjo nada menos que setenta y tres títulos a lo largo de tan sólo veinte años, y no únicamente de Rocambole; también escribió novelas góticas.

No obstante, su personaje más famoso fue Rocambole. Éste comenzó siendo un pícaro ladrón de guante blanco que vivía un sinfín de peripecias, a cual más fantasiosa, en cada libro; de hecho, los críticos descalificaron estos como excesivamente artificiales. Pero las novelas, que formaban parte de ciclos o seriales –el primero en publicarse fue Los dramas de París (1857-1858)–, hacían las delicias de los lectores, que aguardaban con impaciencia cada entrega de un nuevo capítulo. Gradualmente, el escritor fue alejando a Rocambole de la delincuencia hasta convertirlo en un simpático justiciero, una especie de Tintín o superhéroe decimonónico. Y de ahí surgió el adjetivo rocambolesque (rocambolesco).

Tras el fallecimiento de Ponson de Terrail en 1871, el gran éxito de Rocambole hizo que el personaje tuviera continuidad en manos de diferentes autores: Constant Gueroult, Jules Cardoze, Frédéric Valade, Michel Honaker, Leite Bastos... Asimismo, ha sido llevado al cine –la primera vez, en 1914, y la última, en 2016– y a la televisión, y no sólo en Europa (en México, por ejemplo, sus películas fueron muy famosas). Sus rasgos y su carácter anticiparon los de otros héroes de ficción posteriores, como Arsenio Lupin, Fantomas o Simon Templar, El Santo.

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