¿Cómo vivió el resto del mundo la caída del Muro de Berlín?

La caída del Muro de Berlín en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 fue recibida como un hecho histórico por la prensa de todo el mundo.

El Muro de Berlín fue, durante décadas, escenario de la tensión que existía entre Estados Unidos y la URSS durante la Guerra Fría. Su importancia y lo particular de la situación hicieron que llamase la atención de todo el mundo y que medios internacionales se trasladasen a Berlín para cubrir todo lo que pasaba allí. Cuando la noche del 9 de noviembre de 1989 el Muro comenzó a caer, el entusiasmo de los berlineses se extendió al resto del mundo.

Lo cierto es que los acontecimientos en Berlín se precipitaron de forma extremadamente rápida y desordenada. Al tiempo que se creaban los primeros accesos derribando fragmentos del muro, las propias autoridades alemanas informaban a la población de que las fronteras quedarían permanentemente abiertas a partir del día siguiente. Los berlineses de ambos sectores comenzaron a agruparse en torno al muro, poniendo a prueba las promesas de libertad subiéndose a él o atacándolo con martillos y picos ante la indecisa mirada de soldados que se vieron superados y acabaron por retirarse ante el imparable avance de un pueblo que recuperaba su libertad.

Los ciudadanos estaban entusiasmados y su celebración y alegría no hizo más que aumentar cuando Günter Schabowski, miembro del Partido Socialista Unificado de Alemania, anunció en rueda de prensa que la frontera quedaba abierta desde ese mismo momento. Los pasos fronterizos se llenaron de gente que recogía la documentación de inmediato y, en algunos casos sin siquiera rellenarla, se la sellaban y cruzaban al otro lado. Las principales cadenas de televisión el mundo estaban allí y sus cámaras captaron escenas de júbilo y fraternidad. Los berlineses del este cantaban, gritaban y se abrazaban con los del oeste sin importar si se conocían o no, pues celebraban como un solo ser el momento que llevaban esperando desde hacía décadas.

Los enviados especiales y corresponsales de grandes cadenas televisivas como Televisión Española, BBC, CBC o la NBC y los principales periódicos tenían por fin su bombazo informativo. El primer paso en la caída del Muro de Berlín y la celebración de la población alemana fueron ampliamente cubiertos por numerosos medios internacionales y el entusiasmo que allí se vivía llegó a las casas de medio mundo. Durante las siguientes semanas, decenas de informativos, periódicos, programas de radio y revistas abrieron su programación o llevaron en portada la noticia de la caída del Muro.

 

¿Cómo se lo tomaron en Estados Unidos y la URSS?

Sin embargo, la respuesta más esperada por todos era la de los dos grandes contendientes de la Guerra Fría: Estados Unidos y la Unión Soviética.

El entonces presidente estadounidense George Bush padre dio una rueda de prensa en el Despacho Oval a la mañana siguiente. Allí, para sorpresa de los periodistas asistentes, el líder del bloque capitalista se mostró cauto y no demasiado entusiasmado con la noticia, a pesar de que él mismo había exigido el desmantelamiento del muro en varias ocasiones.  Bush llegó a afirmar, como recoge el noticiario de la CBC, que no pensaba que “ningún acontecimiento fuese el fin definitivo del telón de acero” aunque reconocía que se trataba de un avance respecto a los días más duros del telón. Bush manifestó su sorpresa por lo rápido que había sucedido todo y no quiso adelantar nada ni intentar predecir el camino que tomaría la historia o la repercusión de este hecho.

Por su parte, la Unión Soviética se mantuvo en silencio varias horas sin que ningún cargo del gobierno hiciera declaraciones al respecto. Los corresponsales de medios soviéticos que trabajaban en Berlín hicieron llegar la noticia a los países del bloque soviético. Viacheslav Mostovoi, que vivió la caída como corresponsal de la televisión soviética, afirma en una entrevista de AFP que en la Unión Soviética “no estaban asustados sino felices” debido a que los aires de libertad proyectados por la perestroika y la glásnot sumados a la caída del Muro de Berlín les hizo creer que el cambio era posible y que estaba más cerca de lo que parecía.

En su momento, y aún hoy en día, se ha especulado sobre el papel de Mijail Gorbachov en el desmantelamiento del muro. Según declaraciones a Euronews de Igor Maksimychev, embajador soviético en Berlín en 1989, el gobierno soviético no tuvo nada que ver con la caída del muro sino que todo fue orquestado y llevado a cabo por los alemanes. Maksimychev afirma que el muro era un dilema para Gorbachov y que cuando se enteró de su caída estaba realmente contento, pues se había solucionado sin que él tuviera que intervenir.

 

¿Y ahora qué?

La euforia de ese primer momento fue seguida de la gran pregunta: ¿qué pasaría ahora en Alemania? La mayor parte de la población ya hablaba con entusiasmo de una reunificación de las dos Alemanias pero ni los gobiernos ni los medios de comunicación (ni siquiera los alemanes) eran capaces de intuir lo que supondría para ambos estados. Como recoge la historiadora Gema Martínez de Espronceda, “la prensa se acomodó a la cadencia que marcaron los políticos” y estos eran perfectamente conscientes de los peligros de especular sobre una posible reunificación a corto plazo.

Aunque la mayoría de editoriales y programas informativos advertían contra las ilusiones excesivas y los pasos precipitados, la unificación de Alemania llegó tan solo once meses después de la caída del muro.

La prensa no tuvo tiempo de disimular su error y no era la primera vez que se producía una situación similar. En España, en 1977, la elección de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno fue recibida como un paso atrás en el ansiado camino de la dictadura a la democracia por la prensa, tanto la progresista como la más conservadora. Los periódicos de prestigio como El País se llenaron de titulares del tipo ‘¡Qué error, qué inmenso error!’ pero resultó que ese político de segunda fila al que muchos consideraban demasiado ligado al antiguo régimen franquista y sus valores se convirtió en una de las piezas clave que llevaron a España hacia la Transición y la democracia.

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