Cómo son los dioses de la mitología nórdica

La mitología nórdica y germánica está poblada por deidades tan complejas y singulares como las del Olimpo grecolatino.

El dios nórdico Odín

La mitología germánica y nórdica se bifurca en una rica historia de leyendas y aventuras protagonizadas por multitud de dioses, como Odín, Thor, Freyr y Loki, y diosas, como Freyja, Frigga (la esposa de Odín), Gefión o Iduna. La personalidad de todos ellos es compleja y no siempre edificante.

Odín, denominado “el padre de todos”, se caracteriza por su sabiduría, para conseguir la cual tuvo que hacer un gran sacrificio: cedió su ojo izquierdo a petición del gigante Mimir, que custodiaba el pozo de la sabiduría en las raíces del árbol Yggdrasil y que solo así le permitió beber de aquellas mágicas aguas que le otorgaron toda la sapiencia. Odín es presentado a menudo participando en duelos de conocimiento con otros personajes, muchas veces humanos a los que visita en Midgard. Hasta ellos llega ocultándose siempre bajo un disfraz característico: se presenta como un anciano vagabundo de larga barba blanca que viste con una gran túnica azul y un enorme sombrero, su atuendo para estas ocasiones. Esta pasión por el conocimiento no estaba exenta de ser ambivalente, ya que se le presenta asimismo como un experto en trampas y engaños.

Una función esencial de Odín era la guerra. La comenzaba arrojando su infalible lanza Gungnir e intentaba decantar su resultado siempre a favor de los nórdicos. Era capaz de irrumpir en batalla acompañado por sus dos inseparables cuervos, Hugin y Munin (que significan Pensamiento y Memoria), los cuales recogían informaciones para él. Se le juzgaba capaz de decidir la victoria y también de distinguir a quienes habían sido más valientes en combate. A estos los adoptaba y eran llevados por las valquirias –las bellas deidades femeninas servidoras del dios– hasta el Valhalla, donde participaban en un banquete eterno junto a Odín.

Thor, Freyr, Loki y Freyja

Thor, hijo de Odín, era su mano derecha y un dios protector con los humanos, siendo especialmente venerado por los agricultores, ya que se le consideraba el señor del clima. El atributo principal de Thor era su martillo Miölnir, que al ser golpeado provocaba chispas como rayos.

Freyr es el dios de los vanes que mayor protagonismo tiene en la mitología nórdica. Se le consideraba dios de la fertilidad y también estaba muy asociado a la paz, algo característico de los vanes. Una de las principales leyendas de esta tradición le tiene precisamente a él como protagonista: se trata de la que narra de qué forma Freyr sacrifica una de sus mayores posesiones, una espada mágica que tiene vida propia, entregándosela a un servidor, Skirnir, a cambio del amor de una gigante, Gerda. Freyr conseguirá así tener a su amada, pero la pérdida de la espada tendrá funestas consecuencias para él y para los dioses en la batalla final contra el mal, como veremos más adelante.

Otros dioses importantes eran Heimdall (vigilante de la morada divina de Asgard) y Tyr, un valiente hijo de gigantes que sacrifica su mano derecha para lograr encadenar al lobo Fenrir, gran amenaza para los dioses.    

Pero en este elenco celestial había sitio también para dioses menos heroicos. El principal de ellos es Loki, un personaje astuto y taimado, cuyas añagazas acaban creando siempre problemas a las principales deidades. Loki es un personaje que a veces resultará de gran ayuda para los dioses, pero que también parecerá simpatizar más con el mal que con el bien, por lo que nunca se podrá confiar en él del todo. Es, sin duda, uno de los personajes más singulares y complejos en ese rol de necesario antagonista de la mayoría de los dioses.

Entre las diosas, la principal era Freyja, del clan de los vanes y hermana de Freyr. Era la deidad más invocada para obtener suerte en el amor, así como fertilidad, a pesar de que algunas de estas potencialidades también las llevaba aparejadas Frigga, la esposa de Odín.

Tras este rico y entretenido universo legendario, vamos a encontrarnos siempre en la mitología nórdica con una compleja explicación del mundo y, en particular, del tema del bien y del mal, cuya convivencia es el asunto que, en el fondo, pretenden explicar las leyendas de estos pueblos. Muchas de las figuras mitológicas no son sino fenomenales metáforas para tratar este asunto.

 

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