Todas las constituciones que ha habido en España

Desde la proclamación de la Pepa en 1812, España ha tenido un Mandato Real, siete constituciones diferentes y dos proyectos que no salieron adelante.

La constitución es la norma fundamental de cualquier país. Un conjunto de derechos, deberes y principios que definen el funcionamiento y el devenir de la nación. Además de una parte que podríamos considerar más aplicada, todas ellas cuentan con un elemento abstracto, casi utópico, en el que vemos lo que ese país quiere llegar a ser y los valores que defiende. Se considera que la primera constitución de la historia fue la Carta Magna, un documento  que el rey Juan Sin Tierra se vio obligado a firmar en 1215 para rebajar las tensiones y calmar a la nobleza anglosajona.

Hay países que cuentan con un único texto constitucional como Estados Unidos, que tuvo la primera constitución moderna de la historia (1787) y que se mantiene vigente desde entonces con pequeñas modificaciones o añadidos en forma de nuevas enmiendas. Otros casos, sin embargo, vieron cómo su carta magna iba cambiando según el momento y la situación para amoldarse a los nuevos vientos que entonces soplaran en el país. Eso es precisamente lo que ocurrió en España, país que carga a la espalda con siete constituciones  aprobadas, un mandato real que actuaba casi como tal y dos proyectos que se quedaron en el camino.

Nos disponemos a resumir las distintas constituciones que tuvo el país ibérico, sus rasgos más característicos y el contexto en el que surgieron.

 

Constitución de 1812

La primera constitución de la historia de España apareció en un momento tan particular como lo fue la Guerra de Independencia contra la invasión napoleónica. En ella se intentaba llegar a un clima de convivencia entre liberales y absolutistas y se demostraba la confianza que las Cortes de Cádiz tenían en la figura de Fernando VII para que liderase un nuevo sistema constitucional con el que quedaran atrás los tiempos del Antiguo Régimen sin perder de vista el poder del monarca. Conceptos como el sufragio masculino, la separación de poderes o la libertad de prensa y pensamiento eran ideas realmente avanzadas para el momento.

A su regreso de Francia, Fernando VII derogó la Pepay solo volvió a estar vigente entre 1820 y 1823, tiempo en el que la tuvo que aceptar temiendo ser depuesto de forma permanente y que terminó con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis.

 

Estatuto Real de 1834

Técnicamente no es una Constitución sino una carta otorgada por la reina regente María Cristina de Borbón, pero en la práctica se convirtió en la ley fundamental del país durante tres años. El documento apareció tras la muerte de Fernando VII en septiembre de 1833 y debido a la necesidad que tenía la Corona de hacer una reforma institucional que, sin volver a la Constitución de 1812, intentara aunar a las fuerzas liberales y buscara un clima moderado en el que poder trabajar para resolver los problemas del país (principalmente la guerra contra los carlistas). En el Estatuto Real de 1834, un texto considerablemente corto, la reina regente cedía parte de sus poderes y responsabilidades a las Cortes y al Consejo de Ministros y se establecía el sistema bicameral, así como la posible colaboración entre los distintos poderes.

Una de las mayores carencias de este documento es que no poseía una declaración de derechos del ciudadano. La división de los liberales, cada vez más poderosos en el país, entre progresistas y conservadores acabó suponiendo la desaparición del Mandato Real y la creación de una nueva constitución.

 

Constitución de 1837

La Constitución aprobada en 1837 supuso la instauración definitiva del régimen parlamentario y el abandono del absolutismo. Tomaba como base el texto de la Pepa pero suavizaba algunos de los aspectos más progresistas con el fin de contentar a los sectores moderados y mantener cierta concordia en el mundo parlamentario. Se mantenía así la existencia de una Cámara Alta (en Cádiz se defendió el unicameralismo),  se adelantaba el principio de la soberanía nacional del artículo tercero al Preámbulo ­y se recogía una declaración de derechos y libertades individuales. Como contraparte, el documento otorgaba considerables poderes a la Corona y remarcaba su inviolabilidad.

La del 37 fue una constitución que intentó abrir un camino hacia el nuevo orden parlamentario en el que moderados, progresistas y conservadores pudieran encontrar su hueco. Como se vio entonces, todo quedó en buenas intenciones y deseos incumplidos.

 

Constitución de 1845

En 1840 cayó la regencia de María Cristina y, en 1843, la de Baldomero Espartero. Isabel II fue declarada mayor de edad antes de tiempo y pudo ocupar su lugar en el trono, confiando en los sectores moderados para crear una nueva constitución que terminó siendo considerablemente más conservadora que las anteriores. En el documento de 1845 se restringía el sufragio a una élite adinerada, la soberanía nacional ya no residía en el pueblo español sino en la Corona y en las Cortes y devolvía parte del poder perdido a la reina, que de nuevo podía volcarlo en sus ministros.

La Constitución de 1845 marcó una tendencia que se prolongaría durante todo el siglo XIX y que haría que la inestabilidad política en el país se acrecentara. En lugar de buscar la aprobación de un texto consensuado y aceptado por distintas ideologías, se tendió a constituciones más cercanas a los extremos que eran rechazadas por parte del espectro político y que por lo tanto, al haber un cambio de poder, suponía una derogación automática de esa constitución y la aprobación de otra de signo opuesto.

 

Constitución non nata de 1856

En 1854, cansado del giro ultraconservador que había tomado el gobierno, Leopoldo O’Donell llevó a cabo un levantamiento militar seguido por una insurrección popular generalizada conocida como la Vicalvarada. Espartero, figura clave de los liberales progresistas, subió al poder y convocó elecciones a Cortes Constituyentes para acabar así con la Constitución de 1845. El documento debería haber sido aprobado en 1856 pero antes de que esto sucediera, el mismo O’Donell depuso a Espartero y ocupó su lugar, restaurando la Carta de 1845 con algún breve añadido.

 

Constitución de 1869

Esta constitución es hija de la Revolución Gloriosa de 1868 que derrocó a Isabel II del trono y de las ansias de verdadero cambio en la población. Tomaba elementos de algunas constituciones europeas o de la estadounidense y se convertía en el texto más cercano a la democracia que había existido hasta entonces en el país, destacándose la aplicación real del sufragio universal (masculino) y la reducción del poder que podía ostentar el rey. Con todo, esta constitución no terminó de funcionar ni llegó a contentar a ningún sector de la política española que la veían o escasa o excesiva. El clima de crispación y la inestabilidad de la época (reinado de Amadeo I de Saboya, Primera República, guerra colonial con Cuba, problema cantonalista, guerras civiles) hicieron que tanto la constitución como el sistema en el que había surgido acabaran cayendo.

 

Proyecto de Constitución Federal de 1873

Se trata de un proyecto llevado a cabo durante la inestable y corta Primera República Española por el que se pretendía organizar la estructura territorial en un modelo federal con mayor independencia de los estados y una nueva relación entre estos y el gobierno central. Tomaba muchos principios e ideas de la Constitución de 1787 de los Estados Unidos y mantenía los derechos y libertades de la Carta Magna de 1869, ahondando en aspectos como la libertad religiosa.

El proyecto encontró muchos problemas en las Cortes, siendo discutido y rechazado por todas las partes implicadas y coincidiendo además su debate con el levantamiento de los cantones, que fue considerado un asunto mucho más urgente. Su aprobación se aplazó y finalmente se paralizó definitivamente.

 

Constitución de 1876

Al fracaso que supuso la Primera República le siguió una etapa conocida como la Restauración, el regreso de la monarquía a España en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II. El nuevo texto fue redactado por Antonio Cánovas del Castillo y volvía a traer un giro hacia el conservadurismo sacando muchos de sus elementos de la Constitución de 1845 pero estableciendo las herramientas necesarias para un nuevo sistema: el turnismo. La idea era que este documento constitucional fuera lo bastante flexible como para soportar la alternancia de los dos principales partidos del gobierno, que eran llamados por orden del rey cuando sus predecesores acababan desgastados por la situación y cuya principal finalidad era el mantenimiento del sistema monárquico constitucional. Es la época del pucherazo y la manipulación política.

La Constitución de 1876 estuvo vigente 47 años, siendo la más longeva de la historia de España, y desapareciendo tras el golpe de Estado promovido por Miguel Primo de Rivera en 1923.

 

Constitución de 1931

La caída del régimen de Primo de Rivera fue seguida por un brevísimo intento de volver al sistema turnista de la Restauración que ni la población ni los políticos aceptaron. Alfonso XIII abandonó España y se abrió para el país una nueva oportunidad de poner a prueba el republicanismo. En las Cortes Constituyentes hubo cierto equilibrio entre izquierda y derecha que, sin embargo, dio como resultado un texto constitucional verdaderamente revolucionario tanto en España como en el resto de Europa. La Constitución de 1931 reconocía por primera vez el sufragio universal verdadero (masculino y femenino), el derecho a la autonomía de las distintas regiones del país y la libertad religiosa sin ningún tipo de preferencia hacia el catolicismo, cosa que sí habían hecho otras anteriores.

Los enfrentamientos y la crispación, tanto política como social, de la Segunda República acabarían desembocando en una guerra civil y una dictadura militar de más de treinta años en la que España careció de Constitución. Muchos de los principios y aspectos defendidos en el texto de 1931 se popularizaron a lo largo del siglo XX en otros países, se mantuvieron en la Constitución de 1978 y actualmente son considerados elementos fundamentales de cualquier democracia de derecho.

 

Constitución de 1978

El dictador Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975. Empezaba así la Transición, un periodo de cambio en el que el régimen debía desmontarse desde dentro y prepararse así el escenario para la llegada de una democracia real a España. La Constitución de 1978 fue el resultado de ese espíritu de consenso y cambio promovido durante la Transición, realizada por representantes de distintos partidos y en el que se devolvían las libertades de las que los españoles habían carecido durante años, se establecía el sistema de autonomías y se esgrimía la pluralidad política como una garantía básica. Nacía así una monarquía constitucional en la que la soberanía reside en el pueblo español y que ponía al país en igualdad de condiciones que sus vecinos europeos.

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