Sor Patrocinio, la monja de la corte isabelina

Esta devota, llamada sor Patrocinio desde su toma de hábitos, se convirtió en uno de los personajes más influyentes de la vida política en época de Isabel II.

Existen muchos tipos de historias. Unas están a la luz del día, son las “versiones oficiales” de lo ocurrido conocidas por una mayoría y presentes en los libros de texto. Otras, sin embargo, permanecen ocultas en las sombras y muestran esas intrigas y secretos que resultan tan difíciles de demostrar. En la historia de las sombras es donde residen los personajes que las manejaban, los titiriteros que influyeron en el devenir de los países siguiendo sus propios intereses o los de otros. Es esta imagen tan chinesca la que se conserva de sor Patrocinio, probablemente la monja más poderosa de la España isabelina.

Nacida María Josefa Dolores de las Angustias de Quiroga en 1811, tuvo una infancia relativamente complicada teniendo en cuenta que venía de una familia adinerada. Con 15 años se le fue impuesto un matrimonio de conveniencia que María Josefa rechazó para ingresar en el convento de las Comendadoras de Santiago en Madrid para, más tarde, hacerlo en el convento de las Concepcionistas del Caballero de Gracia. Alrededor de 1830 sor Patrocinio empieza a ser protagonista de algunos episodios místicos que le otorgan una considerable fama, como una serie de llagas en el costado izquierdo o apariciones y conversaciones con Cristo. Estos sucesos hacen que so Patrocinio ganó popularidad hasta el punto de que el pueblo de Madrid se agolpaba a las puertas del convento.  Miembros de la Guardia Real promovieron que sor Patrocinio fuese juzgada y condenada por fanatismo religioso e hicieron que se marchara al convento de las Concepcionistas de Talavera de la Reina, periodo en el que escribió El libro de oro.

El regreso de sor Patrocinio a la vida pública se produjo en 1844, cuando volvió al convento de la Latina de Madrid y es visitada por la mismísima reina Isabel II, atraída por la fama que tenía la monja. Se dice que, prácticamente desde ese primer momento, ambas mujeres vivieron una amistad completa y sincera y que sor Patrocinio contaba con la confianza absoluta de la reina. La devota representaba no solo las férreas creencias religiosas de Isabel II y su marido Francisco de Asís, sino también las ideas más ultraconservadoras de la época que fueron colándose poco a poco en la agenda política y levantaron recelos y odios contra su persona. Se llegó a atentar contra ella en dos ocasiones y se le acusó de ser cómplice del atentado que el cura Merino orquestó para acabar con Isabel II.

Presente tanto en España como en Francia, la influencia que sor Patrocinio tuvo en la reina la ha convertido en un personaje relevante y curioso a partes iguales del siglo XIX español.

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