¿Sigue viva Anastasia Romanov?

La familia del último zar ruso fue asesinada a manos de los bolcheviques en julio de 1918, pero la leyenda ha envuelto a Anastasia Romanov hasta hace pocos años: ¿sobrevivió realmente la duquesa?

 

El final de la época de los zares en Rusia y el inicio de la época comunista están marcados por sangre, lucha y misterio, y es por ello que la historia de la gran duquesa Anastasia Romanov suscita un gran interés.

El 17 de julio de 1918 la familia de los Romanov fue asesinada a manos de unos revolucionarios bolcheviques. Aquella noche murieron todos los miembros de la familia real pero, según cuentan algunas leyendas, la joven Anastasia habría sobrevivido. Puesto que no se encontró su cuerpo hasta mucho tiempo más tarde, los rumores siguieron vivos con el paso de los años. ¿Qué sucedió realmente?

El fin de los zares rusos

Los últimos zares de Rusia fueron Nicolás II y Alejandra.  Tuvieron cinco hijos: Olga, Tatiana, María, Anastasia y el pequeño Alexei, que nació el último, en 1904. En febrero de 1917 estalló la revolución rusa y el zar Nicolás se vio forzado a abdicar. Aleksandr Kerenski, presidente del gobierno provisional antes del ascenso de Lenin, exilió, por su seguridad, a la familia real a Tobolsk (Siberia), donde estos gozaron de cierta libertad. Pero en  octubre de 1917 cayó el gobierno del pro-zarista Kerenski y el destino de la familia real quedó en manos de los soviéticos.

En mayo de 1918 la princesa Anastasia y dos de sus hermanos se trasladaron a Ekaterimburgo, donde las esperaban sus padres y hermanos. Fueron llevados a casa de un hombre de negocios local, donde les fueron retiradas parte de sus pertenencias. Más tarde, los bolcheviques pusieron a cargo de la familia real a Yakov Yurovsky, quien posteriormente sería el estratega del asesinato.

La gran duquesa Anastasia, de carácter amable y alegre, no perdió las ganas de ser feliz, y se encargaba de que su familia pasase grandes ratos entre carcajadas, según cuentan las memorias de uno de los habitantes de la casa en la que se alojaban.

La situación del país era inestable: desde la toma de poder bolchevique Rusia se vio sumida en una guerra civil y los revolucionarios no estaban dispuestos a que los zares volviesen, a pesar de las negociaciones y financiación por parte de otras casas reales europeas. El ejército rojo auguraba la caída de Ekaterimburgo en manos del ejército blanco, por lo que adelantaron sus planes de asesinato.

En la madrugada del 17 de julio de 1918 la familia real fue despertada con la excusa de un nuevo traslado para preservar su seguridad. Yurovsky, seguidor acérrimo del ideario socialista, estaba convencido de que los Romanov debían morir, pues eran el símbolo supremo de la autocracia. Ordenó a la familia que se trasladaran al sótano de la vivienda junto con cuatro de sus sirvientes.

Tras leer una declaración de ejecución, los verdugos de Yurovsky dispararon a quemarropa  y asesinaron a todos los miembros de la familia. Fueron veinte minutos de disparos, humo y puñaladas tras los que nadie sobrevivió. Las muertes no se confirmaron hasta varios años después, lo que hizo dudar de si en aquella masacre habían fallecido realmente todos los miembros de los Romanov.

La leyenda en torno a la supervivencia de Anastasia

El cuerpo de Anastasia no se encontró hasta 1991 y su muerte se confirmó en 2007, de forma que se extendieron los rumores sobre su supervivencia. También surgieron diversas  impostoras que aseguraban ser la duquesa Romanov. La más famosa fue Anna Anderson, quien en 1922 afirmó ser la gran duquesa, asegurando que sobrevivió al ataque y que un guarda la ayudó a escapar. Posteriormente se demostraría que Anderson en realidad era una ciudadana polaca desaparecida en 1920.

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