Ravensbrück, el campo de concentración para mujeres

Estuvo operativo desde 1939 hasta 1945 y sus ocupantes tenían en común ser mujeres y “enemigas” de la Alemania nazi.

El campo de concentración de Ravensbrück fue, hasta prácticamente los años 80, un lugar desconocido para la sociedad occidental. Comenzó a funcionar en 1939, apenas unos meses antes de que Alemania invadiera Polonia y estallara la guerra, y su principal rasgo distintivo es que por el horror que supuso solo pasaron mujeres. Se estima que, hasta que fue liberado por los soviéticos en 1945, hubo alrededor de 250.000 prisioneras.

Estaba situado al norte de Berlín, en unos terrenos propiedad de Heinrich Himmler y junto a una fábrica armamentística de Siemens en la que las prisioneras eran obligadas a trabajar. Se trataba de un campo de tamaño reducido y cuya capacidad se vio ampliamente superada casi desde el principio de la guerra. Sus primeras prisioneras eran disidentes y opositoras a Hitler y el régimen nazi, además de aquellas que eran excluidas de la sociedad por las SS como prostitutas o mujeres de etnia gitana. Con el paso del tiempo, Ravensbrück recibiría a personas de todo tipo (comunistas, prisioneras de guerra, judías, polacas…) con el único rasgo común de que todas eran mujeres.

Como acabaría por convertirse en la práctica habitual de los campos de concentración nazis, las prisioneras eran maltratadas y vejadas de forma constante, obligándolas a vivir en condiciones infrahumanas dentro de barracones saturados y obligándolas a trabajos forzados que las llevaban a morir de agotamiento. Los médicos del campo las utilizaron como sujetos de investigación para sus experimentos clínicos que incluían la infección premeditada de heridas o roturas de hueso para probar medicamentos, el trasplante de huesos de una mujer a otra o la esterilización bajo la falsa promesa de libertad.

En abril de 1945 tuvo lugar la marcha de la muerte de Ravensbrück huyendo de los soviéticos. Muchas de las que participaron murieron en la travesía y muchas de las que se quedaron atrás fueron violadas por los soldados del Ejército Rojo. Aunque se juzgó a los responsables, Ravensbrück fue considerado un campo de trabajo por lo que quedó en un segundo plano. Además, tras la Segunda Guerra Mundial, el campo estaba en la República Democrática Alemana (RDA) por lo que fue terreno vedado para historiadores ajenos al bloque soviético. El paso del tiempo dio lugar a los primeros testimonios de supervivientes e intentos de dar a conocer lo ocurrido en Ravensbrück, aunque se siguió soportando un desprecio por parte de muchos sectores que no terminaban de creer las historias contadas o intentaban quitarles importancia.

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