Miguel Hernández, el poeta de la guerra

El poeta alicantino dedicó su vida y su obra a la defensa de causas sociales y de las clases bajas. Murió en prisión en 1942.

El poeta y dramaturgo español Miguel Hernández nació en Orihuela, Alicante, el 30 de octubre de 1910. Hijo de un criador y pastor de ganado y un ama de casa, Miguel Hernández pasó su infancia entre juegos y aprendiendo el oficio del pastoreo de la mano de su hermano Vicente. Comenzó sus estudios con 9 años pero la mala situación económica de su familia hizo que tuviera que abandonar la escuela, donde obtenía excelentes calificaciones, y ponerse a trabajar con su padre. Miguel realizaba, junto a su amigo Ramón Sijé, interpretaciones teatrales y visitaba la biblioteca de Orihuela donde conoció a los grandes autores clásicos.

Comenzó su carrera literaria en publicaciones locales como El día de Alicante y en 1931 viaja a Madrid por primera vez y comienza a introducirse en el ambiente intelectual de la ciudad. Su obra se ve fuertemente influida tanto por autores clásicos como Garcilaso de la Vega o San Juan de la Cruz como por los contemporáneos que conoce en la capital española. Sus primeros años en Madrid los pasa trabajando como redactor para el diccionario taurino El Cossío y colaborando con las Misiones pedagógicas de Alejandro Casona. Algunas de las revistas poéticas más importantes del momento serían donde Miguel Hernández publicó por primera vez El silbido vulnerado (1934) o El rayo que no cesa (1936).

Abiertamente comunista, se alista en el ejército republicano durante la Guerra Civil Española y lucha contra los sublevados con sus versos tanto como con su fusil. El Gobierno de la Segunda República le convirtió en embajador de su causa y ‘altavoz del frente’ en Andalucía. Participó en el II Congreso Internacional de Intelectuales en Defensa de la Cultura y fue enviado a la URSS como parte de la delegación española. Incluido en la llamada Generación del 36, la poesía de Miguel Hernández sufrió una profunda transformación con el estallido de la guerra ya que volcó toda su creatividad en defender a la Segunda República, sus ideales comunistas y la revolución proletaria y campesina. Los mejores ejemplos de este hecho son sus obras Viento del pueblo y El hombre acecha.

Con la derrota republicana, Miguel Hernández intentó salir del país pero fue arrestado por la Guardia Civil en la frontera portuguesa. Se le envió a la cárcel de Torrijos, en Madrid, y es allí donde Miguel Hernández escribiría uno de sus poemas más íntimos y conmovedores: Nanas de la cebolla, dedicado a su hijo Manuel Miguel. El poeta fue condenado a pena de muerte, pero se le conmutó por 30 años de prisión y acabó con sus huesos en la cárcel de Alicante. En 1942, Miguel Hernández moriría de tuberculosis.

El poeta y dramaturgo español Miguel Hernández nació en Orihuela, Alicante, el 30 de octubre de 1910. Hijo de un criador y pastor de ganado y un ama de casa, Miguel Hernández pasó su infancia entre juegos y aprendiendo el oficio del pastoreo de la mano de su hermano Vicente. Comenzó sus estudios con 9 años pero la mala situación económica de su familia hizo que tuviera que abandonar la escuela, donde obtenía excelentes calificaciones, y ponerse a trabajar con su padre. Miguel realizaba, junto a su amigo Ramón Sijé, interpretaciones teatrales y visitaba la biblioteca de Orihuela donde conoció a los grandes autores clásicos.
Comenzó su carrera literaria en publicaciones locales como El día de Alicante y en 1931 viaja a Madrid por primera vez y comienza a introducirse en el ambiente intelectual de la ciudad. Su obra se ve fuertemente influida tanto por autores clásicos como Garcilaso de la Vega o San Juan de la Cruz como por los contemporáneos que conoce en la capital española. Sus primeros años en Madrid los pasa trabajando como redactor para el diccionario taurino El Cossío y colaborando con las Misiones pedagógicas de Alejandro Casona. Algunas de las revistas poéticas más importantes del momento serían donde Miguel Hernández publicó por primera vez El silbido vulnerado (1934) o El rayo que no cesa (1936).
Abiertamente comunista, se alista en el ejército republicano durante la Guerra Civil Española y lucha contra los sublevados con sus versos tanto como con su fusil. El Gobierno de la Segunda República le convirtió en embajador de su causa y ‘altavoz del frente’ en Andalucía. Participó en el II Congreso Internacional de Intelectuales en Defensa de la Cultura y fue enviado a la URSS como parte de la delegación española. Incluido en la llamada Generación del 36, la poesía de Miguel Hernández sufrió una profunda transformación con el estallido de la guerra ya que volcó toda su creatividad en defender a la Segunda República, sus ideales comunistas y la revolución proletaria y campesina. Los mejores ejemplos de este hecho son sus obras Viento del pueblo y El hombre acecha.
Con la derrota republicana, Miguel Hernández intentó salir del país pero fue arrestado por la Guardia Civil en la frontera portuguesa. Se le envió a la cárcel de Torrijos, en Madrid, y es allí donde Miguel Hernández escribiría uno de sus poemas más íntimos y conmovedores: Nanas de la cebolla, dedicado a su hijo Manuel Miguel. El poeta fue condenado a pena de muerte, pero se le conmutó por 30 años de prisión y acabó con sus huesos en la cárcel de Alicante. En 1942, Miguel Hernández moriría de tuberculosis.

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