Metropolitan Opera House o cómo dar la nota

El conocido centro operístico de la Gran Manzana abrió sus puertas el 22 de octubre de 1883 por la iniciativa de unos melómanos hombres de negocios.

 

Decía Montserrat Caballé que "si no puedo cantar, tengo la impresión de que ya no existo", y hay que reconocerle que vivió su pasión hasta el último momento. El canto es ese arte que coge el potencial de la voz humana, llena de matices y quiebros imprevistos, y lo eleva a un nuevo plano superior. Si a una potencia frágil como lo era la voz de esta cantante lírica se le añade el milimétrico trabajo de una orquesta en directo, grandes decorados que consiguen introducir al espectador en la historia y la genialidad de nombres como Mozart, Verdi o Wagner, resulta casi lógico pensar por qué la ópera lleva tantos años siendo uno de los gigantes de la cultura.

Aunque fue en la Ópera de Palermo donde Michael Corleone sostuvo el cuerpo sin vida de su hija Mary en ‘El Padrino III’, la Metropolitan Opera House de Nueva York es uno de esos centros culturales que cualquiera debería contemplar una vez en la vida, y no hablemos ya de poder disfrutar de una obra en su interior. El edificio original surgió del capricho de un grupo de hombres de negocios que querían su propio teatro operístico y su proyecto vio la luz el 22 de octubre de 1883, entre Broadway y la calle 39.

Los primeros años resultaron un poco caóticos y la institución cambió de rumbo en varias ocasiones. Por ejemplo, empezó interpretando todas sus obras en italiano y luego se pasó al alemán, para acabar por decidir que las obras se interpretarían en su idioma original salvo excepciones justificadas. Desde el principio, el Met había colaborado con otras instituciones del mundo de las artes escénicas y fue así como acabó por formar el Lincoln Center para las Artes Escénicas. Bajo este manto se construyó un nuevo edificio para la Metropolitan Opera House, inaugurado en septiembre de 1966 y contando con las mejores instalaciones y las últimas tecnologías.

En ese escenario se han interpretado algunas de las obras más conocidas de la historia de la ópera: ‘Faust’, ‘Antonio y Cleopatra’, ‘Rigoletto’ o ‘El anillo del Nibelungo’. Desde Enrico Caruso a Luciano Pavarotti o la ya mencionada Montserrat Caballé, cientos de nombres de grandísimos cantantes han levantado al público del Met entre ovaciones, confirmando a la institución como uno de los centros operísticos clave a nivel mundial tanto por su pasado como por su espléndido futuro.