Los últimos días de Juan Pablo II

En 2020 se cumplen 15 años del fallecimiento de Juan Pablo II, cuyos últimos momentos estuvieron marcados por el deterioro de sus capacidades debido al párkinson que padecía desde 1992.

Karol Józef Wojtyła fue elegido para ser el 264 sucesor de san Pedro bajo el nombre de Juan Pablo II. Ascendió a la cabeza del Vaticano y de la Iglesia Católica el 16 de octubre de 1978, tras la prematurísima muerte de Juan Pablo I, y lo hizo siendo el papa más joven del siglo XX (58 años), el primero polaco y el primero no italiano desde el siglo XVI. Conocido como el “papa viajero” y por su intento de acercar la religión a los jóvenes, Juan Pablo II se convirtió en un personaje muy mediático debido a su activa vida pública, su relación con gobernantes y líderes de otras religiones y su defensa de la paz y los derechos humanos al tiempo que cerraba filas en aspectos como el aborto o los métodos anticonceptivos. Esta popularidad hizo que incluso los últimos días previos a su muerte resultaran de gran interés.

Juan Pablo II sobrevivió a dos  atentados contra su vida, el primero en 1981 y el segundo en 1982, pero lo que acabó con su vida fue un deterioro provocado por su avanzada edad y acelerado a causa del párkinson que sufría, se cree, desde 1992. Las primeras pistas de esta afección se notaron en el temblor que el papa mostraba en sus manos y al que más tarde se unirían problemas para andar y hablar, fatigas, gesto inexpresivo, cabeza echada hacia delante y largos suspiros causados por problemas respiratorios. A pesar de las claras señales de su desmejora y de la poca afición, según fuentes cercanas, del papa a tomarse su medicación, el Sumo Pontífice supo resistir hasta el año 2005.

El 31 de enero de ese año, el Vaticano emitió un comunicado en el que anunciaba que las audiencias del papa serían suspendidas al mostrar este síntomas de una gripe. Fue trasladado al Hospital Policlínico Agostino Gemeli y permaneció allí hasta el 10 de febrero, cuando su estado permitió volver a llevarlo al Vaticano. En declaraciones posteriores la enfermera jefe del hospital, Rita Megliorin, hablaría de su relación con Juan Pablo II y diría que el papa siempre prefirió ser conocedor del estado real de salud en que se encontraba. Dos semanas después de volver a la Santa Sede su condición empeoró y tuvo que ser trasladado de urgencia al hospital, donde le practicaron una traqueotomía. Cuando su salud lo permitió, se tomó la decisión de trasladarlo al Vaticano para que recibiera los cuidados y tratamientos necesarios en las estancias papales. El papa y sus más allegados sabían que el momento final estaba cerca.

Juan Pablo II
Imagen: Getty Images.

 

El día 27 de marzo de 2005, Domingo de Resurrección, Juan Pablo II se asomó a la ventana de su apartamento y, ante la imposibilidad de articular palabra, bendijo a los asistentes que se agolpaban en la plaza de San Pedro y se retiró. Su declive se hizo del todo obvio el día 30 de marzo, en una escena similar que se convertiría en su última aparición en público. Preocupados y conscientes del final próximo, cientos de creyentes de toda Italia primero y más tarde de todo el mundo empezaron a congregarse en la plaza para rezar por él y acompañarle al final de su vida.

El día 2 de abril a las tres y media de la tarde, el papa pronunció sus últimas palabras (“Dejadme ir a la casa del Padre”) y lo hizo en su lengua materna, el polaco. A las siete entró en coma y a las nueve horas y treinta y siete minutos de la noche se declaró oficialmente su muerte. Siguiendo las normas del Vaticano, el médico personal del papa realizó un electrocardiograma de 20 minutos para verificar su muerte. A esa misma, la plaza de San Pedro estaba abarrotada por la convocatoria para rezar un rosario bajo su ventana y fue este mismo acto en el que se hizo público por primera vez su fallecimiento.  Al día siguiente, los restos de Juan Pablo II fueron expuestos en el palacio Apostólico y al día siguiente se trasladaron a San Pedro, donde fue contemplado por cientos de miles de creyentes y peregrinos. El funeral fue un hito debido a la gran presencia de personalidades distinguidas entre las que se encontraban reyes, presidentes, primeros ministros y líderes mundiales de otras grandes religiones.

En septiembre de 2005, el Vaticano publicó un extenso documento en el que se narraba hasta el más mínimo detalle de las últimas semanas de Juan Pablo II. Este texto de 200 páginas que llegó como un suplemento de su periódico, el Acta Apostolicae Sedis, revelaba todo lo sucedido en la última etapa de la enfermedad del papa en un gesto inédito hasta entonces por parte de la Iglesia. Algunos medios y expertos lo vieron como un intento de alejarse de esas tramas y teorías conspiratorias que tantas veces acosaron al Vaticano; especialmente después de la muerte de Juan Pablo I, que se produjo 33 días después de su nombramiento y en la que siempre han existido numerosas incógnitas que lo relacionaban con una trama corrupta del Banco Vaticano.

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