Los primeros años de Hitler

El mayor criminal de todos los tiempos nació el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, Austria. Cuarto de los seis hijos de una devota familia católica, vio morir de pequeño a tres hermanos y una hermana. Estaba muy apegado a su madre, mientras que recibía palizas frecuentes por parte de su padre, Alois, que era alcohólico. En 1900 se traslada a Linz a estudiar, donde adquiere la creencia de que Alemania y Austria deberían unirse en un gran Reich.

En 1907 deja la escuela y se presenta a la Academia de Bellas Artes de Viena. Es rechazado dos veces. Este hecho, junto con el fallecimiento de su madre, provoca que se deprima. Poco a poco se va interesando por la política. Rechaza el socialismo y nace en él un profundo odio hacia los judíos, a quienes culpa de los problemas de Alemania. En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial y a los 25 años se alista como mensajero de guerra, obteniendo la cruz de hierro al valor. En 1918 queda temporalmente ciego por un ataque británico con gas mostaza.

En 1919, con 30 años, regresa a Múnich, donde se afilia al partido obrero alemán, que celebra actos entusiastas en cervecerías. La pasión de los discursos de Hitler llama la atención y pasa a ser el líder del partido en un año. Pronto le cambia el nombre por el Partido Nacional Socialista Alemán (NSDAP).

El 8 noviembre del 1923, con sus 600 camisas pardas, intenta dar un golpe de estado. Fracasa. Es detenido y condenado a 5 años por traición. Aprovechó su periodo en la cárcel para asentar las bases de su pensamiento político. Rudolf Hess le ayuda, transcribiendo sus palabras, a elaborar Mein Kampf, Mi Lucha, una mezcla de manifiesto político y autobiografía. Años después, se convertiría en el libro más vendido de Alemania.

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