Lola Flores, la artista ‘eterna’

Repasamos la vida y trayectoria hacia la fama de una de las artistas más emblemáticas de la España del siglo XX.

El 21 de enero de 1923 nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) una niña cuyo nombre era Dolores Flores Ruiz, aunque, en un futuro no muy lejano, el mundo entero la conocería como la gran Lola Flores.

Hija de una familia humilde, Lola pronto demuestra su fascinación por imitar a sus artistas favoritos y sus dotes y garbo para el cante y el baile. Cuando apenas tiene 15 años, consigue debutar en el Teatro Villamarta de Jerez. Más tarde, tras salir de su ciudad natal, se traslada a Sevilla y finalmente, a Madrid, donde consigue sus primeros papeles cinematográficos (“Martingala”, 1940). Es aquí cuando graba además, su primer disco, con uno de los temas más populares, “Lerele”.

En 1943, conoció al famoso cantaor de flamenco, Manolo Caracol, con quien comenzaría a colaborar en “Zambra”. El espectáculo se mantuvo varios años, y juntos lo escenificaron por diferentes puntos de España. Este fue el inicio para cosechar la fama y renombre de ambos.

Tras el éxito obtenido, se les abrió la posibilidad de protagonizar dos películas, “Embrujo” (1947) y “La niña de la venta” (1951). En este último año, la pareja artística, y también sentimental, decidió separarse tras 8 años y Lola empezó a trabajar en solitario. Su siguiente destino era América.

Durante esta nueva aventura, Lola alternaba trabajos en el mundo del cine con giras y espectáculos teatrales. En México filmó dos de sus grandes éxitos, “¡Ay pena, penita, pena!” (1953) y “La Faraona” (1956), nombre con el que se bautizó a la artista. Se calcula de hecho, que Lola cobraba tremendas fortunas por sus actuaciones. Sin ir más lejos fue Cesáreo González, uno de los grandes productores de cine español, quien le ofreció el contrato para viajar al nuevo continente por valor de seis millones de pesetas.

La artista no solo levantaba pasiones en los escenarios o en las películas, ya que tras ella había una buena lista de admiradores y pretendientes. Sin embargo, Lola eligió como compañero de vida al catalán António Gonzalez, más conocido como “El Pescailla”, con quien finalmente se casaría en 1957 y tendría tres hijos, Lolita, Antonio y Rosario.

La fama de La faraona ya era todo un hecho y no entendía de límites. En 1960 llegó a actuar en el Olympia de París, así como en otra ocasión lo hizo en el propio Madison Square Garden de Nueva York. En el diario The New York Times hablaban de ella así: “Ni canta ni baila, pero no se la pierdan”. Y es que, aunque no fuera la mejor cantante o bailarina, Lola ponía una fuerza única, desgarradora e irrepetible en cada una de sus actuaciones.

El arte de la bailaora, cantante y actriz hizo posible que protagonizara un total de 38 películas e interpretara temas que irremediablemente se han instaurado como parte la cultura popular e histórica de España, como “A tu vera” o “La Zarzamora”.

Lola Flores tuvo una vida feliz y completa, rodeada de una familia unida y dedicándose en cuerpo y alma a su gran pasión. Trágicamente, el 16 de mayo de 1995, la luz de la faraona se apagó y falleció a los 72 años tras una dura lucha contra un cáncer. Pero lo cierto es que sigue siendo una de las artistas más recordadas de España. Y es que tal y como dijo un día: “Aunque yo muera, seguiré viva. Seré eterna”.

CONTINÚA LEYENDO