La muerte a balazos de Bonnie y Clyde

El gobierno de Estados Unidos tuvo que recurrir a métodos y personajes cuestionables para acabar con la amenaza de Bonnie y Clyde.

La Gran Depresión golpeaba duro cuando de Dallas Oeste, conocido como "el porche trasero del diablo", surgieron dos nombres que se escucharían por todo el país y darían muchos quebraderos de cabeza a los gobiernos de los estados del sur y al gobierno federal de los Estados Unidos. Eran una pareja de amantes. Eran una pareja de forajidos. Eran Bonnie Parker y Clyde Barrow.

Los amantes se conocieron en 1929 y todo apunta a que fue amor a primera vista. No sería hasta 1932, tras la salida de Clyde de la cárcel, cuando comenzaría la carrera criminal que les daría fama y les llevaría hacia su insalvable final. Los robos a bancos y pequeños establecimientos, su aspecto físico o su coche, un rapidísimo Ford V8, consiguieron que la maltratada población estadounidense les viera como a una especie de Robin Hood que se oponían a los abusos de los poderosos y se rebelaban contra la Gran Depresión.

Durante dos años, la banda de Clyde Barrow hizo toda clase de fechorías a lo largo y ancho del país, viajando de un estado a otro y esquivando a unas fuerzas de seguridad y un gobierno federal del presidente Roosevelt que no eran capaces de atraparlos. A los robos se le sumaron las fugas de las cárceles y los asesinatos, lo que provocó que el gobierno de Texas recurriera a su último as en la manga: Frank Hammer. Este ranger de Texas retirado tenía fama de ser implacable y de gatillo fácil, por lo que se le encomendó la misión de dar caza y acabar con la pareja.

Tras un extenso juego del ratón y el gato y de haber estado muy cerca de atraparles en varias ocasiones, Hammer y sus hombres consiguieron que un antiguo socio de Barrow, Henry Methvin, se los pusiera a tiro a cambio de su libertad. La pareja había acordado con Methvin que se reunirían en su casa de Louisiana si alguna vez se separaban y a esta solo se podía llegar por una carretera secundaria cerca de Bienville Parish.

El 23 de mayo de 1934 Bonnie y Clyde se encontraron al padre de Henry en esa carretera, donde estaba intentando arreglar un pinchazo en la rueda de su coche. Ese cebo sirvió para que la pareja se detuviera y Frank Hammer y otros seis policías abrieran fuego contra el vehículo con fusiles autómáticos Browning, una devastadora ametralladora ligera y el arma predilecta de Clyde Barrow. Aunque las cifras varían, cada forajido recibió un mínimo de cincuenta impactos de bala procedentes de armas de gran calibre.

Durante el traslado del destrozado coche al cercano pueblo de Bienville Parish, la multitud comenzó a arrancar trozos de la ropa, objetos personales o pelos de los cadáveres como recuerdo de sus caídos héroes. Los funerales de Bonnie Parker y Clyde Barrow, responsables de decenas de atracos y numerosos asesinatos, reunieron a miles de adrmiradores que les consideraban estrellas de cine. Aquel día las balas acabaron con sus vidas, pero no con su fama.

Continúa leyendo