La llamaban 'Pasionaria': muerte de Dolores Ibárruri

La política de izquierdas Dolores Ibárruri fue una de las grandes figuras del republicanismo español en el siglo XX. Murió el 12 de noviembre de 1989.

Muchos la recuerdan toda vestida de negro, con una sonrisa en el rostro y su puño en alto mientras gritaba un eterno “¡No pasarán!”. Dolores Ibárruri fue una de las políticas más icónicas y relevantes de la España del siglo XX tanto por su papel en el gobierno de la Segunda República y durante la Guerra Civil como su posterior exilio y regreso. Luchadora incansable, murió el 12 de noviembre de 1989 pero su voz siguió resonando mucho tiempo después.

Hija de mineros vascos, su familia pertenecía a la clase obrera pero su situación económica no era paupérrima. Descubrió la importancia de la educación y quiso convertirse en maestra, pero sus padres le negaron la oportunidad y tuvo que empezar a trabajar en un taller de costura para ayudar a su familia. En 1916 se casó con Julián Ruíz, un minero y sindicalista que la introdujo en el mundo del socialismo e hizo que abandonara su ferviente fe en el catolicismo en la que le habían educado sus padres por una militancia activa en apoyo de la lucha obrera, cada vez más próxima a la ideología comunista. Los constantes encarcelamientos de Julián y la muerte de cuatros de sus seis hijos le causaron un profundo dolor.

En 1919, con su primer texto periodístico, toma el nombre de Pasionaria y comienza a ganar peso en el panorama político. En 1930 fue nombrada miembro del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE), formó parte de la redacción del periódico Mundo Obrero y sus impresionantes capacidades oratorias le permitieron granjearse un lugar destacado entre la izquierda española e internacional. Fue encarcelada en numerosas ocasiones y entró en el Congreso como diputada comunista del Frente Popular, defendiendo la vía estalinista y la mayor ortodoxia comunista. Durante la guerra se convirtió en un símbolo y la mejor embajadora de los sectores más revolucionarios del bando republicano, especialmente conocida por su “¡No pasarán!” y su “Mejor morir de pie que vivir de rodillas”.

Exiliada en la URSS desde 1939, coordinó la llegada de españoles republicanos a la URSS y se convirtió en la voz de Radio Pirenaica, una emisora independiente que intentaba promover un levantamiento contra el régimen franquista. Fue ocupando cargos más y más importantes dentro del PCE hasta que en 1960 cedió la secretaría a Santiago Carrillo y ella permaneció en la presidencia. Regresó a España en 1977, fue recibida como una leyenda y elegida para participar en las Cortes Constituyentes. En sus últimos años de vida vio cómo el PCE se fragmentaba y los ideales que había defendido toda su vida se desvanecían.

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