Historia del palacio de Liria

El palacio de Liria, en Madrid, acaba de abrir sus puertas al público. Te contamos la historia de este edificio que fue prácticamente destruido durante la Guerra Civil española.

 

El  palacio de Liria fue construido en 1773 por orden de Jacobo Fitz-James Stuart y Ventura Colón y de la mano de los arquitectos Louis Guilbert y Ventura Rodríguez.

Este palacio se sitúa en la ciudad de Madrid, concretamente en la calle Princesa número 20. El I duque de Berwick, hijo ilegítimo de Jacobo II de Inglaterra, fue la persona que inició los trámites para la construcción del edificio. Tras una larga carrera militar entre Francia e Inglaterra, decidió echar raíces en España de la mano de Felipe de Borbón en la Guerra de Sucesión española.

Gracias a su triunfo en la batalla de Almansa, recibió el ducado de Liria y Jérica. Las obras del palacio se demoraron unos cuantos años, y es el III duque de Berwick, de Jacobo Fitz-James Stuart y Ventura Colón, quien lo mandó terminar, con un estilo neoclásico ‘petite hotel’.

Las obras del edificio fueron encargadas al arquitecto Louis Guilbert, que fue despedido en 1771 a causa de la aparición de unas grietas en la estructura del edificio y una posible malversación de fondos. Fue entonces cuando se encargó proseguir con la construcción del edificio al arquitecto Ventura Rodríguez de quien se dice que simplemente se dedicó a corregir errores técnicos del principal autor.

El imponente edificio es un claro ejemplo del neoclasicismo del siglo XVIII, similar a los palacios parisinos. Con simetría rigurosa y contraste de formas y materiales, el palacio se sitúa en el interior de una finca vallada y rodeada de jardines, algunos de ellos similares a Versalles.

Como era de esperar, el palacio recibía visitas de ilustres figuras del panorama nacional e internacional, por lo que su decoración debía de ser elegante y exquisita. Cuenta con suelos de parqué, chimeneas de mármol, lámparas de araña y muebles de estilo rococó, además de una colección única de obras de arte, que cuenta con pinturas de Goya, Velázquez, Tizziano, Tintoretto o El Greco.

A comienzos del siglo XX el arquitecto inglés Edwin Lutyens planteó varias reformas, encargadas por Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, padre de Cayetana de Alba. En ellas se modificaron algunas partes del edificio, como la escalera principal.

 

Y llegó la guerra

En noviembre de 1936, el palacio fue destruido casi al completo debido a proyectiles lanzados por aviones franquistas. En un principio se acusó al bando republicano de los ataques sufridos, pero años después se descubrió que no era cierto. Por suerte, pinturas y demás obras artísticas de gran valor fueron retiradas a tiempo por orden del duque de Alba y resguardadas en otros edificios: el Banco de España, el Museo del Prado, la embajada británica…

También se salvaron numerosos muebles, tapices y armaduras, sacados al exterior por empleados de la casa y por voluntarios del bando republicano. La reconstrucción del Palacio de Liria fue impulsada por Cayetana de Alba y su primer esposo, Luis Martínez de Irujo, ya que su padre falleció en 1953. En esta reconstrucción se invirtió una gran fortuna, casi la mitad de sus posesiones, según cuentan algunas fuentes.

Hasta hace poco, el palacio de Liria solo recibía visitas privadas, ya que hasta la muerte de Cayetana Fitz Stuart en 2014, era la residencia oficial de los duques de Alba. A partir del 19 de septiembre de 2019 el palacio abrió al público como un  museo al uso.

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