Historia del Holocausto

En los campos de exterminio nazi fueron asesinadas entre 15 y 20 millones de personas en total, de entre ellas 6 millones eran judíos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, millones de personas fueron asesinadas en los campos de concentración. En uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad.

El antisemitismo tienes orígenes antiquísimos. Su persecución comienza por motivos religiosos, desde que el cristianismo y el judaísmo divergen en varias cuestiones bíblicas, si bien convergen en los orígenes de sus creencias. Ya en el siglo XX los judíos estaban ampliamente mal vistos y se les discriminaba incluso antes de la Guerra. Millones de ciudadanos con costumbres o ascendencia judías vivían por todas partes de Europa. Sin embargo eran ampliamente considerados como ‘ladrones’ de la riqueza de otros países.

Alemania sufría durante los años 20 una dura situación económica y política. La República de Weimar (1919-1933) por la que estaba gobernada resultaba incompetente en la resolución de problemas, que se agravaron con la caída de la bolsa de Wall Street, el crack de 1929, que afectó duramente al país, pues recibía ayudas económicas de EEUU.

El miedo al comunismo represor de Stalin en Rusia y la desconfianza hacia la democracia y el capitalismo de occidente llevaron al pueblo alemán a apoyar al nacionalsocialismo. Cuando Hitler llegó al poder se autoproclamó führer, líder absoluto; ilegalizó el resto de partidos e impartió un gobierno totalitarista, el Tercer Reich. Poseía una excelente capacidad oratoria y gran carisma y vertió en los ciudadanos un discurso nacionalista, de gran sentimentalismo patriótico y de orgullo por la nación, que fue poco a poco calando en las personas.

Según el Tercer Reich, solo era ciudadano alemán aquel que fuera de sangre pura y todo judío quedaba excluido de derechos. Para Hitler, eran menos que humanos. Enemigos políticos, homosexuales y discapacitados también constituían una amenaza para la expansión alemana, y gitanos y negros eran considerados de sangre inferior.

Antes de la deportación a los campos los ‘enemigos de la nación’ vivían hacinados en guetos dentro de las ciudades alemanas. Y aunque lucharon, muchos no huyeron, al ignorar el futuro que les deparaba en los campos.

La práctica habitual de las SS era entrar en plena noche, por la fuerza, en las casas de los fichados. Viajaban en vagonetas de tren destinadas a transporte de ganado sin ventilación y rodeados de sus propios deshechos. Algunos no llegaban vivos.

Al llegar a los campos, se les separaba por sexos y capacidad de trabajo. Se les rapaba de la cabeza a los pies y eran obligados a vestir con un uniforme rayado gris y blanco

Los barracones eran antiguas caballerizas, en las que podían caber cinco personas. En cuanto a la alimentación, era escasa, lo justo para no morir de hambre. Cuando dejaban de poder trabajar, eran ejecutados.

Las enfermedades más comunes eran la disentería, la malaria, el tifus y la tuberculosis. Pero la muerte por asfixia en cámaras de gas era la mayor causa de mortalidad de los campos.

Las personas morían asfixiadas con el gas Cyclon B en cuestión de veinticinco minutos. A partir de 1942 este proceso se aceleró con la ‘solución final’, que consistía en el rápido asesinato en masa de mayor número posible de judíos.

Las pruebas documentales presentadas en los juicios de Nuremberg y el testimonio de supervivientes dan fe de este asesinato en masa.  Este proceso continuó hasta el final de la guerra. Has que, con el avance del ejército Aliado, los campos de concentración fueron, poco a poco, liberados.

La cifra oficial es de 15 a 20 millones de personas; de entre ellos, 6 millones eran judíos.

 

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