Hans Christian Andersen, el hombre que soñaba con cuentos

El escritor danés ha pasado a la historia como el autor de algunos de los cuentos infantiles más populares.

Desde el siglo XIX son muchos los que habrán llorado con el triste final de la pequeña cerillera, o se emocionaron con las aventuras del soldadito de plomo, o se alegraron al ver cómo el patito feo encontraba a su mamá. Todas estas historias propias de la más tierna infancia salieron de la mente y la pluma de Hans Christian Andersen, el autor de cuentos más prolífico de Dinamarca.

Nacido en la pequeña localidad de Odense en 1805, era hijo de un idealista zapatero y una supersticiosa mujer mayor que su marido. Su situación quedó alterada cuando su padre falleció en la guerra napoleónica y su madre volvió a casarse. Sin apenas formación, Andersen marchó a Copenhague con 14 años para hacer fortuna pero sus intentos por ganarse la vida como actor, cantante o bailarín fracasaron. El director teatral Jonas Collin se convirtió en su protector y propició que Andersen pudiera obtener los estudios de bachillerato. En esta época conoció a los grandes autores alemanes y se dio a conocer con su poema El niño moribundo (1827).

Con una situación económica más estable, Andersen comenzaría a viajar por Europa para conocer mundo y ampliar sus fronteras. Pasaría una buena temporada en París, viajaría por Italia y llegaría hasta Inglaterra, donde entablaría una gran amistad con el también escritor Charles Dickens. El realismo del autor británico influiría en Andersen, mezclándose con la fantasía romántica que le caracterizaba y haciendo que alcanzase un nuevo equilibrio en el que los mundos y criaturas mágicas se unían a las duras condiciones sociales que pasaban las clases bajas danesas. A partir de 1835, al regresar de su primer viaje, Andersen comenzaría su amplia carrera como autor de novelas, poesía, obras de teatro y, sobre todo, cuentos.

A diferencia de lo que hicieron otros coetáneos como el francés Charles Perrault, que reinterpretó cuentos clásicos, o los hermanos Grimm, que recopilaron las historias de tradición oral con la intención de conservarlas, Hans Christian Andersen inventó sus historias casi en su totalidad. Inspiradas en leyendas, mitología o historias del folklore popular,  el danés se caracterizó por su potente narrativa y estilo sencillo, siendo capaz de convertir en el protagonista de su obra a personas, animales, criaturas mágicas e incluso objetos inanimados por igual. Los 168 cuentos que escribió fueron recopilados en libros que publicó en 1835, 1843, 1847, 1852  y 1872.

El éxito de sus historias fue casi inmediato. La defensa que en ellas hacía de la lucha entre bien y el mal, la amistad o el amor conquistaron el continente europeo y los hicieron tan famosos que muchos de sus cuentos están tan asimilados en la sociedad que se consideras historias populares. De entre sus títulos más sonados se destaca La princesa y el guisante, El sastrecillo valiente, El patito feo o La sirenita.

En 1875, un cáncer de hígado que venía arrastrando desde hacía años acabó con la vida de Hans Christian Andersen, que falleció el 4 de agosto de ese año. Su obra tuvo y tiene tal repercusión que el autor danés es considerado el primer gran escritor clásico de la literatura infantil.

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