¿Fueron los años 20 realmente felices?

A la fiebre del jazz, los rascacielos y el consumismo desenfrenado que caracterizó la década de 1920 le siguió el desplome de la economía y la Gran Recesión.

Aunque desde una perspectiva histórica la segunda década del siglo XX entraría en el periodo de entreguerras, para el grueso de la población y el ideario común  son los locos, dorados y (por supuesto) felices años veinte. Una década de cambio y revolución, de romper moldes e innovar para crear un mundo más colorido y mágico del que se tenía. Una década en la que el fervor y la falta de miras arrastraron a toda una sociedad a una gravísima crisis económica y, con ella, a prácticamente el mundo entero.

Los felices años 20 (the roaring twenties como se les conoció en inglés) surgieron en Estados Unidos tras la Primera Guerra Mudial. Dado que el país norteamericano había entrado tarde en el conflicto y este tuvo lugar en Europa casi en su totalidad, su industria y economía apenas se vio afectada y se convirtió en el más vencedor de los vencedores, erigiéndose como una superpotencia a nivel mundial. El Viejo Continente, arrasado como estaba, pasó a ser el mejor cliente de los Estados Unidos, cuyas exportaciones crecieron como la espuma e hicieron que el país pasara a estar en una situación de bonanza económica de forma muy rápida. Además, la implantación generalizada de la cadena de montaje ideada por Henry Ford consiguió aumentar considerablemente la velocidad de producción del país.

A esto hay que sumar que, siguiendo el ejemplo de los Bonos de la Libertad emitidos durante la Gran Guerra, el mercado bursátil abrió sus puertas a toda la población y los bancos empezaron a entregar grandes créditos sin apenas garantías. La gente se hacía rica de un día para otro y vivían muy por encima de sus posibilidades comprando los nuevos y flamantes productos que se estaban lanzando al mercado como lavadoras, teléfonos, radios o nuevos coches. Este derroche dio lugar a una brutal inflación y a una burbuja bursátil que hacía que la economía estadounidense se sostuviera sobre pilares muy delicados. Mientras tanto, Europa se dejó arrastrar y malgastó un dinero que bien podría haberse aprovechado para reconstruir el continente creyendo que, mientras a los Estados Unidos les fuese bien, a ellos también les iría bien.

Pero los felices años 20 no solo destacan por la situación económica, sino que fueron un punto de inflexión a nivel social y cultural; los años de la Ley Seca y el art decó. Los jóvenes, muchos de ellos habían luchado en la guerra, rechazaban el mundo y la sociedad que les había tocado heredar y decidieron rebelarse y cambiar las cosas. La moda cambió drásticamente a un estilo mucho más atrevido, se popularizaron el jazz y el charlestón y nació el cine como industria con uno de sus mayores genios: el silencioso Charlie Chaplin. El arte vivió la época de las vanguardias, de la innovación constante, y ciudades como París se convirtieron en el hogar de bohemios cuyos nombres pasarían a la historia. La Lost Generation moldeó el mundo de la cultura en los años 20 y marcó el camino para las próximas décadas.

Sin duda, los años 20 fueron felices y locos para estadounidenses y europeos en general. Pero fue esa búsqueda de una felicidad material y vacía, sin premeditación ni razonamiento real, la que causó el abrupto y desagradable final de estos años dorados. En 1929 la Bolsa de Nueva York sufrió la peor caída de su historia y de todo el siglo; la burbuja estalló y el sistema económico con ella, arrastrando a los mercados europeos. En Estados Unidos comenzó lo que se llamaría la Gran Depresión, en la que cientos de empresas y bancos acabaron en la quiebra y las colas de los comedores sociales crecieron por todo el país como hambrientos gusanos. Europa, sin el crédito ni los productos que llegaban de Estados Unidos, se hundió en un caldo de cultivo de pobreza y rencores en el que el fascismo italiano y el nazismo alemán echarían raíces.

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