Francisco Pizarro, conquistador traicionado

El extremeño sometió al poderoso imperio inca en apenas 3 años pero murió a manos de españoles el 26 de junio de 1541.

Si bien el nombre de Hernán Cortés es, probablemente, el primero que pasa por la mente de muchos al hablar de la conquista que la corona española hizo en el Nuevo Mundo, el papel que Francisco Pizarro es comparable e igual de importante para la historia de España y de América Latina. La vida del extremeño, que cruzó el océano buscando fama y fortuna, terminaría abruptamente y por la mano de sus propios compatriotas.

Nacido en la localidad de Trujillo, fue hijo ilegítimo del capitán Gonzalo Pizarro y Francisca González, criada del Monasterio de las Freilas de la Puerta de Coria. Su padre se desentendió muy pronto de él y Francisco pasó su infancia y juventud en una situación de pobreza muy común en la época. Puede que fuese el rechazo de su padre lo que incendió un deseo de ganar renombre y un elevado estatus social en Pizarro y le llevó a viajar a Sevilla en 1493 para zarpar hacia el Nuevo Mundo en 1502.

A pesar de la rápida fortuna que hizo, la vida de hacendado no era para él y acabó por unirse a las expediciones de Nicolás de Ovando (1502), Alonso de Ojeda (1510) o Vasco Núñez de Balboa (1513), a quien acompañaría en el viaje en que se descubrió el océano Pacífico.  En 1524 se une a Diego de Almagro, con quien tenía constituida una sociedad, para llevar a cabo nuevas expediciones en el Virú (Perú) y comprobar los rumores existentes sobre una nueva civilización extremadamente rica en oro y plata. En 1529, el propio rey Carlos V nombra capitán general a Pizarro en las capitulaciones de Toledo y le encomienda explorar estas tierras y someter a los nativos, los incas.

Entre 1531 y 1533 Pizarro aprovechó su superioridad armamentística, las rencillas entre los distintos pueblos incas y la guerra civil que acababa de tener lugar entre Atahualpa y su hermanastro Huáscar para hacerse con el imperio inca y sus riquezas. Atahualpa fue ejecutado por garrote vil en 1533 y los españoles sofocaron una intentona de rebelión inca liderada por el hermano de Huáscar, Manco Cápac II. La fama y el poder de Pizarro eran tales que, tras someter a los incas, sus fieles se enfrentaron a las tropas de Diego de Almagro en un combate del que el de Trujillo salió victorioso de la batalla de Salinas (1538) y Almagro fue ejecutado.

Desde ese momento el hijo de Almagro, Diego el Mozo, encabezó una conspiración cuyo único fin era dar muerte a Pizarro. El 26 de junio de 1542, una veintena de hombres entraron en el palacio que Francisco Pizarro tenía en Lima (ciudad fundada por él en 1535) y, tras una fiera resistencia del trujillano, lo mataron a puñaladas. Diego de Almagro se proclamó gobernador del Perú pero fue derrotado y ejecutado ese mismo año.

Continúa leyendo