Eva Braun, la amante secreta de Hitler

Su nombre es famoso pero se sabe poco sobre su vida y su carácter. En este vídeo te contamos la historia de Eva Braun, la amante del dictador nazi.

 

En el vídeo de hoy hablamos de Eva Braun, la amante de uno de los mayores asesinos de la historia, Adolf Hitler. Una mujer de la que conocemos su nombre, pero poco sabemos de su vida personal.

Nació en Munich en 1912 en el seno de una familia humilde, y fue la mediana de tres hermanas. Gracias a su profesión de fotógrafa, en 1929 conoció al dirigente del partido nazi Adolf Hitler. Según cuenta la única prima viva de Braun, Angela Lambert, Hitler se quedó prendado de sus largas piernas.

Era una persona de personalidad manejable, aunque con carácter. En 1932 intentó suicidarse con la intención, según cuentan los historiadores, de llamar la atención de Hitler. Y lo consiguió, pues al parecer, a partir de este momento empezaron a pasar mucho más tiempo juntos.

Braun, por su empleo como fotógrafa, pudo seguir a los  nazis en muchos de sus viajes, lo que la mantuvo cerca del mandatario, que sin embargo no le prestaba muchas atenciones, además de tener malas formas y un comportamiento misógino. Todo esto llevó a Eva Braun a un nuevo intento de suicidio en 1935. En su propio diario, escribía:

“Muchas veces me dice que está locamente enamorado de mí. Sin embargo, no me ha dedicado una sola palabra amable en tres meses”.

Mantenían su relación del modo más discreto posible. De hecho, el pueblo no supo después de su romance con Eva hasta después de su muerte, ya que nunca aparecían juntos en público y ocupaban estancias separadas en la casa donde cohabitaban. Hasta 1944 Eva no apareció en actos oficiales, y esto pudo hacerlo gracias a la boda de su hermana con uno de los generales de las SS.

 

Eva jugó muy bien sus cartas

Eva recibió un sueldo del estudio fotográfico hasta 1943, y también ocupó el puesto de secretaria privada del führer, pero la realidad es que ella nunca tuvo un papel relevante en el Tercer Reich ni en las decisiones de Hitler.

Sin embargo, y a pesar de las opiniones de muchos historiadores – hombres en su mayoría-, Eva poseía las cualidades que Hitler requería en una mujer y no era tan tonta como se la ha considerado. Supo jugar muy bien sus cartas, y eso la mantuvo en el epicentro de la vida del dictador alemán durante muchos años.

Disfrutaba de una vida cómoda, fumaba, bebía y comía en reuniones que disfrutaba con amigos en su residencia de los Alpes, y usaba cosmética cara mientras el resto de Alemania se veía sumida en una guerra mundial bajo el yugo del nazismo. Tenía dos perros a los que adoraba, que serían liquidados a disparos unos días antes de su  suicidio.

A pesar de su relación con el dictador, a Eva la política no le interesaba lo más mínimo, aunque obviamente eso no la salvó de ser acusada de cómplice de los crímenes del nazismo. En 1944 recibió un aviso del atentado contra Hitler y le manifestó en una carta su interés de mantenerse a su lado hasta la muerte. Y así fue como el 30 de abril de 1945, con el ejército ruso a las puertas de Berlín y la guerra perdida, se suicidaron encerrados en su búnker.

 

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