El origen de la Feria de Abril

La Feria de Abril es una de las mayores celebraciones de Sevilla, pero su origen en el siglo XIX es el de una feria ganadera.

La Feria de Sevilla, conocida popularmente como Feria de Abril, es uno de los grandes eventos de esta ciudad andaluza junto con su Semana Santa. Durante una semana, cientos de miles de personas de toda España y del extranjero se unen a los sevillanos para disfrutar de una celebración que han convertido en icono de su cultura y tradición gracias a sus trajes típicos, gastronomía, espectáculos, música y baile y ambiente de jolgorio. Con más de un siglo a la espalda, esta feria ha ido evolucionando y adaptándose a los nuevos tiempos hasta convertirse en lo que es hoy pero, ¿cómo empezó todo?

La historia de la Feria de Abril moderna, la que entendemos como el precedente directo de la actual, comenzó en el año 1846. Desde la Guerra de la Independencia (1808-1814) Sevilla vivía una mala racha económica de la que, aun con ciertas mejoras, no parecía salir del todo. El 29 de octubre de 1842 un huracán causó graves daños en la ciudad, agravando aún más la situación, y fue a partir de ese momento cuando los concejales José María Ibarra y Narciso Bonaplata, vasco y catalán asentados en Andalucía, decidieron retomar la tradicional feria de compra-venta de ganado para reactivar el comercio y la economía de la ciudad.

La propuesta original presentada ante las autoridades buscaba retomar la tradición de las ferias ganaderas, una en abril y otra en septiembre, que la ciudad instauró en el año 1254 con la autorización del rey Alfonso X el Sabio y que se habían ido perdiendo con el paso de los siglos. Para poder llevarla a cabo era necesario el consentimiento de la reina Isabel II a quien, para controlar el gasto que supondría, solo se le planteó celebrar una feria anual en abril, dejando la solicitud de la feria de septiembre para más adelante. La reina aceptó la propuesta y los días 18, 19 y 20 de abril de 1847 se celebró la primera Feria de Sevilla de los tiempos modernos.

Esa primera celebración tuvo lugar en el Prado de San Sebastián y contó con 19 casetas y una afluencia de alrededor de 25 000 personas. El objetivo principal de la feria era la venta de ganado pero el evento se distanció rápidamente de su concepción económica y pasó a ser una celebración popular. Tanto es así que en su segundo año, los ganaderos presentaron un escrito a las autoridades para que aumentaran la presencia de agentes de la ley ya que “los sevillanos y sevillanas, con sus cantes y bailes, dificultaban la realización de los tratos”. Pero el paso de los años y el clamor popular quisieron que la Feria de Abril dejara de ser un encuentro comercial para ser una celebración en toda regla que se ha celebrado de manera ininterrumpida hasta la actualidad salvo los años de la Guerra Civil.

Sus elementos más distintivos son las casetas, recintos cubiertos que en su origen eran lugares protegidos del sol para que los ganaderos hicieran tratos y que en la actualidad se han convertido en el corazón de la feria, la casi constante presencia de música flamenca y de grupos bailando sevillanas en plena calle, la gastronomía típica de Andalucía (en la que no faltan el jamón o el fino de Jerez) y el uso de los trajes típicos de campero para los hombres y de gitana para las mujeres. Tampoco faltan los desfiles de caballos y carruajes adornados por las mañanas o las corridas de toros en la plaza de la Maestranza por las tardes.

En 1973 la afluencia de visitantes obligó a trasladar el emplazamiento de la feria del Prado de San Sebastián a un recinto más amplio y preparado ad hoc para esta celebración. El lugar cuenta con una superficie de 1 200 000 metros cuadrados divididos en la Calle del Infierno (donde se concentran las atracciones y el entretenimiento), el Real de la Feria (dividido en quince calles, todas ellas con nombres de toreros) y los aparcamientos. La Feria de Abril comienza con el encendido de la portada, una impresionante estructura que se renueva anualmente y que se ilumina con miles de bombillas, y termina con un espectáculo atronador de fuegos artificiales.

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