El exilio de los niños vascos en la Guerra Civil

El escritor Mario Garcés nos cuenta la historia de los cerca de 4.000 niños vascos que se refugiaron en Gran Bretaña durante la Guerra Civil Española.

Cuando se habla de una guerra, los focos suelen recaer sobre las grandes batallas, los líderes de los bandos y cifras espeluznantes que ayudan a hacerse una idea de lo que supone un conflicto así. Sin embargo, bajo toda esta cantidad de datos y fotografías (también necesarias) se suelen esconder miles de historias anónimas de los más afectados por las guerras, las víctimas. Hoy vamos a destacar, en el  contexto de la Guerra Civil Española, la travesía que miles de niños vascos vivieron para poder escapar de las balas y la muerte.

Si bien el enfrentamiento fratricida que estalló en España en 1936 atrajo las miradas de todo el mundo, hubo dos decisiones tomadas por el bando franquista que llamaron aún más la atención: el asesinato de Federico García Lorca en 1936 y el bombardeo de la localidad vasca de Guernica por la Legión Cóndor en 1937. Las tres horas durante las que cayeron las bombas provocaron entre 120 y 300 muertos y no fueron pocas las críticas que recibió el bando franquista de gobiernos extranjeros o de intelectuales y artistas como Pablo Picasso.

El cónsul británico en Bilbao, Ralph Stevenson, comprendió rápidamente el peligro que los niños vascos corrían y emprendió una cruzada personal para poder salvar a los más jóvenes del conflicto.  En abril de 1937 se rechazó por primera vez la propuesta de trasladar a estos niños a Gran Bretaña, por un lado debido a la presión de Franco (que veía minada su reputación) y por otro por la desconfianza de la Foreign Office (que pretendía buscar financiación privada). Stevenson, que era llamado ‘el cónsul rojo’ por los franquistas, consiguió la autorización del gobierno británico tras aceptar una serie de requisitos en mayo de ese mismo año.

El barco Habana zarpó del puerto de Bilbao el 20 de mayo de 1937, con 4.000 personas a bordo entre niños, docentes, enfermeras, médicos y sacerdotes y acompañado de una escolta española y británica. Su despedida del puerto se hizo sin ningún tipo de salva militar para no preocupar a los niños, muchos de ellos temerosos de cualquier cosa que les evocase el conflicto que se estaba viviendo. El Habana llegó a Southampton tres días después de salir de Bilbao. Miles de voluntarios pertenecientes a todas las clases sociales británicas acudieron al campamento que habían constituido para los niños vascos (con 500 tiendas) y les cuidaron, trataron y alimentaron durante tres días, momento en el que el campamento se disolvió y los niños fueron enviados a distintos lugares de las islas.

Las experiencias de estos niños durante su estancia en Gran Bretaña fueron muy variadas, en parte debido al choque cultural que vivían. Destaca el caso de un grupo de niños que fue enviado a Gales y que acabó formando un equipo de fútbol llamado los Diablos Rojos y que cosecharon numerosos éxitos en la época, cuyas ganancias se destinaban a financiar los costes de su estancia. Con el final de la guerra, muchos niños fueron repatriados a España, quedando solo 420 niños en territorio británico en 1941. Muchos de estos niños marcharon a México para reunirse con sus familias en el exilio y otros, sobre todo aquellos cuyos padres habían sido encarcelados, habían muerto o habían desaparecido, permanecieron en Gran Bretaña.

 

Agradecimientos e imágenes: basquechildren.org.

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