Armas de la historia: espadas y armaduras del cine

Repasamos algunas de las armas y piezas de armadura más icónicas y representativas del séptimo arte.

El ser humano es una criatura social para lo bueno y para lo malo. Desde tiempos de nuestros antepasados del género homo han existido herramientas que nos han permitido defendernos y atacarnos a partes iguales. Lo que empezó con una piedra que, al golpearla, obtenía filo pasó a ser un arma de combate forjada a partir del trabajo sobre metales como el bronce o el hierro. Cada época y cada región han dado una morfología distinta a sus armas predilectas pero si ha habido un lugar en el que las armas han tenido un catálogo amplísimo ese es en la mente humana, en esos relatos que se crean de la nada y que se salen de los límites de la realidad.

Dado que uno de los elementos más importantes de una buena historia es el conflicto que presenta, las batallas y combates resultan elementos muy útiles para construir la narración de turno. Y si existe un medio que ha sabido sacarle provecho a la espectacularidad que puede tener una batalla coreografiada y al talento de diseñadores para crear armas estéticas e impresionantes al mismo tiempo ha sido el audiovisual. Desde el arco de Errol Flyn en Las aventuras de Robin Hood o la Tizona de Charlton Heston en El Cid hasta el sable de luz que blandió Mark Hamill en la trilogía de Star Wars, hay armas y armaduras que han marcado la historia del cine por lo icónicas que resultan o por la importancia de la película en la que aparecieron.

La posibilidad de representar cualquier momento histórico con una base realista pero sin tener que verse limitados por la fidelidad absoluta o incluso de plasmar mundos fantásticos concede al cine una vía abierta para crear toda clase de armas. Algunas, como la gladius de Máximo Décimo Meridio en Gladiator o la elegante y letal katana (by Hattori Hanzo) de La Novia en Kill Bill se asemejan a la realidad que intentan representar. Otras, como la santa granada de mano de Antioquía de los Monty Python, se burlan de esta realidad y la rompen en pedacitos para plantar ante el espectador algo tan absurdo que resulta imposible no disfrutarlo.

Las espadas y hachas de El Señor de los Anillos, la claymore escocesa de Connor McLeod en Inmortales, las varitas de la saga de Harry Potter o la Smith&Wesson M29 de calibre 44 Magnum del inspector Harry Callahan (“Adelante… Alégrame el día”) forman parte de la historia del cine como los actores que las empuñaron o dispararon y, por ello, hoy honramos a esas armas y armaduras que nos conquistaron en la pantalla.

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