Armas de la historia: el sable de caballería

Los sables, de hoja curva, fueron introducidos en Europa por los otomanos y se convirtieron en el arma más efectiva de la caballería.

En la guerra, la eficacia y la funcionalidad son mucho más importantes que la estética. Un arma hermosamente labrada o un elegante uniforme de colores pastel puede resultar muy atractivo a la vista pero poco útil cuando uno corre hacia el enemigo en medio del barro y el fuego de cañón. Esta búsqueda de conseguir la más mínima ventaja frente al rival ha hecho que todas las sociedades y ejércitos en todas las etapas de la historia hayan tenido pocas reticencias a la hora de apropiarse de los diseños armamentísticos enemigos. Así, cuando llegó el momento, las espadas rectas europeas que tan bien habían servido a los caballeros medievales dieron paso a un tipo de espada con otra forma y fin: el sable.

El sable es un arma de una mano que se caracteriza por su ligera curva en la hoja y por tener un único filo. Existen antecedentes de espadas con hoja curva como los antiguos khopesh egipcios o las cimitarras procedentes de Oriente Medio, y su presencia en Europa llega en el siglo XVI del Imperio Otomano. Los guerreros de Mongolia empuñaban sables curvos que utilizaban en las cargas de caballería (ataques rápidos y de hostigamiento que buscaban causar un gran número de bajas en poco tiempo y provocar el caos) y con su avance hacia el oeste su presencia entre los pueblos con los que entraban en contacto (entre ellos los otomanos) creció. Una hoja curva hace que el movimiento de la espada sea mucho más fluido y contundente en golpes cortantes por lo que, cuando los turcos avanzaron por Europa, los ejércitos a los que se enfrentaron adoptaron el sable.

La postura de orgullosa clase alta que en la Edad Media ocupaban los caballeros pasó a la aristocracia militar, ese mundo castrense en el que el honor seguía siendo una causa que debía defenderse con la vida. Son estos oficiales los que empiezan a emplear el sable como arma de caballería ya que su forma resulta ideal para hacer tajos a gran velocidad y es ligera y manejable, otorgándoles una inmensa letalidad en sus cargas. Esto se ve reforzado por el hecho de que las armas de fuego ganan cada vez más importancia y la infantería pasa a utilizarlas para realizar ráfagas de disparos y después cargar con bayonetas y armas de contacto. Así, entre los disparos de la infantería y el fuego de la artillería, la caballería se abría paso con unas cargas demoledoras sable en mano.

El último gran enfrentamiento en el que encontramos a la caballería tradicional armada con sables es la Primera Guerra Mundial. A partir de entonces, y aunque hubo excepciones y es un cuerpo que ha sobrevivido hasta la actualidad en muchos ejércitos, las armas de fuego automáticas cambiaron la morfología de las guerras.

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