Afganistán, la guerra que se muerde la cola

La Guerra de Afganistán comenzó el 7 de octubre de 2001 con los bombardeos de Estados Unidos y Gran Bretaña dentro del país. El conflicto sigue abierto hoy en día.

Muchos consideran que los ataques que Al Qaeda llevó a cabo contra las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001 fueron el mazazo que dio comienzo al siglo XXI. Las consecuencias inmediatas de ese momento fueron terribles y abrieron los ojos al mundo de los peligros del terrorismo moderno, una guerra a nivel global contra enemigos invisibles. Sin embargo, el miedo y la rabia provocada por el atentado hicieron que las consecuencias a largo plazo solo aumentaran el número de cadáveres en la morgue. El Acta Patriótica y la ‘Operación Libertad Duradera’ sirvieron de mecha y pedernal para la guerra en Afganistán, un territorio que fácilmente se podría comparar con un polvorín.

El 7 de octubre de 2001, la administración Bush anunciaba a un eufórico pueblo estadounidense que habían realizado el primer bombardeo sobre territorio afgano como parte de una operación conjunta de la OTAN, amparada en una libre interpretación del artículo 51 de la carta de la ONU sobre la defensa de agresiones, con el objetivo de acabar con Al Qaeda (financiada y entrenada por EEUU en su origen), arrestar y juzgar a Osama Bin Laden por el 11-S e instaurar una democracia estable en la región. Durante estos primeros años, el republicano fue desarrollando una terminología propia del tipo “Doctrina Bush” o “guerra preventiva” para justificar casi cualquier decisión tomada, por graves que fueran las consecuencias.

Más de década y media después, 150.000 muertos solo entre civiles y combatientes afganos hasta 2014 y tres presidentes estadounidenses diferentes, la guerra no está más cerca de terminar ni la democracia de convertirse en el sistema político del país. Barack Obama, en 2014, declaró que las actividades de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad), como se conoce a la coalición desde diciembre de 2001, habían concluido pero el número de soldados de diversos países sigue siendo considerable para una operación que “ha terminado”.

Los conflictos en países cercanos, internos o provocados por intervenciones externas, y la aparición del grupo terrorista Estado Islámico como nuevo bando beligerante hacen que la guerra y la inestabilidad de la región no haya hecho más que crecer en los últimos años. Ahora depende de las potencias occidentales que iniciaron la guerra y la invasión asumir las consecuencias de sus fracasadas estrategias o lavarse las manos y cubrir lo ocurrido bajo las arenas del desierto.