Vietnam: un terreno pantanoso para las potencias extranjeras

Vietnam no fue nunca un país dócil para la dominación foránea, como experimentaron los estadounidenses en una guerra de cuyo final –30 de abril de 1975– se cumplen 45 años en 2020. Antes que ellos, supieron de la fiereza vietnamita los franceses, vapuleados en la colonial Guerra de Indochina, y durante siglos otros vecinos más próximos, como los mongoles y sobre todo los chinos

Vietnam
Imagen: Thuy Ha Bich (Pixabay)

Durante nada menos que un milenio (111 a.C.-938), las pujantes dinastías chinas practicaron una expansión casi constante sobre el delta del río Rojo, en el norte del actual Vietnam, y consiguieron dominarlo, pero no sin sufrir levantamientos y revueltas contumaces de sus habitantes.

La historia vietnamita está jalonada de personalidades que plantaron cara a los conquistadores procedentes de Xi’an o Pekín. Las primeras en hacerlo, recordadas como heroínas nacionales, fueron las legendarias hermanas Tru’ng, hijas de un general, que se rebelaron en el año 40 de nuestra era a instancias de la mayor, llamada Trac, cuyo marido había sido asesinado por el gobernador colonial. Famosas por luchar a lomos de elefantes, recuperarían sesenta y cinco ciudades del yugo chino, de forma que Trac pudo proclamarse reina de ellas. Se mantuvo durante tres años en el trono.

 

China se afanó siempre en dominar Vietnam, a pesar de la resistencia hallada: le interesaba su frente costero

Hermanas Trung
Imagen: Wikimedia Commons.

 

El “bárbaro” sur pacificado

Las crónicas históricas chinas se refieren constantemente a los vietnamitas como “bárbaros del sur”; de ahí que, al subyugar la región, la bautizaran como Annam, que significa “el sur pacificado” (nombre con el que también lo conocerían más adelante las potencias coloniales europeas). Para civilizar a la población, los chinos introdujeron el mandarín entre la élite feudal, los educaron en el confucianismo y practicaron en general una fuerte asimilación cultural, así como económica y agraria: extendieron tanto el cultivo del arroz como su tecnología hidrográ­fica, para dominar los grandes cursos fluviales.

Lograr el final de la dominación china en el siglo X sería un importante factor de cohesión nacional para los vietnamitas, que resultaría decisivo en la con­figuración de su identidad. Seguramente los norteamericanos, cuando llegaron diez siglos después, no habían estudiado en profundidad su historia e ignoraban el orgullo que los caracterizaba desde tiempos remotos.

Los ocupantes chinos fueron expulsados en el año 938 tras una inapelable derrota en la Batalla del río Bach Dang, en la que los vietnamitas empalaron las embarcaciones enemigas con estacas colocadas secretamente bajo las aguas: cuando la marea bajó, las naves chinas embarrancaron en los a­ lados palos dispuestos en el lecho del río.

 

Independencia y expansión

Tras la independencia, hubo un período de incertidumbre conocido como “la anarquía de los doce señores de la guerra”, en el que los líderes militares que habían combatido a los chinos se disputaron el poder. El conflicto no se resolvería hasta treinta años después, en 968, con la subida al trono de Dinh Bo Linh, que se proclamó emperador y dio al país el nombre de Dai Viet, que significa Gran Viet. En la práctica, sin embargo, llevó a cabo una política de contemporización con la emergente dinastía china de los Song que daría buenos resultados, ya que estos le reconocieron, si bien no como emperador, como rey, lo cual en cualquier caso signi­ficaba un progreso en el fortalecimiento de una entidad política soberana al sur de las fronteras chinas.

El Dai Viet se mantendría como entidad política durante tres siglos, con mayor estabilidad sobre todo a partir de la dinastía Ly (1009-1225). La consolidación política llevó aparejadas mejoras económicas y sociales; por ejemplo, una mayor dedicación al cultivo del arroz con técnicas más eficaces propició un aumento de la población. Dar cabida a este crecimiento demográfico se convirtió en un nuevo reto y los monarcas vietnamitas miraron hacia el sur, donde, en los territorios ribereños a lo que hoy conocemos como mar de la China Meridional, se encontraba un reino llamado Champa. Lo habitaban los cham, pueblo malayo-polinesio que había adoptado la religión hinduista por la influencia de los comerciantes del vecino subcontinente.

El empuje expansionista de los vietnamitas fue a partir de entonces considerable y, tras diversos enfrentamientos, los cham les tuvieron que entregar, en el siglo XI, dos de los cuatro principados que formaban su reino. Sin embargo, con la expansión y el crecimiento de su territorio se abrieron nuevos conflictos para los monarcas de Vietnam, que iban a entrar en contacto con un enemigo también en trayectoria ascendente: los jemeres (actuales camboyanos), cuya capital era una de las ciudades más fascinantes de la época, Angkor.

 

Las tensiones acabaron por dividir el Dai Viet en dos dinastías: los Trinh, al norte, y los Nguyen, al sur

Kublai Kan
Kublai Kan: Imagen: Wikimedia Commons.

 

Victoria sobre los mongoles

Por si fuera poco, en el siglo XIII llegarían también a las fronteras del norte del Vietnam las hordas mongolas lideradas por Kublai Kan, que se había convertido en emperador de China fundando la dinastía Yuan. Hasta tres veces invadirían los mongoles Vietnam durante esa centuria. Sin embargo, el territorio vietnamita, muy pantanoso y de clima tropical, iba a demostrarse como un talón de Aquiles para los guerreros venidos de las secas estepas de Mongolia: los tres intentos de ocupación fueron rechazados por los vietnamitas, que recurrieron siempre a la táctica de evitar las grandes batallas en campo abierto y trasladar los lances bélicos a las selvas y los ríos.

El cénit de estas victorias lo marcó una batalla de rasgos similares a la que había permitido echar definitivamente a los chinos tres siglos antes y que tuvo lugar en el mismo escenario, el río Bach Dang. El general Tran Hu’ng Dao, que ya había vencido anteriormente a los mongoles, no hizo, en este choque disputado en 1388, sino emular la táctica de sus antepasados. Hostigó a sus enemigos hasta que se quedaron faltos de suministros, obligándoles así a embarcarse para, una vez en el río, entretenerles luchando hasta que la marea bajase y las estacas subacuáticas previamente colocadas hiciesen su efecto.

Durante el siguiente siglo, los vietnamitas completaron la conquista de lo que restaba del reino de Champa, cuyo pueblo iniciaría una diáspora. También atacaron a los jemeres, al reino de Laos e incluso a Birmania. Fue una etapa pujante, de creación de un dominio de pretensiones imperiales en el sudeste de Asia.

Sin embargo, las tensiones internas entre la realeza y algunos de los generales protagonistas de estos éxitos, que aspiraban a tener más poder, acabarían por dividir el reino entre una dinastía consolidada en el norte originario (los Trinh) y otra que controlaba el nuevo territorio del sur (los Nguyen), cuya ciudad principal era Saigón. Esa fue la situación que se encontraron en Vietnam los primeros misioneros cristianos europeos, que empezaron a llegar a partir del siglo XVI.

Segunda Batalla de Bach Dang
Segunda Batalla de Bach Dang. Imagen Wikimedia Commons

 

Colonialismo francés

Para entender la elevada implicación francesa en los asuntos del Vietnam del siglo XX, hay que remontarse a dos siglos antes, a cuando todavía pervivía la división dinástica. Un misionero galo, Pierre Pigneau de Behaine, dio refugio en 1777 al último príncipe de los Nguyen, huido con quince años de la destrucción de Saigón por parte de un ejército rebelde. El sacerdote no solo lo protegió, sino que le ayudó a obtener apoyos europeos en su lucha por el trono, tanto de Portugal como de sus compatriotas franceses. Para lograr esto último, el clérigo viajó a París diez años después acompañado del pequeño hijo de Nguyen, el príncipe Canh, de cinco años, que con su exotismo causó sensación en la corte parisina de Luis XVI. La promesa de que Francia, si ayudaba al vietnamita, podría “dominar los mares de China y del archipiélago (Indonesia)” sedujo al marido de María Antonieta y lo llevó a firmar el Tratado de Versalles de 1787, en el que comprometía su asistencia al rey Nguyen.

Pigneau de Behaine volvió a Annam pasando por la India, donde Francia poseía el enclave de Pondicherry (actual Puducherry); allí se le debía dar el apoyo rubricado. A la hora de la verdad, consiguió menos de lo que esperaba, pero, como había recaudado fondos en Francia, pudo organizar una pequeña armada. En ella se enrolaron varios aventureros. Uno de los más preparados, Victor Olivier de Puymanel, jugaría un papel decisivo en la europeización del ejército vietnamita y la construcción de importantes fortalezas, como la ciudadela de Saigón, que siguió los modelos de Vauban, el genio de las fortificaciones. De esta forma, finalmente, el rey protegido por Pigneau de Behaine pudo hacerse con el poder en 1802: adoptó el título de emperador y el nombre de Gia Long.

La relación establecida entre Francia y Annam acabaría por despertar el impulso colonialista de la primera, que pretendía emular la implantación en Asia del Imperio británico. Así, Napoleón III envió en 1858 una misión que, con el pretexto de proteger a los misioneros católicos, conquistaría la región sur de la Cochinchina con ayuda española. A partir de entonces, Francia pudo aumentar su influencia en las otras dos partes del debilitado reino, Tonkín (el norte) y Annam (el centro). En 1884, estableció un protectorado, y cuatro años después, en 1887, ambas regiones pasaron a formar parte de la gran Indochina francesa, que, junto a la Cochinchina, incluyó también a Camboya y posteriormente a Laos. A principios del siglo XX, la capital colonial dejaría de ser la meridional Saigón para trasladarse a Hanói, en la región de Tonkín.

 

A principios del siglo XX, la capital colonial dejó de ser Saigón para trasladarse a Hanói, en la región de Tonkín

 

La ocupación japonesa

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, una nueva potencia entra en escena en el país: Japón. Los nipones mantenían su propio enfrentamiento con China, que recibía suministros desde Vietnam por vía férrea. Por ello, Japón primero presionó al debilitado gobierno colonial francés, cuya autoridad y efectividad habían quedado muy mermadas por la ocupación alemana de la metrópoli. Ante la falta de resultados, los japoneses mandaron una expedición en septiembre de 1940, que dio lugar a un asentamiento permanente permitido por los franceses.

La presencia japonesa se iría incrementando al año siguiente y logrando más concesiones de los administradores galos. El 25 de julio de 1941, soldados del ejército imperial nipón ocuparon Saigón y tomaron así el control sobre todo Vietnam. Para entonces, Japón ya era visto como un enemigo por los aliados, al haber firmado el año anterior el Pacto Tripartito de alianza con la Alemania nazi y la Italia fascista, de modo que la expansión del Imperio del Sol Naciente en Indochina provocó una reacción inmediata, tanto de Estados Unidos, que congeló los fondos e inversiones japoneses en su país, como de Gran Bretaña y los Países Bajos, que interrumpieron toda clase de comercio con los nipones. La posición de los holandeses tuvo una gran trascendencia económica, pues, desde sus posesiones coloniales en las islas de Indonesia, la rica Compañía de las Indias Orientales neerlandesa abastecía de petróleo a Japón. Y este, acuciado por la escasez de suministros de materias primas, invadiría dichas islas e, inmerso ya en la dinámica bélica, llevaría a cabo el decisivo ataque a Pearl Harbor

Así pues, los acontecimientos en la remota Indochina francesa acabarían teniendo, por un efecto dominó, una gran trascendencia en uno de los enfrentamientos bélicos más brutales de toda la historia, la Segunda Guerra Mundial. Vietnam, una vez más, se demostraba como terreno pantanoso para las potencias invasoras. Por si fuera poco, entre los vietnamitas había surgido un nuevo movimiento opositor frente a la ocupación extranjera, en esto caso japonesa. En 1941 se constituía el Vietminh o Liga para la Independencia de Vietnam, una alianza entre comunistas y nacionalistas cuyo líder iba a ser un personaje de enorme trascendencia: Ho Chi Minh.

Ho Chi Minh
Ho Chi Minh. Imagen: Getty Images.