Puntos calientes en una Guerra Fría

Tras la II Guerra Mundial, el planeta se volvió a dividir en dos bloques antagónicos, ahora dirigidos por EE UU y la URSS. Sin embargo, la tan temida III Guerra Mundial no estalló –debido a la disuasión nuclear– y la pugna se basó en maniobras y choques indirectos para ocupar o desestabilizar otros países y así sumarlos al bloque respectivo. Estos fueron algunos de los más candentes focos de conflicto entre ambas superpotencias.

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Bahía de Cochinos (Abril de 1961)

 

La Batalla de Bahía de Cochinos o Playa Girón (Cuba) es uno de los choques más conocidos de la Guerra Fría, pero paradójicamente uno de los menos analizados en profundidad, a pesar de que contó con operaciones aerotransportadas, desembarcos, combates aéreos y aeronavales y la captura de todo el contingente de ataque. Todo comenzó con el triunfo de la Revolución de Fidel Castro en 1959, que llevó al presidente Kennedy a organizar una operación contrarrevolucionaria desde Nicaragua que culminaría con el desembarco en Cuba de la llamada Brigada 2.506, una unidad formada por exiliados (en su mayoría, jóvenes de la burguesía cubana: ingenieros, abogados, arquitectos...). Sin embargo, los esfuerzos por ocultar la intervención de Washington en la operación la condenaron al fracaso, al privarla de medios de combate suficientes. De hecho, uno de los principales errores de planteamiento fue confiar la coordinación del desembarco a la CIA, una institución con gran experiencia en misiones encubiertas a pequeña escala, pero incapaz de dirigir a contingentes de 1.500 soldados con apoyo aéreo y naval.

El desembarco sería precedido por una campaña de bombardeo aéreo de tres días de duración, que privaría a los cubanos de sus medios de defensa aérea atacando sus aeropuertos. Primer “recorte”: la CIA redujo los 16 bombarderos B-26 previstos a tan solo 8. Frente a ellos, los castristas contaban con 12 pilotos capaces de volar en aviones de combate y con 5 cazas a hélice Sea Fury, 5 reactores T-33 y otros 6 bombarderos B-26.

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El desembarco fallido

El ataque, iniciado el 15 de abril de 1961, tuvo un primer éxito relativo que alentó grandes esperanzas. A las 3 de la mañana, los B-26 despegaron entre la niebla a escasos 1.000 metros de altura –para burlar los radares cubanos– y se dividieron en tres grupos. Los bombarderos pillaron en tierra a los aviones castristas en Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños, pero se encontraron con una inmensa concentración de artillería antiaérea en Ciudad Libertad. Al final de la jornada, los atacantes habían perdido un avión y otros tres quedaron dañados, frente a cuatro aviones cubanos de combate destruidos. Sin embargo, el segundo ataque, planeado para el mismo día por la tarde, y los previstos para los dos días siguientes fueron cancelados por la CIA por temor a que se descubriera su intervención en los bombardeos. De este modo, Castro, puesto sobre aviso, tuvo tiempo de recuperarse del primer golpe y prepararse para lo que estaba por venir.

Así las cosas, en la madrugada del 17 de abril zarpó desde Nicaragua la fuerza de invasión de la Brigada 2.506. En Playa Girón, a la entrada de Bahía de Cochinos, hacia el este, desembarcaron los Batallones 3º, 4º y 6º (unos 540 hombres). En cambio, más al norte, en Playa Roja, al fondo de la Bahía, solo pudo desembarcar el Batallón 2º, por culpa de las barreras de coral. En el interior, fue lanzado en paracaídas el Batallón 1º en dos grupos, para proteger los accesos a cada una de las playas. El 7º quedó de reserva en Guatemala.

Debido a la distancia de vuelo (950 kms), en lugar de lanzar todos sus B-26 a la vez, los exiliados fueron despegando de dos en dos aviones y relevándose sucesivamente. En cambio, los cubanos sí podían lanzar grupos de 3, 4 y hasta 6 aviones a un tiempo, gracias a la cercanía del frente. Con ello, los atacantes perdieron el dominio de los cielos y la flota, constantemente bombardeada, hubo de abandonar la costa tras perder dos transportes que fueron hundidos. Así, el Batallón 5º, aún embarcado, hubo de escapar a nado al otro lado de la Bahía, al oeste, donde quedó inmovilizado por los pantanos y sin equipo hasta su rendición.

Castro fue informado hacia las 4 de la mañana de ese día y comenzó a enviar refuerzos a la zona con el objetivo de contener a los invasores e impedirles el acceso a la Autopista Central que, unos kms más al norte, comunicaba Cienfuegos con La Habana. Fue entonces cuando la flota norteamericana, testigo mudo del desastre, pidió a través del almirante Burke al presidente Kennedy permiso para intervenir directamente, pero este lo denegó.

Mientras, las fuerzas del comandante Oliva, en Playa Roja, reforzadas por tierra desde la otra playa, aguantaron varios ataques realizados por efectivos cuatro veces superiores a los suyos, apoyados por tanques T-34 y 36 obuses y cañones de 85 y 122 mms, hasta que, agotadas las municiones, abandonaron sus posiciones y se unieron por la noche a sus compañeros de Playa Girón, que a su vez habían rechazado otros asaltos.

 

Abandonados a su suerte

El día 18, a las 9 de la mañana, la ofensiva castrista fue momentáneamente detenida cuando la aviación rebelde concentró todos sus aviones operativos –6 bombarderos– y lanzó un ataque en masa con napalm, que aniquiló al Batallón 123º cubano. Sin embargo, el dominio de los cielos siguió siendo de los castristas, que el día 19 iniciaron su asalto final. Hacia las 15:00 horas, se dio la orden a los atacantes de dividirse en pequeños grupos y huir; durante los siguientes días, los castristas fueron capturando así a los restos de la Brigada 2.506.

El balance de la operación para esta fue de 104 muertos y 1.224 prisioneros. En el lado castrista, según los norteamericanos, hubo 1.800 muertos, una cifra claramente exagerada (sin embargo, si en esta cifra de bajas incluimos a los heridos, es probable que se acerque a la realidad). Los cubanos exiliados lucharon con notable bravura, pero abandonados a su suerte, y de este modo sus rivales, bajo la dirección del propio Castro y con un dominio apabullante del cielo, pudieron reaccionar con una increíble rapidez y los embotellaron antes de que pudieran moverse al interior, haciendo imposible cualquier resistencia.

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Ofensiva del Tet (Enero-febrero de 1968)

El movimiento descolonizador afectó a prácticamente todas las potencias occidentales; entre ellas, a Francia, que en 1954 hubo de conceder la independencia a sus colonias en Indochina, aunque el bloque occidental logró la partición de Vietnam para contar con un aliado en la zona: Vietnam del Sur. Sin embargo, su vecino comunista del norte continuó la guerra de forma indirecta –con el Viet Cong o milicias comunistas– para intentar la unión entre Saigón y Hanói. Pronto Estados Unidos intervendría en apoyo de Vietnam del Sur enviando hasta 500.000 soldados, que se enzarzaron en una agotadora guerra de guerrillas en un entorno de selvas y arrozales.

Giap, comandante de las fuerzas comunistas, intentó romper el impasse lanzando una ofensiva en todos los frentes en las fiestas del Tet, en enero de 1968, aprovechándose de las ausencias producidas en las plantillas del Ejército Sudvietnamita (ARVN en inglés) provocadas por las celebraciones. El Ejército Norvietnamita (NVA) y el Viet Cong (VC) movilizaron a 84.000 soldados para atacar 36 de las 44 capitales de provincia, 5 de las 6 ciudades autónomas, 64 de los 242 distritos y 50 pequeños pueblos.

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Saigón en llamas

El ataque más sonado se produjo en la propia Saigón. En la madrugada del 31 de enero, en una serie de acciones coordinadas, batallones del NVA y el VC bloquearon los accesos norte y noroeste de la capital sudvietnamita para evitar que llegaran refuerzos americanos desde Bien Hoa (a 20 kms) y atacaron el aeropuerto de Tan Son Nuht, donde se encontraba el cuartel general conjunto americanovietnamita (de ser destruido o tomado, las fuerzas aliadas quedarían descabezadas, al menos temporalmente), además de infiltrarse por el sudoeste, el sudeste y el nordeste, logrando cruzar algunos de ellos el Puente Newport. Sin embargo, en la lucha casa por casa todas estas unidades serían detenidas en las afueras de Saigón, excepto un pelotón de 19 soldados del Batallón C-10 que consiguió llegar hasta la embajada americana. Una vez allí, volaron el muro exterior y penetraron en los jardines antes de ser abatidos. El asalto a la embajada fue televisado en EE UU, lo que dio la impresión, alejada de la realidad, de que los comunistas habían roto el cinturón defensivo y estaban conquistando la ciudad.

El contraataque americano fue inmediato: el general Weyand lanzó a 5.000 hombres desde el oeste contra los accesos a Saigón, cogiendo por la espalda a los ocho batallones vietnamitas que atacaban por ese flanco. El 1 de febrero, de madrugada, llegaron a la ciudad dos Escuadrones de Caballería Acorazada de la División 25ª, que combatieron guiados por bengalas. Tras varios días de lucha, el 5 de febrero quedó repelido el ataque.

Otro escenario del Tet fue la Batalla de Hué, que se convirtió en una sangrienta lucha de 25 días de duración cuya crudeza fue magníficamente relatada por Stanley Kubrick en La chaqueta metálica (1987). El día 31, dos batallones del Regimiento 6º NVA acompañados del 12º Batallón de Zapadores VC lanzaron una cortina de fuego con artillería de 122 mm y avanzaron por el oeste de la ciudad ocupando toda su zona norte, la ciudad histórica, excepto el cuartel general de la 1ª División ARVN. Al otro lado del río, en la zona sur, el 4º Regimiento NVA atacó el cuartel general de los marines en Vietnam, que también aguantó. Sin embargo, todo el resto de Hué quedó en manos de los comunistas, que realizaron una limpieza de elementos hostiles a su régimen, de modo que, cuando los estadounidenses recuperaron la plaza, se encontraron fosas con 2.800 cadáveres de civiles.

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Esta vez la reacción inicial fue de los propios sudvietnamitas: el general Troung, comandante de la 1ª División ARVN, envió de vuelta a su Regimiento 3º, que estaba en una misión más al norte, y reforzado por tres batallones paracaidistas logró liberar la zona del cuartel general el mismo día 31. A partir de entonces, comenzó un lento avance hacia el sur para arrinconar a los comunistas contra el río Perfume. Mientras, en el sur, dos batallones de marines iniciaban la limpieza de la ciudad nueva apoyados por fuego naval. Cuando la ciudad fue finalmente liberada en un combate bloque a bloque, más del 50% de ella había sido destruida y los americanos habían sufrido 1.570 bajas y los sudvietnamitas 2.200. Según Washington, Vietnam del Norte contó 5.000 muertos y 98 prisioneros en su haber, aunque más probablemente, debido a lo apto del terreno urbano para la defensa, sus bajas serían equivalentes a las del otro bando.

 

La caballería, al rescate

Mientras, en Ke Shan, unos 5.000 soldados del 26º Regimiento de Marines, otro batallón del 9º, un batallón de artillería del 13º de Marines y el 37º Batallón Ranger ARVN, en un puesto aislado en medio de la selva en la frontera nordeste con Vietnam del Norte y Laos, hubieron de enfrentarse al ataque masivo de un cuerpo del NVA formado por unos 15 o 20.000 soldados (no 40.000, como las cifras oficiales americanas refieren). La situación se parecía peligrosamente a la de los franceses en Dien Bien Phu quince años antes, en una batalla que les costó la guerra.

Sin embargo, a diferencia de los galos, los americanos colocaron algunos de sus batallones fuera de la base, defendiendo las alturas que la rodeaban, para que los norvietnamitas no pudieran emplazar allí su artillería. Por otro lado, a 16 kms se encontraban las bases de Camp Carroll y Rockpile, que contaban con dos batallones de artillería pesada de 175 mm que estuvieron bombardeando las posiciones vietnamitas durante los 77 días de asedio a Ke Shan. Finalmente, el general Westmoreland ordenó lanzar la operación Niagara Falls, que consistió en machacar las posiciones de asedio norvietnamitas usando bombarderos pesados B-52, que llegaron a hacer 300 salidas diarias y lanzaron 110.000 toneladas de bombas. Según un prisionero vietnamita, uno de estos ataques aniquiló al 75% de su regimiento de 1.800 soldados. Los comunistas desistieron de atacar las colinas del norte y, dando un rodeo, avanzaron por la zona llana del sudoeste de la base de Ke Shan. Por el camino, el 6 de febrero, aniquilaron la base de Boinas Verdes de Lang Vei usando para ello a todo un regimiento de la 304ª División frente a un puñado de soldados. El 29, llegaron a plantarse en el lado sur de Ke Shan y lanzaron un asalto de infantería que fue rechazado por los Rangers ARVN. Con ello las operaciones decrecieron, pero el asedio continuó hasta que el 1 de abril la 1ª División de Caballería Aérea lanzó un ataque helitransportado desde el este, la Operación Pegasus, que rompió el frente y salvó a la guarnición de Ke Shan. Los asediados sufrieron 1.200 bajas, y la columna de relevo otras 700 más, frente a 10.000 o 15.000 de los comunistas según datos americanos (más probablemente, la mitad de esa cifra). Estados Unidos, al ver que la guerra se eternizaba, inició el camino del repliegue. Y el Viet Cong quedó tan duramente castigado que acabó por someterse a la dirección del NVA, lo que favorecería el posterior triunfo de Hanói y el final de la Guerra de Vietnam en 1975.

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