La intervención de Estados Unidos en Corea y Vietnam

La lucha contra el comunismo llevó a EE UU a guerras nada frías en distintos puntos del globo (sobre todo en Asia), mientras que la descolonización de África supuso otro foco internacional de conflicto entre los dos bloques.

Guerra de Vietnam
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Aunque, tras la Segunda Guerra Mundial, el nuevo reparto de poder estaba claro, la tradición antiintervencionista estadounidense impedía reconocer y enfrentar abiertamente las ambiciones expansionistas de Stalin, algo que no se hizo de modo oficial hasta el 12 de marzo de 1947. Ese día, el presidente Harry S. Truman pronunció un discurso ante el Congreso de Estados Unidos que cambiaría dicha tradición por la contraria y, con ello, el devenir de la posguerra.

 

La doctrina Truman

“Uno de los objetivos fundamentales de la política exterior de Estados Unidos es la creación de condiciones en las cuales nosotros y otras naciones podamos forjar una manera de vivir libre de coacción”, empezó diciendo. Luego instó a ayudar a los pueblos que luchaban “contra las minorías armadas o contra las presiones exteriores que intentan sojuzgarlos”. Consciente de que para lograr el apoyo de la Cámara debía asustar, Truman presentó un mundo dividido en dos: uno basado en la libertad y otro en la tiranía. “Los comunistas y el crimen están involucrados en una conspiración para quitarle libertad al mundo. Si ellos triunfan, Estados Unidos estará entre sus principales víctimas”, sentenció ante aquella dicotomía en la que, por supuesto, los buenos eran ellos.

Truman se refirió expresamente a dos países a los que ya no podía seguir ayudando una Gran Bretaña debilitada: Grecia, donde se libraba desde 1946 una guerra civil entre un gobierno conservador prooccidental y guerrillas comunistas, y Turquía, bajo presión soviética. “Si Grecia fuera a caer bajo el poder de una minoría armada, el efecto sobre su vecino, Turquía, sería inmediato y grave. La confusión y el desorden podrían fácilmente extenderse por todo el Medio Oriente”, dijo. Y acto seguido pidió al Congreso 400 millones de dólares, así como el envío de personal estadounidense, tanto civil como militar, a la zona. Como señaló el periodista Walter Lippmann, no eligió a Turquía y Grecia porque tuviesen “una necesidad especial de ayuda”, sino por constituir “la puerta estratégica que da acceso al mar Negro y al corazón de la Unión Soviética”.

Harry Truman
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La Doctrina Truman, que la URSS entendió como un ataque directo, anunciaba un cambio esencial en la política exterior norteamericana: era la primera vez que se destacaba como prioridad la contención del comunismo y consolidó la fragmentación del mundo en los dos bloques definidos tras la guerra, ruptura que sería cada vez más evidente. Y, tras aquel 12 de marzo, EE UU pasó de la teoría a la práctica, de las advertencias a los hechos.

 

Corea: la Guerra Fría sale de Europa

Después de que los comunistas alcanzaran el poder en China en 1949, y de que ese mismo año los soviéticos detonaran su primera bomba atómica, surgió en Corea un conflicto que –pese a carecer el país de importancia estratégica real– llevó la Guerra Fría más allá de Europa.

El 8 de agosto de 1945, rompiendo el pacto de no agresión firmado con Japón, la Unión Soviética había ocupado Corea. Estados Unidos, que no contaba con fuerzas allí, había ordenado entonces delimitar dos zonas de ocupación escogiendo una demarcación alrededor del Paralelo 38, que los soviéticos aceptaron. La idea era separar a las tropas de ambos países que combatían a los japoneses, para evitar incidentes.

Bombardeo sobre Corea
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La ONU reconoció la independencia de Corea en 1947, pero al año siguiente el país se fragmentó en dos Coreas enfrentadas, la del Norte (comunista) y la del Sur (nacionalista). Tras dos años y varios intentos de unificación fracasados, los americanos reconocieron a la República de Corea, presidida por Syngman Rhee, y los soviéticos a la República Popular Democrática de Corea y a su líder, Kim Ilsung. Al tiempo que Moscú fortificaba la frontera y consolidaba el régimen comunista en su área, Washington hacía lo propio y establecía un sistema parlamentario en la suya.

Cuando, en la madrugada del 25 de junio de 1950, una llamada telefónica despertó al general Douglas MacArthur y le comunicó que fuerzas norcoreanas habían cruzado el Paralelo 38, no podía creerlo. Según contó en sus memorias, el comandante supremo aliado en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial sintió un escalofrío: recordó otra llamada, la que casi nueve años antes le había anunciado el ataque japonés a Pearl Harbor. Quiso pensar que esta vez se trataba de una falsa alarma... pero no lo era.

Douglas MacArthur
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Regreso y caída de MacArthur

Ese mismo día, el Consejo de Seguridad de la ONU, con ausencia de la URSS, acordó declarar agresores a los norcoreanos y ordenarles retirarse al otro lado del Paralelo 38. Truman, que mandó enseguida a MacArthur en ayuda de los surcoreanos, obtuvo lo que quería cuando, dos días después, Naciones Unidas decidió que todos los Estados miembros apoyasen a Corea del Sur. Finalmente, colaborarían quince de ellos.

Cuando MacArthur se personó en el frente, se encontró con el peor escenario: los norcoreanos asediaban Seúl y reinaba el caos más absoluto. El militar y el presidente tenían opiniones distintas sobre el conflicto. El primero planteó dos condiciones indispensables: el bombardeo de las zonas de abastecimiento de los chinos por encima del río Yalu –frontera natural entre Corea del Norte y China– y el empleo de los 35 000 soldados ofrecidos por Chiang Kai-shek, presidente de Taiwán. Truman se negó, porque no quería implicar al gigante asiático. MacArthur sería a la postre destituido y sustituido por el general Matthew Ridgway, pero la guerra siguió adelante con China plenamente involucrada en el apoyo a los norcoreanos.

Desde principios de 1951, los soldados de ambos bandos empezaron a mostrar agotamiento y las acciones bélicas a limitarse a escaramuzas. Tanto chinos como americanos adoptaron la táctica de golpes y retiradas, que en el caso de EE UU se tradujo en la llamada Operación Punch: entrar en territorio enemigo causando los mayores daños posibles para replegarse después. Mientras la contienda proseguía a bajo nivel, el 10 de julio se iniciaron largas negociaciones. Dos años después se alcanzaría un acuerdo, pero no uno de paz, sino un mero armisticio. Se volvía a la misma situación del 25 de junio de 1950: un Norte empobrecido y un Sur abierto a la industria y el comercio. Los norcoreanos suelen jactarse de haber infligido al mayor imperio militar su primera debacle. La Guerra de Corea, que se dio por finiquitada en julio de 1953, fue en efecto un conflicto en el que Estados Unidos perdió al no poder imponerse. No obstante, según escribió el propio Ridgway, marcó “el principio de una era en que no será posible para nuestra nación asegurar la paz simplemente con eludir los problemas extranjeros”.

Guerra de Corea
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Represalia masiva

Así, a partir de la Guerra de Corea, la política estadounidense se endureció. En la Casa Blanca, Eisenhower sustituyó a Truman, y él y los republicanos reprocharon a los demócratas haber “perdido” China y haberse dejado amilanar en Corea. El arsenal atómico de EE UU era ya de varios miles de bombas y su flota superaba los 2000 destructores. En ese contexto de superioridad, el secretario de Estado, John Foster Dulles, lanzó en 1954 la Doctrina de la Represalia Masiva, que sería aprobada por el Congreso. La idea era que, en caso de agresión comunista, se otorgaba al gobierno americano el derecho a intervenir militarmente a escala masiva en cualquier país. El objetivo de esta doctrina era, por una parte, evidenciar que Estados Unidos tenía un poder casi ilimitado y que podía emplearlo en cualquier rincón del mundo en un tiempo récord para resolver cualquier situación que no le gustase. Y, al mismo tiempo, era un mensaje a británicos y franceses: solo existía ya una superpotencia en Occidente.

Interpretada como una amenaza de ataque nuclear contra objetivos en la URSS y China, la Represalia Masiva fue muy criticada por su carácter de castigo desproporcionado, que sería menos creíble a medida que la fuerza nuclear soviética fue equiparándose a la americana y permitió hacer gala a los rusos de la misma estrategia. La partida, por ahora, seguía en tablas.

Tras el fiasco de Corea, llegó una decepción aún mayor para los americanos: Vietnam. La ocupación del país por parte de Francia en el siglo XIX había dado pie al rápido surgimiento de un nacionalismo vietnamita. Durante la Segunda Guerra Mundial fue Japón quien lo invadió, evidenciando así la debilidad de la metrópoli europea. Únicamente la guerrilla del Viet Minh (Frente para la Liberación de Vietnam), que luchaba contra el dominio colonial y que dirigía Ho Chi Minh, plantó cara al ejército nipón. Cuando en 1945 Japón abandonó Indochina –de la que entonces formaba parte Vietnam–, Ho Chi Minh, pese a dominar solo la mitad septentrional del país, proclamó la independencia de la República Democrática de Vietnam (o Vietnam del Norte); Francia abandonó dicho territorio y se inició la Guerra de Indochina (1946-1954).

Guerra de Vietnam
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El avispero de Vietnam

En la Conferencia de Ginebra (abril-julio de 1954) se acordó dividir provisionalmente el país en dos: un Norte comunista y un Sur no comunista que no tardaría en ser un títere de Estados Unidos. Parecía la única forma de evitar que el país entero quedase en la órbita soviética. EE UU empezó a enviar ayuda – dinero, armas, asesores militares– a Vietnam del Sur, regido por un gobierno sin apoyo popular dirigido por Ngo Dinh Diem, autoritario y ultraconservador. Aquello no podía durar: en 1963, le hizo caer un golpe de Estado patrocinado por los americanos.

Pero los estadounidenses esperaban la ocasión de intervenir abiertamente y la encontraron en 1964, cuando se produjo un supuesto ataque norvietnamita a dos de sus barcos de guerra. EE UU justificó su postura como una “defensa de la democracia”, pero en realidad le movía el miedo: creía que, si Vietnam del Sur caía en la órbita comunista, los países vecinos lo seguirían en un imparable efecto dominó. Por eso, no escatimó en gastos: envió más de medio millón de soldados, al tiempo que la URSS mandaba ayuda –en cantidad mucho menor– a Vietnam del Norte.

En la Guerra de Vietnam parecía, en un principio, que el coloso americano iba a imponerse sin problemas, pero en 1968 la contienda dio un vuelco: el Norte lanzó la Ofensiva del Tet sobre más de cien poblaciones sureñas, incluida la capital, Saigón. Fueron repelidos, pero resultó un gran triunfo psicológico.

Protesta contra la Guerra de Vietnam
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Una guerra impopular

Aunque la opinión pública americana empezaba a criticar duramente la guerra, cuando Nixon ganó las elecciones, en noviembre de ese año, los bombardeos se intensificaron. A los estadounidenses se les resistía la victoria, y entre sus tropas terminó reinando el caos. Pese a la creciente impopularidad del conflicto, Nixon lo extendió al ordenar invadir Laos y Camboya, acusándoles de dar refugio a los norvietnamitas. Una vez más, los resultados fueron escasos.

Finalmente, los representantes de Washington y Hanói (capital de Vietnam del Norte) firmaron la paz en abril de 1975. Sin apoyo norteamericano, el gobierno de Vietnam del Sur no tardó en caer: en medio de una desbandada general, el Vietcong tomó Saigón y puso fin a tres décadas de violencia. Vietnam quedaba reunificado, pero totalmente destrozado.

Aquella había sido una guerra extraña y no querida, en la que los soldados americanos no tenían claro dónde estaba el frente ni qué hacían allí. Fue una contienda en parte televisada; la gente vio morir a los jóvenes y las fuerzas armadas no pudieron evitar que los periodistas explicaran al mundo lo que estaba pasando en inquietantes crónicas y aterradoras fotos. El cine tampoco tardaría en recrear un conflicto que vio regresar a casa a soldados humillados por la derrota y marcados por el rechazo social. En un contexto protagonizado por la eclosión hippie, la lucha por los derechos civiles y las manifestaciones pacifistas, la Guerra de Vietnam quedó marcada a fuego en el imaginario colectivo, y la herida sigue aún abierta para muchos americanos.

Estados Unidos halló en Vietnam el lugar donde poner a prueba su resolución a resistir el avance comunista, mientras que la URSS y China mostraron su disposición a favorecer los movimientos de liberación nacional y la expansión del socialismo. La conflagración más larga de la Guerra Fría había empezado siendo un conflicto colonial, pero pronto se adaptó a los parámetros de la era de los bloques y terminó siendo uno de sus hitos más significativos.