La Guerra de los Balcanes, un polvorín en el corazón de Europa

Tras la II Guerra Mundial, seis repúblicas, dos regiones autónomas, cuatro idiomas y tres religiones se integraron en la recién nacida Yugoslavia. Sin embargo, varios factores allanaron el camino para que todo saltara por los aires con brutal violencia en la última década del siglo.

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Batalla de Vukovar (junio-noviembre de 1991)

En 1990, Croacia celebró elecciones que dieron el poder a los nacionalistas, lo que puso fin al régimen comunista. La Unión Democrática Croata se situó al frente del gobierno, con Franjo Tuđman como presidente, y las tensiones no tardaron en llegar. La frontera entre Serbia y Croacia había sido definida en 1945 por una comisión del gobierno federal yugoslavo asignando las áreas con mayoría de población serbia a la República Socialista de Serbia, mientras que las que tenían mayoría de población croata quedaron dentro de la República Socialista de Croacia. Ese diseño había dejado una nada despreciable minoría serbia en territorio croata y el programa del nuevo presidente Tuđman no era bien visto por dicha minoría, entre otras razones porque no se tenía en cuenta su presencia. Otro motivo de conflicto era el empleo de iconografía nacionalista relacionada con el movimiento fascista croata Ustacha, que había sido responsable durante la Segunda Guerra Mundial de la desaparición de decenas de miles de serbios.

En este escenario, el Partido Democrático Serbio organizó una rebelión armada en zonas habitadas por los serbios en Croacia y estableció la autodeclarada República Serbia de Krajina, con el apoyo del gobierno yugoslavo y de grupos paramilitares. Así, en febrero de 1991, los serbios de Krajina declaraban su independencia de Croacia y, dos meses después, los habitantes serbios de Vukovar y de otras ciudades de Eslavonia oriental construían barricadas en las principales carreteras. Esas barricadas, y las primeras muertes provocadas por el conflicto en Borovo Selo, unos kilómetros al norte de Vukovar, serían el preludio de la Guerra de Croacia (1991-1995).

El municipio de Vukovar, uno de los más ricos de Yugoslavia hasta la guerra, contaba entonces con cerca de 85.000 habitantes, de los cuales casi el 44% eran croatas y el 37,5% serbios (el resto pertenecían a otros grupos étnicos). Fue allí donde se dio un asedio que conmocionaría a la comunidad internacional: después de meses de bombardeos y luchas, Vukovar se convirtió en la primera ciudad europea importante totalmente destruida desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La tensión había crecido tras los primeros enfrentamientos entre la Guardia Nacional Croata, muy desorganizada entonces, y las milicias serbias de Krajina y Eslavonia, apoyadas por el Ejército Popular Yugoslavo. Fue entonces cuando la ofensiva serbia se trasladó a Vukovar. En esa época, la Guardia Nacional Croata constituía un abigarrado conjunto de unidades paramilitares, policías y voluntarios con escaso material pesado que no parecía suficiente para oponerse a las fuerzas serbias, que empezaron a bombardear Vukovar sin tregua en junio de 1991. A finales de julio, una fuerza de defensa croata improvisada en la ciudad fue rodeada casi totalmente por las milicias serbias.

 

Un fracaso europeo

A partir de entonces, Vukovar se convirtió en el escenario de un espantoso asedio. Para el mes de septiembre, los habitantes que quedaban en la ciudad –tanto croatas como serbios– se hacinaban en refugios antiaéreos que llegaron a acoger hasta a 700 personas. Los alimentos y el agua comenzaron a escasear y racionarse, mientras en el hospital municipal se atendía a decenas de heridos a diario, tres cuartas partes de ellos civiles. También este edificio acabó siendo atacado: se calcula que más de 800 proyectiles impactaron en su fachada.

Los 1.800 hombres de la Guardia Nacional Croata, apoyados por unos 300 policías y más de un millar de voluntarios civiles, plantaron cara a los atacantes sin demasiados medios hasta que, a finales de septiembre, se reorganizó formalmente el cuerpo para dar lugar a la Brigada de Vukovar 204 (más tarde rebautizada como Brigada 124), lo que aumentó la eficacia de la defensa. No obstante, el Ejército Popular Yugoslavo, junto a tropas paramilitares, se hizo el 9 de noviembre con una cumbre clave, Milova Brda (la Colina del Molino), y el día 13 logró cortar el acceso a Vukovar desde Naselje Borovo, rodeando así totalmente la ciudad. Las fuerzas croatas intentaron sin éxito romper el cerco por última vez atacando desde la localidad de Nuštar. Ante la inevitable derrota, soldados y civiles trataron de escapar en masa, únicamente para encontrar la muerte. Finalmente, el 18 de noviembre, los últimos defensores de Vukovar se rindieron.

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En los cinco meses que duró el conflicto, cientos de soldados y civiles fueron masacrados y se deportó al menos a 31.000 habitantes de la zona. Todo esto ocurría ante la pasividad, primero, y la impotencia, más tarde, de la comunidad internacional. Aunque en un principio la Comunidad Europea no quiso intervenir, finalmente organizó una Conferencia de Paz para la ex Yugoslavia coordinada por el diplomático británico Lord Carrington. Sus esfuerzos no tuvieron éxito, pero dieron paso poco después a la implicación en la resolución del conflicto del estadounidense Cyrus Vance, negociador de la ONU.

Este organismo impuso un embargo de armas en todas las repúblicas yugoslavas a través de la Resolución 713 de su Consejo de Seguridad, embargo que los acontecimientos posteriores demostrarían ineficaz. En cuanto a las violaciones de derechos humanos que siguieron a la batalla, tampoco los observadores y mediadores internacionales fueron capaces de frenarlas. La intervención externa, de este modo, acabó siendo un rotundo fracaso europeo.

 

El sitio de Sarajevo (1992-1996)

El asedio más prolongado a una ciudad en la historia de la guerra moderna tuvo lugar en Sarajevo entre el 5 de abril de 1992 y el 29 de febrero de 1996, y se saldó con más de 12.000 muertes, además de cerca de 50.000 heridos. Ya en los meses previos a la declaración de independencia de Bosnia y Herzegovina, las fuerzas del Ejército Popular Yugoslavo se desplegaron en las colinas que rodean la ciudad de Sarajevo ganando posiciones y anticipándose a los hechos que ocurrirían un poco más tarde, cuando llegó el día de la declaración.

En esa jornada se produjeron manifestaciones contra la guerra y un grupo acudió ante el edificio del Parlamento, donde empezó el fuego contra la multitud desde la sede del Partido Democrático Serbio. Poco después, un grupo paramilitar serbio atacaba la Academia de la Policía. El caos comenzó reinar en Sarajevo, sobre todo después de que la República Srpska (serbobosnios) declarara su independencia de Bosnia pocos días después de que lo hiciera esta. Unas semanas más tarde, el 2 de mayo de 1992, el Ejército de la República Srpska, al que se habían transferido las unidades serbobosnias del Ejército Popular Yugoslavo, estableció oficialmente un bloqueo en la ciudad cerrando carreteras y cortando el agua, la electricidad y los envíos de alimentos y medicinas.

Aunque numéricamente las fuerzas bosnias eran superiores, apenas tenían armamento con el que defender la ciudad, por lo que las fuerzas de asedio fueron debilitando Sarajevo, que recibió una media de más de tres centenares de impactos de proyectiles por día durante todo el asedio. Quienes lo vivieron aseguraban que los francotiradores tomaron por completo la ciudad, y era tan peligroso cruzar algunas calles que una zona como el bulevar Mese Selimovica empezó a conocerse como “Avenida de los Francotiradores”.

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Los supervivientes contarían después que consiguieron mantenerse con vida en parte gracias a un túnel que se excavó bajo la ciudad, terminado a mediados de 1993, por donde se fueron introduciendo suministros a Sarajevo. Era también el lugar que se usó para eludir el embargo internacional de armas.

Cuando concluyó el asedio, la población se había reducido en casi un 35%. El 85% de las víctimas fueron civiles; entre ellas se encontraban las que fallecieron en las masacres del mercado de Markale, donde perecieron 68 civiles en un primer ataque y 43 año y medio después. En respuesta a esos actos, la ONU emitió un ultimátum y comenzó el fin del asedio: se declaró un alto el fuego en octubre de 1995 y los Acuerdos de Dayton llevaron finalmente a la paz.

 

Operación Fuerza Aliada en Kosovo (marzo-junio de 1999)

El papel que jugarían los organismos internacionales unos años después en otro de los choques de las guerras de los Balcanes sería mucho más decidido. En este caso, la protagonista fue la OTAN, y el escenario, Kosovo. La que fuera región autónoma comenzó a ver cómo cambiaba su situación política después de que la República Socialista de Serbia aboliera la Constitución yugoslava de 1974. Ocurrió en septiembre de 1990, y desde entonces los albaneses que residían en Kosovo, que integraban la etnia mayoritaria, se sintieron atacados por una República en la que afirmaban que no se reconocían sus derechos fundamentales. Así, por ejemplo, denunciaron ante la comunidad internacional la restricción del idioma albanés en radio y televisión y el cierre de periódicos en esa lengua. Otra forma de opresión consistió en los despidos de albaneses que ocupaban puestos de trabajo en instituciones públicas como hospitales, escuelas, facultades universitarias, oficinas de correos o bancos. Todo ello fue creando el caldo de cultivo para que parte de los albaneses residentes en Kosovo crearan, en el año 1996, el Ejército de Liberación de Kosovo.

Los insurgentes, empero, no comenzaron a actuar hasta 1998, cuando estalló el primer enfrentamiento armado contra las fuerzas de la ya entonces llamada República Federal de Yugoslavia. Pasarían varios meses hasta que la OTAN consiguiera un alto el fuego en octubre de ese año, aunque este no tardaría en romperse. Apenas dos meses después, ambos bandos reanudaban el combate, hasta que un episodio marco una intervención más decidida de la OTAN: la masacre de Račak, en la que fueron asesinados casi medio centenar de albaneses. A partir de entonces, una fuerza militar para el mantenimiento de la paz bajo el mando de la OTAN se encargó de reprimir a las dos partes. Al mismo tiempo, entre enero y febrero de 1999, se buscó una solución al conflicto a través de una serie de negociaciones conocidas como la Conferencia de Rambouillet.

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El entonces Secretario General de la OTAN, el español Javier Solana, advirtió en los inicios de la negociación que, de no tener éxito esta, las fuerzas de la Alianza atacarían el país. Y así fue: los bombardeos comenzaron el 24 de marzo de 1999, después de que la delegación federal yugoslava rechazara los términos de un acuerdo que reducía su poder sobre Kosovo. El acuerdo proponía que esta región fuera oficialmente una provincia de Serbia y funcionara como una tercera república de la República Federal de Yugoslavia, pero con mayor autonomía que Serbia y Montenegro con respecto al gobierno federal. Serbia lo consideró inaceptable, porque con ello Kosovo obtendría representación en el Parlamento yugoslavo aunque este no tuviera jurisdicción de facto sobre su territorio.

Los ataques que tuvieron lugar en 1999, y que fueron conocidos como los bombardeos de Kosovo, supusieron la segunda gran guerra de la OTAN desde su creación tras la Operación Fuerza Deliberada en 1995 (bombardeos en respuesta a los ataques contra civiles en Bosnia). Una de las principales polémicas respecto a esta operación, que se prolongó durante casi tres meses, es que la OTAN la inicio sin autorización previa del Consejo de Seguridad de la ONU, razón por la que distintas voces del ámbito político internacional han considerado que los bombardeos supusieron una violación de la Carta de Naciones Unidas. La llamada Operación Fuerza Aliada se propuso acabar con objetivos militares, económicos y sociales estratégicos bombardeando instalaciones gubernamentales, puentes, cuarteles, fabricas, plantas de energía y de procesamiento de agua o la emisora estatal.

 

Consecuencias de los bombardeos

El conflicto, que finalmente termino el 11 de junio de 1999 después de que el presidente yugoslavo, Slobodan Milošević, aceptara las condiciones ofrecidas por un equipo de mediación ruso-finés y se acordara una presencia militar dentro de Kosovo encabezada por la ONU, pero incorporando tropas de la OTAN, se saldó con la muerte de 462 soldados, 114 policías, entre 1.200 y 5.700 civiles yugoslavos y tres periodistas chinos. También murieron dos soldados de la OTAN en un accidente de helicóptero fuera de combate. El derrocamiento de Milošević ocurrió un año más tarde. Nueve años después de la operación, la Republica de Kosovo declaró la independencia.

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