Fenómenos extraños de la Segunda Guerra Mundial

Aunque el conocimiento que tenemos de la Segunda Guerra Mundial es exhaustivo, aún quedan hechos para los que no se ha encontrado una explicación, lo que los ha convertido en terreno abonado para ufólogos y conspiranoicos. Entre ellos están los misteriosos objetos que se vieron en el cielo de Los Ángeles en febrero de 1942 o las inquietantes luces que pudieron contemplar las tripulaciones de los bombarderos aliados.

Pearl Harbor
Imagen: Wikimedia Commons

El ataque japonés a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, y la consecuente entrada en la guerra de Estados Unidos desataron en la costa oeste norteamericana el temor a una invasión nipona y en todo el país un fuerte sentimiento antijaponés. En ese ambiente de psicosis, la noche del 24 de febrero de 1942 ocurrirían unos hechos que provocaron el pánico entre la población de Los Ángeles.

A las siete de la tarde ya se había detectado en la costa californiana la presencia en el cielo de unas extrañas luces parpadeantes, por lo que saltó la alarma en los puestos de defensa costera ante la posibilidad de que se tratase de aviones japoneses. Aunque desaparecieron al cabo de unos minutos, el estado de alerta duró hasta las diez y media de la noche, sin que se volviera a tener noticia de las luces.

A primera hora de la madrugada, los radares detectaron un objeto indeterminado acercándose a Los Ángeles desde el mar, pero al cabo de unos minutos el objeto había desaparecido de la pantalla sin dejar rastro. Aun así, algunos vigías comunicaron avistamientos de aviones a lo largo de la costa, pese a que los radares no los detectaban. Finalmente, a las 2:25 horas se avistó una formación de aparatos acercándose a la ciudad y se activaron las sirenas.

 

Se ha especulado con que las densas nubes de humo del fuego antiaéreo causaran la confusión óptica

Pearl Harbor
Imagen: Wikimedia Commons

 

La batalla de Los Ángeles

Las baterías antiaéreas comenzaron a disparar. Los reflectores apuntaron al cielo y descubrieron la presencia de unos objetos plateados que se movían a altitudes de entre 3 000 y 6 000 metros. La velocidad de estos aparatos, unos 300 km/h, era sorprendentemente lenta para tratarse de aviones militares. Para sorpresa y alivio de todos, ninguna bomba fue arrojada sobre la ciudad. No obstante, un apagón eléctrico que duraría cinco horas no ayudó a que se recobrase la calma.

Pasada la inofensiva incursión aérea, era el momento de precisar qué era lo que había sobrevolado esa noche Los Ángeles. Los testimonios eran muy dispares. Miles de testigos habían visto «grandes bolsas que flotaban en el aire», mientras que otros observaron tan solo unas extrañas luces rojas en el horizonte que realizaban vuelos en zigzag. Hubo quienes dijeron haber visto una gran máquina suspendida en el aire, contra la que nada podían hacer los proyectiles que le disparaban las baterías antiaéreas, que luego se marchó lentamente siguiendo la línea de la costa. La prensa publicó una fotografía en la que parecía advertirse, iluminado por los proyectores, un gran objeto circular.

Las autoridades militares no darían ninguna explicación convincente del suceso, que fue catalogado de falsa alarma. El informe oficial sobre esos hechos no sería desclasificado hasta 1974. En él se aseguraba que «unos 15 aviones no identificados sobrevolaron Los Ángeles a velocidades muy lentas» y que la explicación más razonable era que se trataba de «aviones comerciales pilotados por agentes enemigos con el fin de crear situaciones de alarma y descubrir la posición de los antiaéreos». Supuestamente, esos agentes se habían apoderado de los aviones en aeródromos americanos. Esa explicación oficial era absurda, pero hasta hoy sigue siendo un enigma lo que en realidad ocurrió esa noche. Lo más probable es que los “objetos plateados” fueran algunos globos meteorológicos que, arrastrados por el viento, llegaran a sobrevolar la ciudad. Su lenta velocidad apoyaría esta hipótesis, así como las descripciones de bolsas en el aire y la fotografía publicada en la prensa, que podría corresponder a uno de esos globos.

No obstante, aunque los japoneses no reportaron ninguna operación de ese tipo, hubo submarinos que lanzaron hidroaviones desmontables desde catapultas, por lo que quizás uno de esos vuelos fuera el que hizo saltar las alarmas. También se ha especulado con que las densas nubes de humo provocadas por el fuego antiaéreo e iluminadas por los reflectores fueran contempladas desde tierra como naves sólidas. Sea como fuere, el incidente, que sería conocido como la “batalla de Los Ángeles”, sigue esperando su explicación definitiva.

Foo Fighters nazi
Imagen: Wikimedia Commons

 

Los ‘Foo Fighters’

En Europa también se dieron extraños fenómenos en el cielo. En este caso fueron observados por las tripulaciones de los bombarderos aliados. Se trataba de unos objetos esféricos, de diversos tamaños –podían ir desde unos centímetros de diámetro a tener el aspecto de un gran globo– y que emitían un brillo extraordinario. Su color también variaba: podía ser rojo, naranja o azul, aunque solía ser blanco o plateado. Normalmente, aparecían por la noche durante las misiones de bombardeo sobre territorio germano.

Estos extraños objetos se comportaban de un modo imprevisible y desconcertante. Se colocaban al lado de los aviones y los acompañaban durante un rato. Si el aparato conseguía burlarlo, era solo cuestión de segundos que la bola luminosa volviera a seguirlo de cerca, ejecutando maniobras imposibles para la tecnología de la época. La primera referencia oficial sería en un comunicado del cuartel general aliado del 13 de febrero de 1944, en el que se hablaba de una nueva arma de defensa antiaérea. Esos artefactos fueron bautizados como Foo Fighters, una expresión que podría traducirse como “combatientes de humo”.

La segunda referencia sería una entrevista en el New York Herald Tribune del 2 de enero de 1945, en la que un teniente describía esas misteriosas luces. A partir de ahí, las informaciones desaparecieron hasta que, tras la guerra, se reanudó el interés por el fenómeno al aparecer otro artículo, en la revista American Legion Magazine, en el que se aseguraba que esas luces correspondían a armas secretas alemanas, una información que las autoridades militares aliadas habían decidido ocultar. Como respuesta, la explicación oficial dictaminó que se trataba de alucinaciones provocadas por el cansancio, de relámpagos esféricos o del fuego de San Telmo.

Lo más probable es que todos los avistamientos de Foo Fighters puedan explicarse por esas causas naturales. Cualquier re­flejo o una chispa producida por la electricidad estática del aparato, sumados al cansancio acumulado tras horas de navegación aérea y aderezados con el temor a la aparición repentina de un caza alemán, podían dar como resultado la visión de ese fenómeno. Esta hipótesis se vería apoyada por el hecho de que luces similares fueron avistadas en otros escenarios, como Birmania, China y algunas islas del Pacífico.

 

No se puede descartar que alguno de esos objetos voladores fuera un arma alemana, como el misil Henschel Hs 293

misil tierra-aire Wasserfall
Imagen: Wikimedia Commons

 

Los autores que posteriormente han tratado el asunto se basan en supuestos testimonios que el paso del tiempo ha puesto en entredicho, ya que en muchos casos las fuentes originales resultan imposibles de identificar. Tampoco falta quien ha visto el campo abierto para relacionar esos extraños fenómenos con los platillos volantes.

No obstante, no se puede descartar que alguno de esos objetos fuera en realidad un arma germana. Uno de los candidatos sería el misil tierra-aire Wasserfall, un cohete desarrollado a partir de la bomba volante V2 y supuestamente capaz de realizar una insistente persecución de su presa en la oscuridad de la noche (la combustión de los gases de su motor podría haber sido confundida con esa bola luminosa descrita por los testigos). Sin embargo, según todas las fuentes fiables, esta arma no pasó de ser un experimento y nunca estuvo operativa, aunque especulaciones poco fundamentadas aseguran que se utilizaron unos 50 Wasserfall para combatir a los bombarderos aliados. Más verosimilitud tiene que se tratase del misil antibuque Henschel Hs 293, conocido también como “bomba planeadora”. Era disparado al aire desde un avión y podía ser guiado hacia su objetivo.

Como en el caso de la incursión aérea sobre Los Ángeles, aunque seguramente todo tenga una prosaica explicación todavía no se ha determinado cuál, por lo que siempre queda espacio para la imaginación.

B-25 Mitchell
Imagen: Wikimedia Commons

 

La batalla de los ‘pips’

Los fenómenos extraños e inexplicados también se darían en el mar. El escenario fueron las islas Aleutianas, un archipiélago de origen volcánico situado al sudoeste de Alaska y perteneciente a Estados Unidos. El 2 de junio de 1942, los japoneses invadieron las Aleutianas como un ataque de diversión para enmascarar su verdadero objetivo, que era Midway: capturaron las islas de Kiska y Attu, desplegaron unos 5 000 hombres en cada una de estas islas y establecieron una pista de aterrizaje para facilitar su aprovisionamiento.

La atroz climatología dificultó el avance nipón hacia Alaska, por lo que quedó una pequeña guarnición en cada isla. Los norteamericanos tomaron Attu en mayo de 1943, no sin grandes dificultades debido a la obstinación nipona, que incluyó asaltos suicidas. En agosto, se dispusieron a reconquistar Kiska. En esta ocasión, para aplastar de antemano cualquier resistencia, reunieron varios acorazados, cruceros y destructores con la misión de someter a la isla a un intenso bombardeo.

Fue en esos momentos, en los que las aguas que rodeaban Kiska estaban copadas por los buques norteamericanos, cuando la mayor parte de los radares de los barcos situados en esa zona mostraron en sus pantallas varios ‘pips’ que se suponía que correspondían a una formación de buques de guerra nipones. Estaba claro que se aproximaba la ­ ota imperial para socorrer a las tropas asediadas en Kiska, y había que impedirlo a toda costa. De inmediato, dos acorazados y cuatro cruceros comenzaron a disparar contra las posiciones que ocupaban presuntamente esos barcos enemigos.

 

Nadie ha podido dar todavía una explicación defi nitiva de lo sucedido ante la isla de Kiska en agosto de 1943

 

Un intenso cañoneo de media hora fue suficiente para ir apagando uno tras otro los ‘pips’ que habían aparecido en los radares, por lo que se dedujo que los barcos japoneses habían sido hundidos, asimismo, uno tras otro. La sorpresa llegaría poco después, cuando varias patrulleras se digirieron al lugar en donde debían ­ otar los restos de la armada imperial y no encontraron absolutamente nada. Los investigadores comprobaron posteriormente que en aquellas fechas ningún barco japonés surcó esas aguas, por lo que la naturaleza de aquella fantasmal ­ ota es una incógnita. En la que sería conocida como “batalla de los ‘pips’”, queda por identificar a uno de los dos contendientes. Aunque es improbable, quizás se tratase de algún banco de peces, o puede que haya que achacar el incidente a la inexperiencia de las tripulaciones en el manejo del entonces innovador radar, pero la realidad es que, hasta hoy, nadie ha podido tampoco dar una explicación de‑ nitiva de aquel extraño suceso, otro más de los enigmas que todavía encierra la Segunda Guerra Mundial.

Batalla de Attu
Imagen: Wikimedia Commons