Abwehr contra las SS, tensiones en el Tercer Reich

En 1938, el servicio de inteligencia alemán, reorganizado de cara a una posible guerra, se vio sometido a una gran presión y envuelto en intrigas y conjuras.

Soldados de las SS
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El papel jugado por la organización de inteligencia militar alemana, la Abwehr, en el entramado del Tercer Reich es un asunto que provoca no poco desconcierto a aquellos que pretenden desentrañarlo. El año 1938 resultaría determinante para fijar la identidad definitiva de esta organización, dando lugar a unas características que harían de la Abwehr un elemento destinado a frenar la amenazadora influencia de las SS, así como la política internacional agresiva de Hitler.

La organización había sido creada en 1921 como parte del Ministerio de Defensa, cuando al gobierno germano se le permitió formar el Reichswehr, el ejército de la República de Weimar. Fue bautizada como Abwehr (“Defensa”, en español) para tranquilizar a las potencias ganadoras de la Primera Guerra Mundial asegurando que su labor de inteligencia solo tendría propósitos defensivos. La verdad es que tampoco hubieran tenido fácil llevar a cabo alguna misión ofensiva, ya que su nómina apenas contaba con diez agentes. Un primer salto de calidad se dio en 1928, con su fusión con el sector de inteligencia de la Reichsmarine, y un segundo en 1932, cuando fue reorganizada por el Ministerio de Defensa, quien colocó al frente al capitán de navío Konrad Patzig. Con la subida al poder de los nazis al año siguiente, comenzaría el enfrentamiento de la Abwehr con las SS de Heinrich Himmler, quien ambicionaba poseer el monopolio del aparato de inteligencia del Reich, lo que sería una constante hasta conseguir su meta en 1944.

Patzig no pudo soportar la presión de las SS y de los propios mandos del ejército, que habían perdido la confianza en él, por lo que en 1935 fue sustituido por un hombre que marcaría el futuro carácter de la organización, el entonces capitán de navío de 47 años –y poco después almirante– Wilhelm Canaris. En esa primera fase, el nuevo jefe de la Abwehr trataría de mantener una relación cordial con las SS, pero las advertencias que había recibido de su antecesor en el cargo sobre las maquinaciones de que sería objeto por parte de Himmler y su mano derecha, Reinhard Heydrich, quien estaba a cargo del SD (Sicherheitsdienst), el servicio de inteligencia de las SS, no tardarían mucho en hacerse realidad.

 

Con los nazis en el poder, comenzaría el enfrentamiento de la Abwehr con las SS de Heinrich Himmler.

 

El incidente Skoblin

Canaris despejaría cualquier duda que pudiera albergar sobre la catadura moral de Heydrich en junio de 1937, cuando supo a través de un comunicado de la agencia soviética Tass que el mariscal Mijaíl Tujachevski y otros siete generales habían sido ejecutados por delito de traición. Esa fue la señal de una colosal y sangrienta purga del alto mando soviético, en la que se eliminaría a más de treinta y cinco mil oficiales, entre ellos el noventa por ciento de los generales.

El jefe de la Abwehr sabía de una supuesta conspiración contra Stalin en el seno del ejército soviético gracias a un doble agente, Nikolái Skoblin, un general zarista exiliado en París. Pero Canaris debió recordar que, un año antes, Heydrich había solicitado la colaboración de expertos grafólogos de su organización, capaces de falsificar la firma de Tujachevski. A Canaris no le hizo falta atar muchos cabos para deducir lo que había ocurrido, ya que sería el propio Heydrich el que presumiría de haber provocado el estallido de la purga confeccionando unos falsos documentos comprometedores que luego deslizó al servicio de espionaje checoslovaco, convencido de que los haría llegar a Stalin.

Heydrich, que conocía al dedillo las revelaciones de Skoblin, ya que contaba con agentes infiltrados en la Abwehr, explicó a Canaris que el plan había sido idea de Hitler, quien consideraba preciso diezmar el alto mando soviético. Cuando Canaris reprochó a Heydrich su responsabilidad en aquel baño de sangre, el jefe del SD mostró una cínica indiferencia.

Los historiadores tienen serias dudas sobre la influencia que pudo tener la operación pergeñada por Heydrich en la purga contra los oficiales soviéticos. Seguramente, su contribución fue mucho menor de lo estimado, ya que a Stalin no le hacían falta demasiadas excusas para enviar a opositores políticos, reales o imaginarios, a las celdas de ejecución de la policía secreta, el NKVD, después de ser humillados y condenados por el implacable juez Andréi Vyshinski. Quizás a Tujachevski se la tenía jurada desde la guerra soviético-polaca de 1919-1921, cuando se echaron la culpa mutuamente del fracaso en la captura de Varsovia, que llevaría a la derrota soviética.

Reunión de la Gestapo
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La pérdida de Tujachevski supondría un paso atrás muy importante en la modernización del ejército soviético, ya que poseía unas ideas muy avanzadas sobre estrategia militar, en particular sobre el uso combinado de tanques y aviones en operaciones de combate en profundidad; es decir, los principios que los alemanes llevarían exitosamente a la práctica con su revolucionaria Blitzkrieg . Curiosamente, durante la Primera Guerra Mundial, Tujachevski compartió cautiverio y amistad con Charles de Gaulle, quien también trataría infructuosamente de implantar la teoría de la guerra relámpago en el anquilosado ejército francés.

Sea cual fuera el alcance real de la contribución de Heydrich a la purga de los oficiales soviéticos, seguramente esa operación supuso un antes y un después en la relación de la Abwehr con las SS y, en suma, con el régimen nazi. Un compañero de Canaris en la Abwehr, Richard Protze, escribió que fue en este punto “cuando Canaris comenzó a distanciarse de Hitler”.

Envalentonado por su éxito, Heydrich se lanzaría con entusiasmo a la tarea de someter al alto mando del ejército al control político de los nazis, siguiendo la línea marcada por Hitler. Por ejemplo, se promovió un escándalo contra el ministro de la Guerra, Werner von Blomberg, aventando el pasado poco respetable de la joven con la que se acababa de casar. Igualmente, se emplearon pruebas falsas y declaraciones perjuras para derribar al comandante en jefe, Werner von Fritsch, con un sórdido montaje que incluía un amante homosexual. Hitler demostraría así a los militares que debían doblegarse a su política si no querían acabar como ellos. El mensaje caló entre el alto mando y la presión llegó también a la Abwehr, con el arresto de varios oficiales de la organización, a los que Canaris prestó todo su apoyo.

La tensión entre la Abwehr y el SD era máxima y todo apuntaba a que la cuerda se iba a romper por el lado de Canaris, pero el almirante demostraría una insólita capacidad para navegar en aguas revueltas. Su antecesor en el cargo, Patzig, le aconsejó que dimitiese, pero Canaris le respondió: “No puedo dimitir, porque mi lugar lo ocuparía Heydrich”. A partir de entonces, Canaris consideró su deber oponerse a Hitler desde dentro del propio régimen, tratando de mantener el rescoldo de una Alemania honorable en medio de la desintegración moral a la que la estaban sometiendo los nazis.

Himmler
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Una reorganización necesaria

Para poder hacer frente a las presiones de las SS, Canaris apostó a principios de 1938 por llevar a cabo una remodelación profunda de la Abwehr, que le permitiese resistir los embates que estaban por llegar. Como símbolo de ese cambio, el 4 de febrero se adoptó un nuevo nombre oficial, Oficina de Asuntos Exteriores / Oficina de Defensa del Alto Mando de las Fuerzas Armadas ( Amt Ausland / Abwehr im Oberkommando der Wehrmacht ).

La organización fue dividida en tres secciones principales. La primera era la División Central, que actuaba como centro de control encargado de la gestión del personal y los asuntos financieros. La segunda era la División Exterior, que actuaba en coordinación con el Ministerio de Asuntos Exteriores y evaluaba la información que llegaba del extranjero. La tercera sección, conocida como Divisiones de Contrainteligencia, era la más importante. Se dividía a su vez en tres áreas, nombradas Abwehr I, II y III, lo que denota la escasa imaginación que flotaba en el despacho en el que se diseñó el organigrama. La Abwehr I se encargaba de las labores de recopilación de inteligencia extranjera –pisando el terreno de la División Exterior–, la confección de documentos falsos, el criptoanálisis o la inteligencia aérea y naval. La Abwehr II se dedicaba a las acciones de sabotaje y la Abwehr III al contraespionaje, la penetración en los servicios de espionaje extranjeros y la difusión de información falsa. Por último, existían varios grupos adjuntos a la Abwehr, dedicados también al criptoanálisis o las operaciones de sabotaje –la División Brandenburg–, que actuaban de forma autónoma.

 

La competición desde dentro

Resulta curioso comprobar cómo ese confuso esquema parece inspirado en el de las SS, en el que tampoco quedaban claramente delimitadas las competencias entre unas y otras secciones, lo que daba lugar a una cierta competición en el seno de la organización.

Para extender la influencia de la Abwehr, Canaris implantó una estación local en cada distrito militar, llamadas Abwehrstelle (punto de defensa), que contaban con tres secciones dedicadas al espionaje, el sabotaje y la contrainteligencia. Cada una tenía un oficial de alto rango al frente, encargado de poner en práctica los planes estratégicos del cuartel central en Berlín. No obstante, los Abwehrstelle disfrutaban de autonomía para reclutar agentes, así como para planificar y ejecutar misiones; aunque eso estimulaba la iniciativa local, en última instancia acabaría debilitando la estrategia general de la organización. Esa ausencia de un mando central fuerte también se trasladó al extranjero, en donde los agentes de la Abwehr se dividían entre los asignados a las representaciones diplomáticas y los que actuaban en misiones comerciales, como ocurría en el caso de España.

Almirante Canaris
Almirante Canaris. Imagen: Getty Images.

 

Aunque la reorganización llevada a cabo en 1938 había sido importante, no menos relevante era el hecho de que ninguno de los hombres puestos al frente de las diferentes secciones y subsecciones pertenecía al Partido Nazi. La única excepción fue Rudolf Bamler, al que se le encomendó la dirección de la Abwehr III como una concesión a Himmler, pero manteniéndolo alejado de la información más sensible.

La pregunta que surge de forma inevitable es cómo Hitler y los nazis dejaron que uno de los puntos neurálgicos de la estructura de poder del Reich quedase en manos de unos hombres que no se identificaban con los principios del nacionalsocialismo, renunciando así a su control. Esta es una más de las frecuentes paradojas que se encuentra cualquiera que intente analizar este régimen, mucho menos monolítico de lo que aparentaba ser.

Quizás Hitler pretendía conceder una parcela de autonomía a los militares, ya que estaba condenado a tener que contar con ellos para seguir con su agresiva política internacional, o tal vez quería situar un contrapoder ante la ambición desplegada por Himmler y las SS, un juego al que Hitler era bastante aficionado a recurrir.

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, la Abwehr parecía una organización preparada para actuar con la misma devastadora eficacia con la que estaba actuando la Wehrmacht en los campos de batalla europeos. De hecho, eso sería así en la primera fase del conflicto. En 1942, la Abwehr se anotaría el que sería a la postre su mayor éxito, la Operación Nordpol, mediante la cual fueron capturados 54 agentes de la Resistencia holandesa que trabajaban para los servicios secretos británicos.

Himmler
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Se destapa el antinazismo en la Abwher

Pero los fiascos de la Abwehr fueron mucho más numerosos que los triunfos. Fracasó una y otra vez en su intento de implantar una red de agentes en Gran Bretaña, y su pretensión de realizar campañas de sabotaje en territorio estadounidense fallaron estrepitosamente. Además, los criptógrafos británicos parecían ir siempre unos pasos por delante de sus homólogos alemanes.

Pero la mayor dificultad a la que tuvo que hacer frente la Abwehr fue el conflicto interior, nunca resuelto, que provocaba estar luchando por una Alemania secuestrada por los nazis. En un momento en el que una victoria de Alemania no podía dejar de ir ligada a una victoria de Hitler, Canaris y sus fieles colaboradores estaban más centrados en sus actividades antinazis que en derrotar al enemigo en esa batalla que se dirimía en las sombras. Esa disyuntiva resultaba imposible de conllevar.

Además, la determinación de Canaris de actuar dentro de unos parámetros morales en los que no cabía la falta de escrúpulos demostrada por las SS hizo que, a lo largo de toda la guerra, diese la sensación de que la Abwehr actuaba perennemente con el freno de mano puesto. La rivalidad entre las SS y la Abwehr se resolvería finalmente el 18 de febrero de 1944, cuando Hitler decidió disolver la organización de Canaris, después de que la Gestapo hubiera descubierto las actividades antinazis de algunos de sus miembros. Canaris fue relegado a un puesto de segundo orden en el Ministerio de Propaganda.

A raíz del atentado frustrado contra Hitler del 20 de julio de ese año (Operación Valquiria), Canaris fue detenido. El 9 de abril de 1945, el hombre que al frente de la Abwehr había querido impedir que los nazis la usaran para sus execrables propósitos fue ejecutado en el campo de concentración de Flossenbürg, aunque el enigma de su figura no se extinguiría con él.