Rubén Darío, embajador de Nicaragua en España

El 3 de junio de 1908, el llamado 'Príncipe de las Letras' presentó sus credenciales como diplomático al rey Alfonso XIII.

Rubén Darío en su despacho de Madrid

Considerado como el "Príncipe de las letras castellanas" o el "Walt Whitman de América", el nicaragüense Rubén Darío fue afamado por su poesía, aunque también se dedicó a la diplomacia y al periodismo, actividad que fue su principal fuente de sustento.

Con motivo del tercer centenario de la muerte de Cristóbal Colón, Rubén Darío obtuvo la encomienda diplomática de representar oficialmente a su país, Nicaragua, en España. Vivió en un palacete de la calle de Alfonso XII y en un piso de la calle de Serrano, 23.

El nombre de Rubén resonó durante décadas en los principales círculos literarios y políticos de Madrid desde el cargo que ocupó de embajador de Nicaragua. En sus paseos por la ciudad era habitual verlo acompañado de su gran amigo Valle-Inclán y el político republicano Emilio Castelar lo acogió en sus cenáculos, donde entró en contacto con la élite intelectual madrileña, que lo recibió como a uno de los suyos. Intimó con Marcelino Menéndez Pelayo, mientras Emilia Pardo Bazán lo invitaba a su casa de Claudio Coello y el escritor Gaspar Núñez de Arce trataba de conseguirle un cargo en la naviera del marqués de Comillas.

Aunque el poeta ya estaba avalado por el empuje de sus propios versos, con los que renovaría la poética y la métrica en español a partir de 1880, como adalid del Modernismo, movimiento poético que él capitanearía.

Ya en el colegio, su maestra descubrió la facilidad que mostraba para versificar; tanta, que a los 13 años era requerido para redactar epitafios para generales y próceres civiles o para la declamación de elegías fúnebres.

Costa Rica y Chile fueron dos de sus primeros destinos antes de venir a Europa, atraído por los potentes focos del Simbolismo y del Parnasianismo en la poesía europea.

En un Madrid abatido por la crisis colonial, Rubén Darío recalaría por primera vez en 1892, precedido por las loas que el escritor y diplomático Juan Valera hizo de su principal obra poética, Azul, que sería titulada y editada en la ciudad chilena de Valparaíso en 1880.

Tras abandonar su cargo en la embajada, se trasladó al barrio de Montmatre en París.

Murió el 6 de febrero de 1916 en León, ciudad nicaragüense donde se crió y donde actualmente descansan sus restos en la catedral basílica de la Asunción. Tenía 49 años de edad y para el final de su vida el alcoholismo le había provocado visibles estragos.

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