¿Qué pasó con los exiliados republicanos?

El final de la guerra y el triunfo del bando nacional hicieron que cientos de miles de personas se vieran obligadas a salir de España.

El 1 de abril de 1939, las radios de toda España dieron por concluido el conflicto que llevaba desangrando al país desde julio de 1936. Terminaba una guerra civil destructiva y cruel como pocas, que dejaba medio millón de muertos entre ambos bandos y daba paso a una dictadura militar que se mantendría en el poder por casi cuatro décadas. Además de esta, la otra consecuencia más inmediata que dejó el final de la guerra fue el masivo exilio de republicanos y gentes de izquierdas que veían peligrar su vida si permanecían en el país.

Las zonas para escapar estaban limitadas según qué bando controlase cada zona, ya que entrar en territorio ocupado por el ejército nacional o viceversa podía suponer un grave peligro. Por ello, las principales vías de escape eran los Pirineos hacia Francia y los puertos de la costa este para embarcarse hacia lugares muy dispares.

El puerto de Alicante

Las promesas de ayuda internacional promovidas por el gobierno republicano hicieron que Alicante se convirtiera en una auténtica ratonera para aquellos que buscaban salir del país. En 1939, cuando miles de personas se concentraron en el puerto de la ciudad esperando un transporte, la zona fue atacada por la aviación y se intentó formar un bloqueo marítimo para que no escapasen los barcos. El Stanbrook, un buque británico, salió del puerto dos días antes del final de la guerra llevando a bordo la carga de naranjas y azafrán a por la que había ido y a 2.638 personas entre civiles y militares que consiguieron escapar de España y que acabaron en Orán.

¿Dónde fueron a parar los exiliados?

Aunque este fenómeno llevaba produciéndose durante todo el conflicto, 1939 fue el año en el que el exilio republicano se hizo verdaderamente efectivo. Las cifras resultan confusas pero se estima que entre enero y febrero de 1939, 450.000 personas cruzaron la frontera francesa huyendo del franquismo, en muchos casos para no volver jamás. La compleja situación política y social que vivía Europa, con el ascenso de los regímenes fascistas en Italia y Alemania y la atmósfera de pre-guerra, hizo del destino de los republicanos algo mucho más incierto.

Los dos destinos más próximos eran Francia y el norte de África. En ambos casos, los españoles eran retenidos en los barcos en los que llegaban y enviados a campos de concentración o internamiento en condiciones infrahumanas y que se llenaron rápidamente. La situación de estas personas en los países de destino era muy compleja porque las facilidades y ayudas recibidas por los respectivos gobiernos variaban enormemente, por lo que muchos exiliados permanecieron en los campos esperando ver qué se avecinaba y los que consiguieron salir lo hicieron corriendo riesgos considerables.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, estas zonas fueron tomadas por el régimen nazi y los gobiernos colaboracionistas, como el de Vichy en Francia, convirtieron en prisioneros y mano de obra a los exiliados republicanos. 10.000 de ellos fueron entregados a los alemanes e internados en campos de concentración como Auschwitz o Mauthausen y algunos pequeños grupos consiguieron escapar y unirse a los movimientos de resistencia de toda Europa, destacándose la unidad de republicanos de la Legión francesa responsable de la liberación de París: la Nueve.

Aunque hubo otros destinos dentro del continente europeo, destacándose el caso de las 4.299 personas que lograron llegar a la Unión Soviética desde los campos de concentración de Francia, el resto de exiliados españoles dirigieron su mirada al otro lado del mar.

Los Estados Unidos, Chile, República Dominica, Venezuela y México recibieron a un número considerable de los exiliados. Los países receptores de América Latina presentaron, en general, muchas más facilidades para los españoles que llegaba y prueba de ello es que el gobierno republicano en el exilio se instaló en México, país que ayudó al bando republicano durante el conflicto.

Las principales asociaciones y grupos de ayuda para los españoles en el exilio surgieron en las antiguas colonias españolas y los recién llegados tenían derecho a circular libremente, trabajar y en muchos casos acababan consiguiendo la nacionalidad. Estos países de acogida se convirtieron en defensores de los intereses republicanos y, además de las riquezas (muchas o pocas) que traían, ganaron una ingente cantidad de intelectuales, expertos y personal altamente cualificado.

Imagen: Virgilio Fernández y Estela Cordero.

El exilio cultural

Cuando se anunció el fallido intento de golpe de Estado, la élite intelectual y cultural del país se dividió en los que lo apoyaron y los que lo rechazaron. Mientras que Unamuno o Valle-Inclán veían algo bueno en el levantamiento militar, otros como Miguel Hernández y Rafael Alberti no dudaron en defender al legítimo gobierno de la república. Archiconocido es el caso de los hermanos Machado, ya que cada uno se posicionó a favor de un bando distinto.

El exilio afectó también a estos artistas, muchos de los cuales tuvieron que salir de España y provocaron un retroceso cultural tras el conflicto al que se le sumó la férrea censura del régimen. Mientras que Antonio Machado murió en Coilloure y Miguel Hernández en la cárcel de Alicante por tuberculosis, autores como Francisco Ayala, Luis Cernuda, Elena Fortún, Pedro Salinas, María Zambrano o Ramón J. Sender abandonaron España y siguieron creando desde el exilio, denunciando en muchos casos la dictadura franquista.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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