¿A qué se llamó "El gran terror"?

A la muerte de Lenin, Iósif Stalin ocupó el poder y gobernó con mano de hierro, sometiendo a su país a purgas que sembraron el terror entre "amigos" y "enemigos".

Iósef Stalin

El “Gran Terror” comenzó en diciembre de 1934 cuando Stalin ordenó asesinar al secretario general del Partido Comunista de Leningrado, Sergéi Kírov. Un año después, Kámenev y Zinóviev fueron detenidos por traidores y complicidad en el asesinato de Kírov, por lo que fueron ejecutados en agosto de 1936. A continuación, se desató una campaña de terror sin precedentes que llegó a su momento culminante en los años 1937 y 1938. Aquella siniestra etapa estuvo marcada por la represión a bolcheviques, obreros, campesinos, militares e intelectuales. Ni siquiera sus allegados estuvieron a salvo de la quema. Durante casi dos años, a Stalin no le tembló el pulso cuando firmó las órdenes de ejecución de miles y miles de compatriotas.

Ni tampoco cuando ordenó fusilar a amigos y familiares, como el marido de María Svanidze, familiar de su primera mujer, Ketevan Svanidze, o cuando condenó al exilio a su sobrina Kira Allilúeva, que recordaba a Stalin meciéndola sobre las rodillas y cantándole sus tonadas preferidas. En mayo de 1937 el todopoderoso dictador ordenó eliminar a los antiestalinistas españoles agrupados en el POUM. Su líder, Andreu Nin, antiguo secretario de Trotski, podría haber sido asesinado por agentes de los servicios secretos soviéticos en España dirigidos por Alexander Orlov, general de la NKVD (policía secreta bolchevique precursora del KGB), según afirman algunos historiadores.

Pero, ¿cómo pudo aquel paranoico permanecer tantos años al mando de la nación? Los historiadores coinciden en señalar que se sostuvo en el poder gracias al miedo visceral que sentían los hombres que le rodeaban. Un pavor que se apoyaba en un poderoso aparato de terror. “Además, aquel poder ilimitado se intensificaba gracias a la existencia de una verdadera devoción de las masas hacia su líder, que se veía alentada y alimentada por una red propagandística omnímoda”, afirman los historiadores rusos Zhores y Roy Medvedev en su libro El Stalin desconocido.

El fabuloso esfuerzo propagandístico del que hablan los hermanos Medvedev alimentó el culto a la personalidad del líder soviético. Aquella propaganda que le convirtió en el venerado padre de la patria hizo posible que su furia exterminadora no tuviera límites. Durante el “Gran Terror”, la maquinaria represora requirió la participación activa de guardias, verdugos, torturadores, administrativos y soplones. El miedo atenazó a los disidentes. Los trenes transportaban a los prisioneros del Gulag (red de prisiones y campos de trabajo) a Siberia o a Kazajastán en vagones de ganado.

Una purga militar con consecuencias

La purga en el ámbito militar dejó sin mandos al Ejército Rojo, lo que supuso un grave problema pocos años después cuando los nazis invadieron Rusia. “En junio de 1937 fue ejecutado el mariscal Mijaíl Tujachevski y otros altos mando de alto rango fueron acusados de espiar para Alemania y Japón, y de planificar una organización trotskista contrarrevolucionaria”, señala la serbia Mira Milosevich en su libro Breve historia de la Revolución rusa. A finales de 1938, 35.000 oficiales del Ejército Rojo habían sido detenidos y encarcelados (nueve de cada diez generales, cuatro de cada cinco coroneles).

La lista de depurados y asesinados incluyó a campesinos, obreros, intelectuales, minorías étnicas y también a amigos y familiares del dictador. La espiral de violencia acabó con la carrera de eminentes profesionales, como el ingeniero aeronáutico Andréi Túpolev. Ajenos a tanta violencia y represión, los burócratas de los partidos comunistas de Occidente siguieron alabando las virtudes del paraíso soviético. A finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo pasado, sólo unos pocos intelectuales que habían profesado su adhesión al comunismo, como Arthur Koestler, André Gide, George Orwell o John Dos Passos, se atrevieron a denunciar la dictadura criminal de Stalin.

 

Más información sobre el tema en el artículo La dictadura del miedo, escrito por Fernando Cohnen. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a dedicado a De Lenin a Putin. 100 años de la Revolución rusa.

Si quieres conseguir este ejemplar, solicítalo a suscripciones@gyj.es o descárgatelo a través de la aplicación de iPad en la App Store. También puedes comprarlo a través de Zinio o de Kiosko y Más.

Y si deseas recibir cada mes la revista Muy Historia en tu buzón, entra en nuestro espacio de Suscripciones.

CONTINÚA LEYENDO