23F

23F, los últimos coletazos del autoritarismo en España

Todos los países del mundo, a lo largo de su historia, han tenido puntos de inflexión que han marcado su futuro inmediato de formas que difícilmente hubieran imaginado; de esos en los que se ve qué esconden realmente los valores y deseos más profundos de un pueblo. Cada quien pensará en uno o varios momentos que encajen con esta descripción, y es que la historia está llena de cruces de caminos que podrían haberlo cambiado todo. En la historia de España, uno de los más recientes es el 23 de febrero de 1981.

A pesar de que se pensaba que todo estaba “atado y bien atado” y el régimen constituido en el 39 viviría una nueva etapa, la muerte del dictador Francisco Franco abrió una brecha insalvable en la España autoritaria y las principales fuerzas políticas del momento aunaron fuerzas para dejar atrás el modelo personalista y dar paso a esa democracia auténtica que la mayor parte de la población pedía. Con gestos tan importantes como la aprobación de la Ley para la Reforma Política en las propias cortes franquistas o la legalización del Partido Comunista como prefacio, la aprobación en referéndum de la Constitución democrática de 1978 por una mayoría abrumadora disipó cualquier atisbo de duda sobre los deseos de los españoles.

Sin embargo, no todos los veían así. Una extrema derecha nostálgica, reaccionaria y promilitarista seguía estancada en su empecinamiento de que con el dictador se vivía mejor y que había que volver a un modelo como el que existió hasta 1975. El 23F de 1981, y tras un fallido complot previo, estas fuerzas decidieron movilizarse para intentar tomar por las armas eso que consideraban suyo: el gobierno y el control del país. Aprovechando una sesión del Congreso de los Diputados en la que Leopoldo Calvo-Sotelo iba a ser nombrado presidente tras la dimisión de Adolfo Suárez, el teniente coronel Antonio Tejero entró en el hemiciclo con 288 guardias civiles armados y secuestra a todos los diputados.

Durante estas horas de tensión, que duraron hasta la mañana del día 24, España entera estuvo en vilo. Numerosos cuarteles fueron movilizados, se interrumpió la emisión en radio y televisión y el Congreso fue rodeado por miembros de la Policía Militar, Guardia Civil y Policía Nacional que se mantuvieron fieles al orden constitucional. El rey Juan Carlos, elegido por el propio Franco para sucederle como Jefe del Estado, hizo una aparición inédita en televisión para, como cargo de más alto rango de las Fuerzas Armadas, llamar al orden a los militares y condenar el golpe de Estado que estaba teniendo lugar. Ante esta falta de apoyos, Tejero y sus hombres liberaron a los diputados y se entregaron. En los juicios se imputaría a un total de 33 personas a las que se consideró responsables directos del intento golpista y 30 de ellos serían condenados por rebelión militar.

Más allá de lo que supuso este desafío autoritario en un país que buscaba convertirse en una democracia plena, el 23F tuvo el resultado opuesto al que aquellos que lo orquestaron buscaban. El asalto al Congreso puso a prueba la convicción de los españoles y su compromiso con el proyecto democrático que se inició en 1975.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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