Viento de Libertad, o cómo cruzar el Muro de Berlín en globo aerostático

No te pierdas el estreno de esta película basada en hechos reales.

Nos encontramos en la Alemania Oriental de 1979 durante el apogeo de la Guerra Fría. Dos familias corrientes anhelan en secreto la libertad, mientras planean un plan de huida que les llevará hasta el lado Occidental. Y así lo hicieron: construyeron con retales un globo aerostático para transportar por aire a los ocho miembros de las familias y así cruzar el Muro de Berlín.

Este relato no es ficción, es una historia verídica: el 16 de septiembre de 1979, las familias Strelzyk y Wetzel cruzaron a Alemania Occidental en un globo artesanal. En plena noche, los cuatro adultos y los cuatro niños despegaron desde una llanura en el sur de Alemania Oriental, sobrevolaron la frontera entre las dos Alemanias y, veintiocho minutos y dieciocho kilómetros más tarde, aterrizaron en un campo cerca del pueblo bávaro de Naila.

Desde la mañana siguiente, los medios alemanes e internacionales ya la calificaban como “la evasión más espectacular de Alemania Oriental”. La revista Stern negoció inmediatamente la exclusiva. La empresa Disney realizó una adaptación cinematográfica titulada Fuga de noche, estrenada en 1982.

Viento de Libertad es una película dirigida por Michael Bully Herbig que narra esta fascinante historia, y para ello se entrevistaron con las familias protagonistas de la insólita aventura. “Como quería llevar esa película al cine, era crucial que las familias reales estuvieran implicadas en el proyecto”, explica Michael Bully Herbig. “Quería ubicarme lo más cerca posible de los hechos reales y adaptar la película al público y a las demandas actuales”.

 

Aquí puedes ver el tráiler del film, que se estrena en cines el 6 de septiembre, y a continuación leer el testimonio de Peter Strelzyk, uno de sus protagonistas.

 

 

“Un globo no es muy complicado de fabricar. Basta con tener buenas nociones de física y de matemáticas, que era mi caso. Recibí formación en mecánica aeronáutica durante el servicio militar. Durante semanas, nos pateamos Alemania Oriental para conseguir el material en pequeñas cantidades, sobre todo las bombonas de gas, el quemador y el tejido.

La noche del 3 de julio fue nuestro primer intento, el de los cuatro. A la una de la madrugada, salimos en coche a un prado aislado, a doce kilómetros de la frontera. Habíamos ensayado cómo montar rápidamente la cesta. Inflamos enseguida el globo antes de ascender a una velocidad de tres metros por segundo. Por desgracia, el cielo comenzó a cubrirse y, al tocar las nubes, a 1900 metros de altitud, la tela se humedeció y comenzamos a perder altura demasiado rápido. Tras treinta y cuatro minutos de vuelo, sufrimos un aterrizaje catastrófico en un bosque sin saber si habíamos pasado al oeste o no.

En el cielo, en plena oscuridad, mi hijo encontró un papel de un envoltorio... de Alemania Oriental. Estábamos en una zona restringida, a unos cientos de metros de la primera fila del alambre de púas de la Cortina de Hierro. Con sangre fría, nos dirigimos veinte kilómetros campo a traviesa hasta nuestro coche y conseguimos llegar a casa con total discreción. En ese momento, decidimos comenzar a planear el segundo intento. Al fin y al cabo, las autoridades no tardarían en descubrir un globo abandonado en aquel sitio”

 

El segundo intento

“El 16 de septiembre de 1979, en el segundo intento, ya los ocho, no nos llevamos equipaje, solo algunas fotos de familia. Antes de despegar, me quemé casi toda la barba manipulando el quemador, que soltó una llama de más de diez metros de altura. Un poco más tarde, ya en el aire, un trozo de tela se quemó. Conseguí controlar ese pequeño incendio con un extintor que trajo mi hijo, pero el agujero en el tejido provocó que el calor se desperdiciara. Debimos haber bajado el nivel del gas y, por lo tanto, las siete bombonas que nos habíamos llevado se vaciaron más rápido de lo previsto. Una vez más, el aterrizaje fue brutal.

Las mujeres y los niños se escondieron en un bosque mientras Günter y yo investigábamos dónde habíamos aterrizado. Un coche de policía llegó a la carretera. Cuando le pregunté: “¿Estamos en Alemania Oriental?”, dijeron: “¡No, están en la Alta Franconia!”. Es un distrito de Baviera. Lo habíamos conseguido. Fascinados, lanzamos la bengala para avisar a nuestras mujeres e hijos de que la misión había sido un éxito”.

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