‘Tierra y libertad', la película antifascista de Ken Loach

En la película 'Tierra y libertad' se condena el levantamiento fascista contra un gobierno democráticamente elegido como el de la Segunda República, pero también se critica la estalinización progresiva de cierta izquierda que termina traicionando las ideas de revolución y libertad en aras de la obediencia al líder.

En 1936, David (Ian Hart), un joven comunista en paro de Liverpool, decide trasladarse a España para combatir a las tropas fascistas que acaban de levantarse contra el gobierno de la República española. Después de cruzar la frontera, se encuentra con un grupo de milicianos españoles y extranjeros del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) que combaten en el frente de Aragón y se une a ellos en la lucha antifascista, estableciendo profundos lazos emocionales. Debido a un accidente producido por el armamento que los comunistas entregan al POUM, un fusil le estalla mientras enseña a disparar a otros milicianos, y se traslada a Barcelona para recuperarse de las heridas. Así comienza Tierra y libertad (1995), de Ken Loach.

Las películas de Loach, por lo general, abordan los problemas de las clases sociales más desfavorecidas, en lo que se podría denominar “cine de denuncia”. Esa es la línea que sigue su más famosa trilogía, formada por los films Riff-Raff (1991), Lloviendo piedras (1993) y Ladybird Ladybird (1994), en los que emplea técnicas propias del documental e historias reales como base para sus ficciones. Su trabajo cinematográfico es claro heredero de la corriente del Free Cinema británico de mediados del siglo XX, así como del paralelo movimiento literario y teatral de los jóvenes airados (Angry Young Men), cuyos máximos representantes fueron John Osborne y Alan Sillitoe.

Cartel de 'Tierra y libertad'

Contra el totalitarismo (y contra el olvido)

Esos precedentes, además de su filiación marxista/trostkista, ayudan a entender y situar Tierra y libertad. En este largometraje se encuentra una síntesis y una recreación de todo lo anterior: el uso de materiales/documentos, las formas de trabajo (actuación/improvisación con actores profesionales/no profesionales), la temática de carácter social no exenta de crítica y autocrítica (la condena del levantamiento fascista contra un gobierno democráticamente elegido como el de la II República, pero también de la estalinización progresiva de cierta izquierda que termina traicionando las ideas de revolución y libertad en aras de la obediencia al líder). En este último apartado, en Tierra y libertad resuenan poderosamente las ideas del escritor George Orwell, no solo las de su célebre Homenaje a Cataluña (que narra su propio paso por el POUM en la Guerra Civil), sino también las de otros de sus trabajos sobre el estalinismo y el poder totalitario: la fábula Rebelión en la granja y muchos de sus ensayos, como Why I Write, The Lion and the Unicorn, A Hanging o Politics and the English Language (todos aparecen en la edición de Why I Write publicada por Penguin Books en 2004). La película de Loach abandera una de las máximas que se encuentran en Por qué escribo (Why I Write): “Cada renglón de trabajo serio que he escrito desde 1936 ha sido escrito, directamente o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal y como yo lo entiendo”.

Desde ese ideal de igualdad, próximo a los métodos de Rossellini, se comprende mejor cómo se enfrenta Loach a este film: la mezcla de registros intelectuales y populares, la combinación de actores profesionales y no profesionales (gentes del pueblo de Mirambel), la mezcla de lenguas (español, inglés, catalán, italiano) y nacionalidades de actores y personajes, la alternancia entre lo planificado y lo improvisado en el rodaje (el actor Ian Hart, por ejemplo, llegó al pueblo turolense de Mirambel sin saber cuál iba a ser su papel, de forma parecida a lo que le ocurre al personaje que interpreta, David). De este modo, Loach retoma algunos de los planteamientos de su formación teatral, los une a toda esa conciencia crítica del cine que le antecede en el Reino Unido (el Free Cinema de Richardson, Reisz, Anderson, etc.) y los filtra a través de su interés por lo social, lo documental y lo histórico.

Prueba de ese interés por lo que podríamos llamar “memoria histórica” es la inserción de imágenes de archivo, así como de otros materiales de carácter ficticio (cartas, fotografías, objetos...) que emulan a las anteriores. Mediante varios flashbacks , la nieta de David, Kim (Suzanne Maddock), conoce una faceta de su abuelo recién fallecido que se encontraba oculta y en el olvido; es decir, se produce una actualización y recuperación de la memoria de otro tiempo y de otros hechos distintos a los actuales, pero con los que quizá guarden alguna semejanza. Todo el largometraje transcurre en paralelo a la confrontación de esos materiales por parte de Kim, que se inicia poco después del fallecimiento de su abuelo David Carr y acaba cuando es enterrado. Durante el entierro, Kim pronuncia estas palabras del poeta William Morris: “Sus actos siempre prevalecerán”. Esa parece también la premisa de Loach al rodar Tierra y libertad: los actos de aquellos héroes anónimos no se olvidan, se encuentran junto a nosotros aunque ellos hayan desaparecido.

Mujeres emancipadas y emancipadoras

Algo en lo que no ha incidido la mayoría de la crítica cinematográfica y que resulta destacable en el trabajo de Loach es su visión de la mujer, crítica y emancipadora. Loach indaga en lo que supone la llegada de la revolución para ella, aunque en última instancia el comunismo estalinista la reubique en un lugar semejante al del régimen que combate. Tanto Maite (Icíar Bollaín) como Blanca (Rosana Pastor) representan a mujeres cuyo valor, inteligencia y entrega están muy por encima de los de sus compañeros varones del POUM. Son, así, mujeres emancipadas y emancipadoras que luchan no solo por su libertad, sino por la libertad de todos. Y lo hacen con las armas (y hasta la muerte, como sucede con Blanca), contra el fascismo de Franco y contra los postulados totalitarios de Stalin a partes iguales.

La película recibió una calurosa acogida en el extranjero y en España, ganando el Premio Internacional de la Crítica FIPRESCI, el Premio del Jurado Ecuménico en Cannes y el Premio Sant Jordi a la mejor película española.

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