Testamento de Hitler: ¿a quién nombró sucesor?

El 30 de abril de 1945, Adolf Hitler se suicidó junto a su esposa en el búnker de la Cancillería del Reich

 

La noche del 28 al 29 de abril, Hitler llamó a una de sus secretarias para que mecanografiara su testamento. El Tercer Reich se estaba desmoronando allí mismo, la guerra estaba irremediablemente perdida y los soviéticos estaban a punto de llegar al búnker. En este abismo, Hitler, que a su entender, acababa de ser traicionado por Himmler y Göring nombró a sus sucesores. Además redactó un breve resumen de lo que para él había sido su servicio a Alemania. Su última voluntad fue un refrito de su ideología, un compendio victimista, conspiranoico y autoexculpatorio de la guerra. Y en el que, una vez más, exponía sin ningún tipo de dudas su principal obsesión: el odio patológico a los judíos.

La noche del 28 de abril de 1945, Hitler se había casado con Eva Braun, su pareja a la durante tantos años había ocultado a la opinión pública, y con la que se había negado a casarse, alegando que estaba comprometido con Alemania. La pareja se casósabiendo que unas horas más tarde se suicidarían. Además de la boda, Hitler puso en marcha otro procedimiento importante: la redacción de su testamento y de sus últimas voluntades.

Todas estas firmas llegaron en un contexto en el que la caída del Tercer Reich era totalmente inevitable. Los rusos ya ocupaban la mayor parte de la capital, y se acercaban al búnker de la Cancillería donde se encontraba parte de la cúpula del régimen nazi. La única esperanza para el dictador durante estos días se basaba en poder repeler el ataque soviético e intentar llegar a alguna paz con los aliados que atacaban por el aire y por el oeste. Pero en el fondo no era una idea realista, ya que los soviéticos y aliados sabían que iban a derrotar sí o sí a Alemania.

Y en estos últimos días, prácticamente todos los ministros, toda la cúpula del régimen salvo algunas excepciones huye de Berlín. Además se producen las traiciones de dos de los personajes con más presencia durante todos los años del Tercer Reich Hermann Göring, jefe de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana; y Heinrich Himmler, líder de las SS. En resumen, Göring, una vez que se había ido de Berlín, pidió autorización para hacerse con el poder; y días más tarde se descubrió que Himmler estaba intentando negociar una rendición con los aliados. Y estas traiciones, como Hitler entendió estos actos tuvieron importantes consecuencias para la sucesión que Hitler planteó en sus últimas voluntades.

En primer lugar, el cambio más significativo fue la degradación de Göring. Hasta el momento de la traición Göring, que se produjo cuatro días antes, era oficialmente el sucesor de Hitler, en caso de que este muriera. De hecho, la traición de Göring consistió en reclamar el poder de acuerdo a un decreto de 1941. Aquel día, Göring había sido despojado de todos sus cargos, y desapareció de la línea sucesoria.

El poder iba a recaer en los que se habían mostrado más fieles a Hitler. Como sucesor nombró al Gran Almirante Karl Dönitz, que desde 1943 controlaba la marina. Hitler designó a Dönitz presidente del Reich, jefe supremo de las fuerzas armadas. Es decir, iba a tener el control total de todos los ejércitos. Pero Hitler no hizo hereditario el cargo de Führer, esta designación creada para el propio Hitler que agrupaba todos los poderes en su persona. Dönitz fue nombrado presidente del Reich, es decir Jefe de Estado, un cargo que desde la muerte de Hindemburg y la transformación de Alemania en una dictadura no se había recuperado.

Adolf Hitler redactando una carta
Adolf Hitler redactando una carta

El siguiente fue Goebbels, otro de sus hombres más fieles, el ministro de propaganda que siempre le acompañó hasta estos últimos días en el búnker, fue nombrado Canciller del Reich. Un cargo en el que apenas duró un día, ya que al día siguiente de que se suicidara Hitler, Goebbels se suicidó junto a su esposa y ordenó envenenar a sus seis hijos.

Martin Bormann, secretario personal de Hitler que también estaba presente en el búnker, fue designado ministro del partido. La otra gran decisión que aparece reflejada en el testamento, y que ya se había ordenado previamente fue despojar a Himmler de todos sus cargos. Hasta ese día había sido líder de las SS, y ministro del interior. Recordemos que unas horas antes al enterarse de los intentos de Himmler de negociar una paz con los aliados, Hitler había estallado en un ataque de cólera diciendo que se trataba de la “traición más vergonzosa de la historia de la humanidad”. Al frente de las SS quedaría Karl Hanke, un líder regional que todavía resistía al Ejército Rojo en la sitiada Breslau.

Y el otro gran cambio fue la destitución de Joachim von Ribbentrop que había sido el ministro de Asuntos Exteriores desde 1938. Entre otras acciones, pasó a la historia por la firma del acuerdo germano-soviético de agosto de 1939 (Ribbentrop-Molotov), por el que las dos potencias se repartieron Polonia.

Respecto a los bienes personales, legó sus posesiones al partido, y en el caso de que este ya no existiese, al Estado. Además quería que su colección de arte acabara en su ciudad natal, Linz, y nombró a Martin Bormann albacea para que sus parientes y el personal que le habían servido durante tantos años recibiesen una compensación por su apoyo.

Bibiografía

Hitler, Ian Kershaw

El tercer Reich en guerra, Richard Evans

 

 

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