Te recuerdo, Víctor Jara

El cantautor chileno, que defendió con su música la lucha obrera y el reparto de la tierra para los campesinos, fue brutalmente asesinado el 16 de septiembre de 1973.

Mural homenaje a Víctor Jara
Imagen: Wikimedia Commons.

Le dieron el golpe de gracia el día 16 de septiembre. Tras matarlo de hambre, golpearlo con un sadismo irracional y haberle arrebatado sus dos armas más poderosas (las manos con las que tocaba su guitarra y la lengua con la que cantaba sus canciones), Víctor Jara murió con 44 tiros en el cuerpo. Sus captores, militares que secundaron el golpe de Estado de Pinochet, abandonaron el cuerpo del cantautor junto al resto de disidentes asesinados creyendo que la historia terminaba allí, pero la voz de Víctor Jara es difícil de callar.

 

Director de teatro, cantante, luchador

Víctor Jara nació en San Ignacio (Chile) el 28 de septiembre de 1932, en el seno de una familia campesina humilde. Descubrió su pasión por la música gracias a su madre y, tras el temprano abandono de su padre, la familia se trasladó a Santiago de Chile. Con su profunda sentimentalidad y talento creativo, Víctor Jara entró en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile en 1957 y se graduó como director teatral en 1960.

Los años de Víctor Jara como director de teatro estuvieron plagados de éxitos. Nada más completar su formación pasó a formar parte del directorio de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile y visitaría países como Holanda, Francia o la Unión Soviética y recibió galardones tanto nacionales como internacionales, destacándose el Premio Laurel de Oro a mejor director del año en 1965 por su trabajo en La maña de Ann Jellicoe.

Director de teatro, cantante, luchador
Víctor Jara nació en San Ignacio (Chile) el 28 de septiembre de 1932, en el seno de una familia campesina humilde. Descubrió su pasión por la música gracias a su madre y, tras el temprano abandono de su padre, la familia se trasladó a Santiago de Chile. Con su profunda sentimentalidad y talento creativo, Víctor Jara entró en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile en 1957 y se graduó como director teatral en 1960.
Los años de Víctor Jara como director de teatro estuvieron plagados de éxitos. Nada más completar su formación pasó a formar parte del directorio de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile y visitaría países como Holanda, Francia o la Unión Soviética y recibió galardones tanto nacionales como internacionales, destacándose el Premio Laurel de Oro a mejor director del año en 1965 por su trabajo en La maña de Ann Jellicoe.

Todo este trabajo lo compaginaba con su creación musical y su participación en el grupo de cantos y danzas folclóricas Cuncumén o el Quilapayún. Como muchos cantautores latinoamericanos, Víctor Jara reinterpreta los elementos de la música popular y del folklore de su país para conceder a su música una personalidad propia y cercana. A esto se le suma la brillante lírica del chileno, sentimental y profunda, capaz de transmitir con sus letras una emotividad y calor humano sorprendentes. Su compromiso con las clases bajas y la mala situación de campesinos y obreros hace de las composiciones de Jara un río de canciones protesta que traspasó las fronteras chilenas y acabó por convertirle en un icono internacional. Las letras de Víctor Jara serían entonadas, por ejemplo, en las protestas universitarias ocurridas en España a finales del franquismo y durante la Transición.

Su primer álbum musical en solitario, llamado Víctor Jara, se publicó en 1967 y supuso una reafirmación de su talento como compositor (habrá quien prefiera usar, con razón, el término poeta) y de su papel como icono social y reivindicativo. De entre sus canciones, muchas de ellas consideradas himnos internacionales, se pueden destacar Te recuerdo, Amanda; La canción del soldado, Duerme, negrito; A desalambrar, Juan, sin tierra (canción de Jorge Saldaña que Jara versionó) o Zamba del Che.

 

Su lado más social

La situación económica de su familia y el contexto en el que nació hicieron que Víctor Jara y sus hermanos trabajaran junto a sus padres desde muy niños. El chileno conocía de cerca la dura vida del labriego y del obrero de la ciudad y utilizó sus canciones para denunciar esta realidad ignorada y reclamar cambios como mejoras sociales o un reparto más equitativo y justo de la tierra. Afiliado al Partido Comunista Chileno y abiertamente marxista, Víctor Jara también defendió con su música la revolución socialista y criticó duramente el imperialismo y las injusticias a las que las clases baja y media de Chile se enfrentaban.

Su salto definitivo a lo público llegó en 1969 con el lanzamiento de su segundo álbum, Pongo en tus manos abiertas. La publicación de este coincidió con la candidatura de Salvador Allende por el partido Unidad Popular. Víctor Jara se convirtió en el mejor portavoz del médico y político y dio voz y rostro a las medidas sociales que este incluía en su programa. Durante el breve periodo en el que Allende ostentó el poder, Jara mantuvo su apoyo al presidente e intentó movilizar con su música a los sectores de la izquierda para contrarrestar las medidas tomadas por la oposición para desestabilizar el país. Víctor Jara sería nombrado embajador cultural del gobierno socialista de Allende.

Su cercanía con el gobierno de Allende y su popularidad le convirtieron en un objetivo y un estorbo para los golpistas de Pinochet.

 

Arresto, tortura, muerte y memoria

Cuando el 11 de septiembre de 1973 un grupo de militares, encabezados por Augusto Pinochet y con apoyo de la CIA y el gobierno estadounidense, dieron un golpe de Estado contra Allende, Víctor Jara se encontraba en la Universidad Técnica del Estado (UTE), en Santiago de Chile. Mientras el Palacio de la Moneda era bombardeado y Allende se quitaba la vida para no caer en manos de los sublevados, Víctor Jara se atrincheró en la universidad junto a profesores y alumnos. La mañana del día 12, el ejército entró a la UTE y se llevó a 600 varones al Estadio Chile, que se había convertido en el primer gran centro de detención y tortura de Pinochet.

Cuando la marabunta de presos estaba entrando al estadio un oficial gritó “A ese hijo de puta me lo traen para acá”. Había reconocido a Víctor Jara entre la multitud y decidió convertir al cantautor socialista en modelo de escarnio para el resto de prisioneros. Los militares separaron a Jara del grupo y comenzaron a golpearle allí mismo, delante de numerosos testigos que narrarían los hechos en los años siguientes. En lugar de matarle directamente, lo trasladaron a los pasillos del estadio y lo mantuvieron allí los días 13 y 14 mientras le interrogaban y torturaban.

Sus compañeros, entre los que se encontraba el abogado Boris Navia Pérez, aprovecharon un despiste de los guardias para devolver al cantaoutor con el resto de presos, darle de comer lo poco que tenían y ocultarle. En ese breve respiro, Víctor Jara escribiría sus últimos versos en una hoja de papel: "Canto que mal que sales cuando tengo que cantar espanto. Espanto como el que vivo, espanto como el que muero". Pero la paz fue breve, ya que los soldados lo descubrieron e intensificaron su brutalidad.

De nuevo en sus manos, los torturadores volcaron todo el odio que sentían hacia la ideología socialista en la persona de Víctor Jara. Le rompieron las manos golpeándolas con la culata de sus armas, le cortaron los dedos y la lengua y se burlaron de él pidiéndole que tocara la guitarra y cantara. “¡Cantante marxista, comunista conchadetumadre, cantor de mierda”, le decían. Practicaron la ruleta rusa poniendo un arma con una sola bala en la sien del cantautor para ver si se disparaba. El día 16 Víctor Jara fue ejecutado, probablemente muerto por un tiro en la cabeza aunque encontrado con 44 impactos de bala por todo el cuerpo. Su cuerpo fue arrojado a las afueras del Cementerio Metropolitano de Santiago, donde se encontró y fue entregado a su mujer. Víctor Jara fue enterrado bajo una disimulada placa sin nombre para evitar que el régimen de Pinochet o sus seguidores perturbaran los restos del chileno.

Tanto por las semejanzas de los hechos como por el impacto simbólico que tuvo su muerte a nivel internacional, el asesinato de Víctor Jara es considerado como el equivalente en Chile a la muerte de Federico García Lorca en España. Al contrario de lo que buscaban sus detractores y asesinos, la muerte del autor solo sirvió para aumentar su fama y convertirle en un icono imperecedero. En 2003, 30 años después del golpe de Estado de Pinochet, el Estadio Chile pasó a llamarse Estadio Víctor Jara como homenaje al cantautor y en 2008 se abrió un proceso para discernir los hechos de su muerte y castigar a los responsables. El juicio terminó en 2018 y se condenó a ocho exmilitares que participaron en la tortura y asesinato de la eterna voz de la revolución chilena.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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