Suicidio de Hitler: sus últimos días en el búnker

Adolf Hitler se suicidó junto a su mujer en su búnker de Berlín el 30 de abril de 1945

 

Los últimos días de Hitler en el búnker tuvieron de todo: su último cumpleaños, despedidas, traiciones, bombardeos, ataques de ira y la boda y el suicidio del dictador y su pareja. Durante los últimos meses de guerra, Hitler estaba completamente desconectado con la realidad. El desembarco de Normandía en verano de 1944 y el imparable avance soviético por el este hacían incapaz una posible victoria que condujera a una paz ventajosa. Hitler estaba obsesionado con esta idea, el dictador no contemplaba una rendición. Sería o la victoria o la destrucción total de Alemania.

Hitler desde que llegó a Berlín el 15 de enero de 1945 desde su cuartel general del oeste (Ziegenberg), vivió bajo tierra. El búnker se encontraba debajo del jardín de la Cancillería del Reich y contaba con un sistema de calefacción e iluminación propios, era completamente autónomo y funcionaba con un generador diesel.

El 20 de abril, Hitler cumple 56 años, y este último año le había sentado al dictador como dos décadas encima. Derrota tras derrota, el soñado III Reich destinado a vivir

1.000 años tenía los días contados. A mediados de abril, los bombardeos aliados están destruyendo Berlín, mientras que las tropas soviéticas están a punto de llegar al centro de la ciudad.

En este ambiente de derrota segura, Hitler cumple 56 años, con muy mal estado de salud. El temblor de su brazo izquierdo a causa del parkinson era casi incontrolable, y problemas digestivos e insomnio agravan su lamentable estado de salud. Diversos testigos cuentan cómo durante estas últimas semanas iba encorvado, le costaba hasta caminar, en ocasiones arrastrando las piernas.

Como era habitual, la medianoche del 19 de abril el séquito del búnker le esperó para felicitarle, pero esta iba a ser una felicitación bastante incómoda. Hitler había avisado a uno de sus sirvientes que no quería ningún tipo de felicitación, pero aún así la recibió.

Siguiendo la rutina de estos últimos meses, se quedó despierto toda la noche y durmió desde las 9.00 de la mañana hasta las 14.00. Desayunó y subió por última vez las escaleras que conducían al jardín de la Cancillería. Allí, saludó a un grupo de soldados, a miembros de las SS y a un grupo de las juventudes hitlerianas a los que condecoró con Cruces de hierro en las que se convertirían en las últimas imágenes que hemos conservado.

Después de almorzar, tuvo lugar la última sesión informativa con los personajes más destacados del Reich, que se encontraban en Berlín: Göring, Dönitz, Keitel, Ribbentrop,

Speer, Jodl, Himmler, Kaltenbrunner, el nuevo jefe del Estado Mayor general Hans Krebs y otros más. Todos le insistieron en que escapara al sur a los Alpes, pero él lo rechazó.

La felicitación de los jerarcas fue también una despedida, porque horas después todos huyeron.

Göring, llevaba semanas trasladando de su residencia palaciega al norte de Berlín todas sus obras de arte fruto de años de expolio. Recién terminada la reunión, un frío apretón de manos con Hitler y pocas palabras separaron para siempre al jefe de la Luftwaffe y al dictador, durante tantos años, número uno y dos del nazismo.

Los días avanzaban y las tropas soviéticas se adentraban en la capital alemana. La noche del 23 de abril llegó el famoso telegrama de Göring por el que, de forma resumida, pedía permiso para tomar el control del Tercer Reich, de conformidad con un decreto de 1941, que lo nombrara sucesor. Hitler lo tomó como una acción de alta traición y despojó a Göring de todos sus cargos.

El 28 de abril, los soviéticos ya habían llegado al centro de la ciudad, y llegó la segunda traición: Himmler había propuesto una capitulación a los aliados que no aceptaron. En realidad llevaba semanas tanteando la situación, y negociando a través de contactos suecos para intentar salvar el pellejo. Se volvieron a escuchar gritos desesperados en el búnker, un nuevo ataque de cólera de Hitler, después de la traición de Göring, su fiel Himmler, jefe de las SS, el cuerpo que representaba los valores del Tercer Reich, también le había traicionado: “la traición más vergonzosa de la historia de la humanidad”, gritaba en esa tarde el dictador.

Fegelein, cuñado de Eva Braun y miembro de las SS y por tanto muy relacionado con Himmler, había sido encontrado días antes con su amante y con maletas llenas de dinero, listo para fugarse. Fue él quien pagó la histeria de la traición de Himmler, Hitler le interrogó acusándole de todo tipo de conspiraciones y fue condenado a muerte. Sería fusilado poco después.

A las 11:30 Hitler dictó su testamento a una de sus secretarias. Dejaba sus posesiones al partido, o en caso de que no existiese ya, al Estado. También dictó su testamento político. Un texto autoexculpatorio de la guerra y con la misma obsesión conspiraoica antisemita de siempre. Nombró como sucesor al almirante Dönitz. A Goebbels, Canciller del Reich, y Bormann, ministro del partido. Toda una farsa dado el derrumbe total del Estado.

Adolf Hitler dormido junto a su pareja Eva Braun, 1940
Adolf Hitler dormido junto a su pareja Eva Braun, 1940

Al día siguiente, Hitler y Eva Braun se casaron pasada la medianoche. Durante toda la relación, Hitler había ocultado a Braun, y había rechazado el matrimonio argumentando que estaba comprometido con Alemania. Uno de los funcionarios de Goebbles y concejal de la ciudad, Walter Wagner ofició la ceremonia.

Todo el mundo en el búnker sabe que el fin es inminente y saben que Hitler no tardará en suicidarse. Esa misma tarde prueban el veneno, ácido prúsico (cianuro), con Blondie, su amada perra. Más tarde, se despidió de una veintena de sirvientes, guardias, y médicos.

Al amanecer del 30 de abril los rusos lanzaron un intenso bombardeo sobre la Cancillería. Hitler anunció a Bormann que esa misma tarde se suicidaría junto a Eva Braun y dio órdenes para que quemaran sus cadáveres.

Hitler comió con sus secretarias y sus dietistas como era habitual, se despidió de ellas, de los Goebbels, de Bormann y en definitiva del resto del círculo íntimo. En torno a las tres y media de la tarde, la pareja se suicidó en el estudio del dictador. Ella envenenada con una cápsula de cianuro, y él con un disparo en la sien derecha. Minutos después trasladaron los cadáveres al jardín de la Cancillería y entre los proyectiles soviéticos los incineraron con los 200 litros de gasolina que habían reservado para ello.

Varios testimonios declararon que varias horas más tarde, los cuerpos estaban totalmente consumidos o destrozados

Dos días después llegaron los soviéticos y buscaron intensamente el cadáver de Hitler. Nueve días más tarde, los rusos enseñaron una mandíbula y dos puentes dentales al odontólogo de Hitler, que identificó uno de los puentes y la mandíbula inferior como la del dictador. Como cuenta Ian Kershaw en la biografía del dictador, es casi seguro que eso fue todo lo que consiguieron identificar del dictador de Alemania. Los restos mortales de Hitler cabían en una caja de puros.

Bibliografía:

Hitler, Ian Kershaw

 

 

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