Secuestro de un general alemán en Creta

En 1941, Alemania ocupó la isla griega de Creta, desatando una feroz resistencia que los isleños pagaron con sus vidas. Los británicos decidieron secuestrar al comandante de la isla, misión que realizaron sin mucha dificultad. Pero lo difícil fue sacarlo de allí...

Desde el mismo momento en que ocuparon Creta, en mayo de 1941, los alemanes tuvieron que enfrentarse a la Resistencia. El odio a los nazis se extendía por toda la isla y las salvajes represalias adoptadas contra la población –los nazis ejecutaban a 10 cretenses por cada alemán muerto–, cada vez que los partisanos recurrían a actos de sabotaje, solo sirvieron para acrecentarlo. Para comienzos de 1944, Creta era una isla devastada. Pueblos enteros habían ardido en llamas, los cementerios estaban llenos y muchas familias habían huido a la montaña. Más que ningún otro, el odio lo concitaba un hombre concreto: el general Friedrich-Wilhelm Müller, conocido como el “Carnicero de Creta”.

Los aliados seguían los acontecimientos de Creta con preocupación y, en el cuartel general de El Cairo, los británicos decidieron librarse de Müller. Nombraron para ello a dos agentes, Patrick Leigh Fermor y William Stanley Moss, que harían el trabajo con la ayuda de partisanos cretenses.

La operación, sin embargo, se retrasó después de varios fracasos al intentar saltar sobre la isla en paracaídas. Leigh Fermor lo consiguió, pero Moss y dos griegos –Jorge Tirakis y Manolis Paterakis– se vieron obligados a llegar en barco después de 13 vuelos fallidos.

En la playa les esperaba un comité de recepción que incluía a un grupo de partisanos locales y al mismo Leigh Fermor, quien, en un período sorprendentemente corto, casi se había convertido en cretense (rostro tostado por el sol, bigote...). Fermor les informó de un reciente cambio de planes: Müller había sido sustituido hacía un mes, pero, puesto que daba igual un general que otro, sugería secuestrar al que lo había reemplazado. Este era Karl Heinrich Kreipe y se encontraba al mando de la 22ª División de Infantería, que entonces ocupaba Creta.

En los días anteriores al secuestro, el grupo salió en dirección norte, hacia Heraclión, la mayor ciudad de Creta, en un viaje que les llevó por montañas, cauces de ríos secos y llanuras que olían a tomillo. Pasaban las noches en cuevas o en viviendas campesinas en las que les atiborraban a huevos, leche de cabra, higos secos y, sobre todo, raki, el aguardiente local.

Al grupo se unió un agente secreto de Heraclión, “Micky” Akoumianakis, que tenía una casa en Cnosos cerca de la villa del general y estaba siguiendo de cerca sus movimientos. “Micky” y Leigh Fermor se ocuparon de la tarea de espiar a Kreipe, mientras los demás se establecían en la montaña.

Planear con cuidado la operación

El plan inicial era secuestrar al general en su villa, pero la labor de reconocimiento de Akoumianakis y Leigh Fermor hizo ver que esto sería imposible. Villa Ariadna estaba rodeada por tres filas de alambre electrificado y vigilada constantemente. La única opción era actuar cuando Kreipe volviera a casa desde el cuartel general, al sur de Heraclión. Después del rapto, Leigh Fermor se pondría la gorra de Kreipe para hacerse pasar por oficial y Moss conduciría el coche, con el general en la parte trasera, a través de los numerosos puestos de control de Heraclión y a lo largo de la costa. Luego abandonarían el coche y llevarían a Kreipe a pie hasta el monte Ida, donde estarían esperando el resto de los hombres que habían participado en el secuestro y que, mientras tanto, se habrían ocupado del conductor. Allí se encontrarían también con un agente provisto de un radiotransmisor con el que informarían a El Cairo de que podían pasar a recoger al general.

 

Más información sobre el tema en el artículo Agentes británicos raptan a un general alemán. Aparece en el MUY HISTORIA, colección II Guerra Mundial, dedicado a Operaciones especiales.

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