Ricardo Martín de la Guardia: “Berlín reflejaba mejor que cualquier otra parte de Alemania dos cosmovisiones distintas”

Entrevistamos a Ricardo Martín de la Guardia, catedrático de Historia Contemporánea y autor de ‘La caída del Muro de Berlín. El final de la Guerra Fría y el auge de un nuevo mundo’

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El 9 de noviembre de 2019 se cumplirán 30 años exactos desde que el Muro de Berlín fue derribado, un acontecimiento cuya importancia histórica y simbólica hacen que siga resonando en el tiempo. Su construcción en 1961 supuso la división física y espiritual de los berlineses y la representación material del complejo enfrentamiento político en el que Estados Unidos y la URSS estaban enfrascados. Foco de atención de relevancia mundial, del Muro de Berlín se han hecho debates, estudios, libros, novelas, películas, series y hasta canciones. Esta barrera de hormigón forma parte de la cultura popular y es reconocida en prácticamente cualquier rincón del mundo y por cualquier persona, sin importar su edad o condición.

Precisamente es esa fascinación e interés que genera y la importancia que sigue teniendo lo que hace que, 30 años después de ser convertido en un montón de escombros y piedras recicladas como regalos para turistas, lo que hace que el Muro de Berlín siga siendo un tema de purísima actualidad. Desde Muy Historia hemos hablado con Ricardo Martín de la Guardia, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid y autor de La caída del Muro de Berlín. El final de la Guerra Fría y el auge de un nuevo mundo.

Secretario de la Asociación de Historia Contemporánea y miembro del consejo de revistas especializadas como Historia Actual o Historia y Política, a lo largo de su trayectoria profesional se ha especializado en los principales acontecimientos del siglo XX y su relación con la política y las relaciones internacionales. Autor, coautor o coordinador de una treintena de libros, en su última publicación describe y desarrolla los momentos clave que precedieron a la caída del Muro de Berlín con la situación política de las dos Alemanias, el panorama europeo y el posterior proceso de reunificación que concluyó el 3 de octubre de 1990.

 

La publicación del libro coincide con el 30 aniversario de la caída del Muro. ¿Por qué es importante conmemorarlo?

Es verdad que, desde hace unos años, hay una tendencia en las ciencias sociales y la historia a conmemorarlo todo pero es cierto que hay jerarquías y la caída del Muro de Berlín, aparte del contenido simbólico propio, verdaderamente fue un hito. Un antes y un después si tenemos en cuenta que la Guerra Fría, todo el orden internacional posterior a 1945 queda simbolizada en la escisión de Europa, la escisión de Alemania y la escisión de Berlín. Precisamente, en esas décadas que estuvieron marcadas por la confrontación de bloques, el inicio del fin tiene lugar con la caída del Muro, la reunificación de Alemania y la descomposición de la Unión Soviética.

Reflexionar sobre lo que fue toda la época de la Guerra Fría, lo que supuso el Muro y el cambio; la transformación radical no solo para Alemania sino para Europa y para el mundo tras los acontecimientos que siguieron a la caída del Muro hacen que tenga un gran sentido histórico.

 

Generalmente, la caída del Muro se considera un símbolo de ese desenfriamiento. Pero, más allá del símbolo, ¿qué supuso para los berlineses y los alemanes?

La construcción del Muro en agosto de 1961 supone algo tan obvio como un muro físico, la erección de un muro de hormigón que separó de la noche a la mañana a Berlín y en parte también a Alemania. Se rompió con la libre circulación en la ciudad, Berlín Este intenta convertirse en un espejo de los grandes cambios que quería impulsar el socialismo mientras el Berlín Oeste era esa “isla capitalista dentro de la Europa roja”, por lo que no solo era relevante para Alemania sino también para Europa, Estados Unidos y toda la configuración de ese orden.

La verdad es que esa separación física, con los años, acabó por convertirse en un muro mental como se ha puesto de manifiesto. Quizá Berlín reflejaba mejor que cualquier otra parte de Alemania esas dos cosmovisiones distintas, ese intento de construir un Homo sovieticus como decía Brézhnev, incontaminado por los valores burgueses y que aparecía en Berlín Este y en ese muro que, según la legitimidad socialista, era una valla de protección frente a la agresión capitalista. Y frente a esta cosmovisión, ese Berlín Oeste que a lo largo de las décadas va a ser vanguardia de movimientos sociales y culturales alternativos. Dos cosmovisiones a partir de la división física.

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Es cierto que la construcción del Muro se justificó alegando que era para proteger a la población de los peligros capitalistas pero los motivos reales eran distintos.

Sí, realmente había un grave problema económico y un problema de sangría poblacional. Se calcula que desde que nace el estado de la República Democrática de Alemania (RDA) en 1949 hasta la construcción del Muro huyen o salen de la RDA casi 2 millones de alemanes hacia el oeste. Berlín reflejaba muy bien esto porque gran parte de la población trabajaba en Berlín oeste porque tenían mejores condiciones salariales y de seguridad y vivía en el este porque era más barato. Esta sangría de población iba a minar la legitimidad del que, se suponía, era el estado de los obreros y los campesinos y si huían o se iban hacia el monstruo capitalista que era la República Federal Alemana (RFA) pues… dañaba la legitimidad del régimen comunista de la RDA y por ende de todo el sistema socialista porque la República Democrática Alemana era considerada, junto a la URSS, la punta de lanza del socialismo.

 

Ahora que contamos con cierta perspectiva, ¿cómo era realmente la vida en la RDA y la RFA? Más allá de los intereses propagandísticos de la época.

Después de los momentos más duros de la inmediata posguerra y de los años 50, las ayudas del Plan Marshall y los convenios que tenía la URSS con la RDA trataban de satisfacer las primeras necesidades y luego de mejorar la situación real con aportes a la industria, la agricultura, etc. Después de esos años, a partir de los 60, el boom económico que se produce en la RFA y la mayor socialización de los beneficios hizo que esa estructura social del oeste fuese más estable, más articulada y armónica gracias a esa socialización de los beneficios. Ahí está el juego político o el juego sindical y cómo aceptan todo ese sistema.

Verdaderamente, la RDA entra desde finales de los 60 y a lo largo de los 70 en un periodo de estancamiento económico, en sintonía con lo que pasaba en el resto de la Unión Soviética, y un deterioro en el nivel de vida que a principios de los 80 se ve en las escasas o nulas medidas que introduce el sistema al negarse a  llevar a cabo una perestroika a la alemana. Como sabemos, junto a Rumanía, era uno de los sistemas socialistas más represivos y esto hace que haya una gran agitación social y que a pesar de la represión al final… Las condiciones eran muy distintas y, de hecho, cuando se produce la caída del Muro y la disolución de la RDA ahí están los resultados: pocos son los que votan a favor de mantener esa república y evidentemente cuando la población tuvo la oportunidad de votar pues votó por otra cosa.

 

Si alguien visita Berlín en la actualidad, lo que queda del Muro hace difícil imaginarse lo que podía llegar a ser. ¿A qué tenía que enfrentarse una persona que quería cruzar de un lado a otro?

El Muro fue cambiando desde el año 61 con esos primeros alambres de espino, luego se va transformando en un muro de hormigón, se va limitando una tierra de nadie entre las dos partes del muro… También estaban esos casi 160 kilómetros de doble pared salpicados, en el lado de Alemania oriental, de puestos de vigilancia cada pocos metros donde estaba la volkspolizei (policía del pueblo) y un servicio especial que trabajaba exclusivamente en el control del Muro. Con el tiempo se fueron mejorando las medidas de seguridad, para evitar que nadie pasara, con cámaras e infrarrojos. La construcción del Muro se fue, por decirlo así, perfeccionando sobre todo en la parte del Berlín Este para evitar cualquier fuga porque cada una de ellas iba en contra de la legitimidad de la RDA.

Hoy en día queda un tramo pequeño, hay cientos o miles de pequeños e inofensivos souvenirs del Muro por todo el mundo. Pero insisto, fue un proceso de mejora y perfeccionamiento en el control por parte de Berlín Este para evitar cualquier tipo de fuga.

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¿Qué inversión supuso para la RDA la construcción y posterior perfeccionamiento del Muro?

Hay que tener en cuenta que, como en el resto de países socialistas, todos los presupuestos que se liberaban tanto en la configuración de presupuestos como para la seguridad del estado, no solo para el Muro, eran ocultos; no había información sobre ellos. A partir de la apertura de los archivos de la policía secreta y del propio comité central del Partido Socialista Unificado se han tenido conocimientos más parciales sobre estos aspectos que eran ocultos no solo a la población o al exterior sino que tampoco los conocían los miembros más conspicuos del comité central.

Lo que sí sabemos es que, no solo al Muro sino respecto a la seguridad general de fronteras y de control de la seguridad del Estado, los presupuestos se fueron incrementando ostensiblemente a partir de 1962-1963 y otra vez a finales de los 70 y principios de los 80. En cuanto a qué suponía eso respecto a la partida general de presupuestos de la RDA pues… es difícil determinarlo porque hay que considerar que una parte relativamente importante de la seguridad estaba incluido en el Pacto de Varsovia y sufragado por la Unión Soviética.

 

Es común que, cuando se habla del Muro, parece que el final feliz llega con su caída pero ¿cómo fue el proceso posterior y qué dificultades encontró?

Esa caída, tanto simbólica como material supuso varias semanas de euforia y recuperación de libertades y el rápido proceso de unificación. Como sabemos, parece que la idea principal era la de reformular una república democrática pero el mayor problema del proyecto era el económico. Las cifras en las que se manejaban los presupuestos e inversiones, la situación de la economía de la RDA, era muy distinta a la realidad. El propio gobierno federal creó desde un principio una agencia para lo que denominó “el relanzamiento del este” con el fin de canalizar fondos públicos hacia aquellas regiones y complementar el resto de planes de ayuda.

Entre 1990 y 1994 se transfirieron a los nuevos estados casi 400 mil millones de euros por parte del gobierno federal alemán y por eso estaba condicionado históricamente, porque solo pudo darse en ese momento de gran bonanza en Alemania y en la Unión Europea que también facilitó, a través del Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento, los cambios en el este de Europa. O sea que el contexto histórico efectivamente favoreció el proceso de unificación en el cual los problemas económicos por el deterioro absoluto de la RDA fueron los principales una vez se soslayaron los obstáculos de las potencias europeas, que en aquel contexto fueron muy pocos.

 

Sobre el Muro se ha escrito mucho a lo largo de los años. ¿Qué crees que aporta tu libro a este tema?

Precisamente, más allá del momento de la caída y la descripción o el análisis de esos momentos previos, lo que destaca es el contexto internacional: cómo se vivió y cómo se actuó desde las instituciones y los gobiernos europeos y la URSS ante ese momento que, insisto, había que analizarlo en el libro. Pero esa relación entre la caída del Muro y los meses previos con el contexto internacional y el cómo se facilitó el proceso de reunificación creo que es una aportación relevante del libro.

Imagen: Editorial La esfera de libros.

 

¿Crees que hemos aprendido la lección en estos 30 años o seguimos tendiendo más a construir muros que a derribarlos?

Los primeros años de euforia tras la caída del Muro, la descomposición de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría parecían que podrían llevar a cierta pacificación y una armonía en las relaciones internacionales con mayor importancia de la ONU. Pero todo esto se rompe a partir de la segunda guerra de Irak, surge un nuevo orden internacional muy inestable.

No solo estaba el Muro de Berlín, se habían construido muros antes y han seguido construyéndose. Muchas amenazas, figuradas o reales, y los miedos o peligros de una población se manifiestan a través de la construcción de muros y me temo que seguirá siendo así.

 

¿Piensas que le damos más importancia a unas represiones que a otras? Porque el Muro de Berlín es considerado un símbolo de lucha contra la opresión y, por ejemplo, el muro de Jerusalén se deja en segundo plano salvo en determinados momentos.

Igual que del Muro, en los años 70 o principios de los 80 y puede que porque los medios de comunicación o los analistas se preocupaban menos, lo recordamos por la caída y por lo que supuso, por la importancia y la trascendencia histórica que tiene su derrumbe. Probablemente sería lo mismo si cayera el muro de Israel.

De todas formas, y más allá de la importancia que le dan los analistas sociales, desgraciadamente sabemos que los muros y tantas otras heridas no suturadas en la historia las recordamos cuando ocurre algún acontecimiento especial. Si no, la inercia nos hace pensar en otras cuestiones y reflexionar poco sobre esos fenómenos que están ahí, con los que convivimos y si no hay algún acontecimiento excepcional no les atendemos. El foco de atención está en otras realidades.

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Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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