Restaurar, una labor que no es para todos

El 13 de octubre se celebra el Día Europeo de la Conservación-Restauración. Ante una obra deteriorada, siempre se plantea la siguiente cuestión: ¿restaurar o no restaurar?

Restauración
'La Piedad', Michelangelo

¿Restaurar o no restaurar? La respuesta, si queremos conservar esa obra cuantos más años mejor, debe ser siempre sí.

Pero la labor de restauración y conservación de una obra de arte (sea arquitectónica, pictórica o escultórica) no puede hacerla cualquiera. Y si lo hace alguien no especializado, lo que va a pasar es que se destroce la obra y su contenido histórico-artístico.

Pongamos como ejemplo archiconocido el ‘Ecce Homo’ de Borja. Solo con observar su antes y el después, nos damos cuenta del destrozo que se ha producido en una pintura con siglos de antigüedad. En la restauración artística no valen las buenas intenciones, por muy buenas que sean, van a terminar por destrozar un documento histórico muy valioso.

Ecce Homo
'Ecce Homo, de Borja. Antes y después.


Sabemos, por ejemplo, que la Piedad del Vaticano fue agredida a mazazos por un enajenado en 1972. Rápidamente se procedió a la reconstrucción de las partes dañadas, que no fueron pocas. Un brazo, codo, nariz y parpados fueron afectados. A día de hoy podemos contemplarla como si no le hubiese sucedido nada.

Conocemos lo que le ocurrió a esta escultura y sabemos qué partes fueron dañadas, pero gracias a la existencia de réplicas fidedignas de la misma en Lampa (Perú) los restauradores pudieron reconstruirla al detalle, de tal modo que si se desconoce el ataque que sufrió, no diríamos que ha sido reparada.

 

Al contrario ocurre con otra obra mundialmente famosa, la Gioconda de Leonardo. En este caso la obra se encuentra en un lamentable estado de conservación. Un grueso cristal la protege de las millones de visitas que recibe cada año en el Museo del Louvre de París. Y precisamente su fama es su condena, ya que debido a la afluencia de público que atrae, el Museo no se ha molestado en retirarla una temporada para proceder a sus labores de limpieza, labores de limpieza que todos los cuadros de cualquier museo que se preste deben sufrir para la adecuada conservación de la obra en cuestión.

Gioconda
Copia de 'La Gioconda', del taller de Leonardo

 

Esto lo podemos apreciar simplemente comparando esta obra con la Mona Lisa del Museo del Prado, del taller de Leonardo. Los colores, la luz de las pieles y cabellos no tienen nada que ver con la Gioconda del Louvre. Y bien sabido es que para Leonardo el color es una parte fundamental en sus obras. Por lo que es muy probable que los auténticos colores de la Gioconda del Louvre sean más similares a los de la del Prado que a los que ahora cubren de ocre sus pigmentos.

Convento de las Francesas
Convento de las Francesas

 

Otra de las premisas de una buena restauración es la fidelidad con la obra original. Hay que conservar, no falsear la historia.

Por poner un ejemplo, la “rehabilitación” del Convento de las Francesas (siglo XV) en Valladolid: hasta el siglo XX se mantuvo como colegio ya que fue concedido tras la Desamortización a las Dominicas Francesas. Tras esto, se remodeló el edificio para transformarlo en una galería comercial, y el rigor histórico está ausente, lo que ha supuesto numerosas críticas por parte del público y numerosos historiadores.

Hay muchos otros ejemplos de obras bien y mal restauradas, o simplemente no restauradas/conservadas; solo con investigar un poco por internet se encuentran cientos. Eduquemos a nuestros ojos para apreciar el trabajo bien hecho y dónde ese trabajo es necesario. Valorar a los profesionales que velan por la óptima conservación de nuestro Patrimonio y apoyar proyectos que apuesten por ello es labor de todos.

Restaurar, reparar y conservar son labores completa y absolutamente necesarias para que la vida de cualquier obra de arte sea lo más duradera posible, por lo que no se debe intervenir en una obra de arte sin los conocimientos adecuados.

Eva Domínguez Aguado

Eva Domínguez Aguado

Historiadora del arte con muchas ganas de hablar. Escribo artículos e ilustro la revista Muy Historia, cuento cosas interesantísimas en el rincón de Stendhal, y la tortilla de patata me sale buenísima. Un partidazo, vaya.

Continúa leyendo