‘Raza’, la novela propagandística de Franco que fue llevada al cine

La novela fue escrita por el propio Franco para narrar su visión de la Guerra Civil y para ensalzar los principios ideológicos de su dictadura.

Raza
Imagen: RTVE.

A Francisco Franco Bahamonde le gustaba el mundo castrense y de hecho llegó a ser el general más joven de toda Europa. También era (al menos en forma) un devoto católico y un gran aficionado a la caza, que no perdía la oportunidad de disparar a los pichones y las perdices si se daba la ocasión. Como buen dictador que era, le gustaba dictar e imponer tanto su voluntad como su visión de España. Pero puede que una de las aficiones menos conocidas de Franco fuese la de la escritura, y para las generaciones futuras han quedado sus artículos y textos.

Sin ser un hombre de amplia formación académica o un intelectual de libro, Franco había visto y vivido toda clase de cosas a lo largo de su carrera militar y encontraría en el papel y la tinta un medio para dar a conocer sus recuerdos, su devocional visión de la vida de un militar y, ya que estaban, su forma de concebir el mundo. En 1922, cuando todavía era comandante, publicó Diario de una bandera narrando su tiempo sus vivencias en la Guerra de Marruecos y a lo largo de los años ejercería como redactor para publicaciones como la Revista de Tropas Coloniales (más tarde conocida como África) o en Arriba, diario oficial del régimen franquista. En 1941 publicaría la que es probablemente su obra más conocida, Raza, y ese mismo año se llevó al cine (ventajas de controlar los medios).

 

La carrera literaria de Jaime de Andrade

Habían pasado dos años desde el final de la guerra civil y del inicio de la dictadura franquista. Europa se retorcía en la virulenta Segunda Guerra Mundial y el régimen del autoproclamado caudillo parecía simpatizar con la ideología nacionalsocialista y fascista de Alemania e Italia (la reunión de Hendaya con Hitler había tenido lugar el año anterior). Bajo el nombre de Jaime de Andrade y con tintes autobiográficos, Franco escribió una novela en la que se presentaba la reciente lucha fratricida como una pelea simplista entre buenos y malos y se enarbolaban los valores defendidos por el régimen (la cruzada contra el comunismo y la masonería, la defensa del catolicismo como única fe verdadera, el promilitarismo, etc.).

Raza (ya el título apunta maneras de cuál será el tono general) narra la historia de los Churruca, una familia de la aristocracia gallega a la que no es difícil sacar algún parecido con los Franco Bahamonde. La novela comienza con la muerte del padre, el capitán Churruca, durante la Guerra de Cuba (1898) a causa de la influencia de los masones en la política que lo manda a una misión suicida. A partir de aquí se sigue la vida de la viuda Churruca y de sus hijos (Isabel, Jaime, Pedro y José), que toman caminos distintos y en los que Franco personificó algunos de los valores y posturas que él mismo defendía. Isabel se convertirá en la devota esposa de un militar, Jaime ingresará en un convento y consagrará su vida a Dios, Pedro será un político que acabará renegando de “los males de la democracia y de la Segunda República” y José se alzará como protagonista al ser un militar de carrera que se une a los sublevados y termina desfilando triunfante.

Teniendo en cuenta la proximidad del conflicto y quién la escribió, nadie se sorprenderá al afirmar que la novela presenta una visión simplista, sesgada y totalmente propagandística de los hechos siguiendo la propia ideología del dictador. Los personajes son presentados de forma maniquea (buenos y malos), sin apenas desarrollo interior y con unas motivaciones que se basan en cosas como la religión o la patria. Se culpa del origen del conflicto a la masonería, el gobierno de la Segunda República, el comunismo o el ateísmo y los protagonistas son representados como los paladines de una cruzada por la justicia y el bien. Desde los propios títulos de crédito, las alusiones al glorioso e incorrupto pasado de España son casi constantes (la propia familia Churruca desciende de Cosme Damián Churruca, muerto en la batalla de Trafalgar) y se ensalzan de forma exagerada los valores y principios que según Franco debían regir la vida de cualquier español de bien, esos que pertenecen a la “raza”.

Aun cuando suele ser considerada una novela debido a las extensas descripciones del ambiente y de la acción de los personajes que exceden la medida habitual de las acotaciones, lo cierto es que Franco la redactó casi como un guion con los diálogos de los personajes como pieza central. En 1941, mismo año de su publicación, se estrenó su adaptación cinematográfica dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y producida por la Cancillería del Consejo de la Hispanidad.

Cartel de Raza
Cartel de Raza. Imagen: Filmaffinity.

 

‘Espíritu de una raza’, el censor censurado

Raza se convirtió en el instrumento propagandístico perfecto del régimen. La participación de Franco en la película era un secreto a voces y su mensaje caló en la sociedad como una forma más amena y entretenida de asimilar los principios que definían al Movimiento, al menos al de principios y mediados de los cuarenta.

Pero la historia a veces tiene un peculiar sentido del humor. En 1945 los aliados derrotaron a Hitler y a Mussolini y Franco aprendió que las comodidades del poder que había descubierto en el 39 estaban por encima de su propia ideología. Desde ese momento, los esfuerzos del dictador y del régimen franquista se centraron en su propia supervivencia, adaptándose a las necesidades de cada momento y olvidando rápidamente su pasado como si del orwelliano Ministerio de la Verdad se tratase. En estas idas y venidas ideológicas resultó que Raza, obra maestra del caudillo, era de pronto demasiado cercana al fascismo y no lo bastante cercana a los Estados Unidos.

En 1950 el propio Franco aplicó una autocensura única en la historia del cine y estrenó Espíritu de una raza, versión edulcorada en la que se habían eliminado escenas y reescrito fragmentos para, aun manteniendo intacto el mensaje maniqueo de la primera, disimular algunos detalles que al régimen le podían resultar incómodos de repente: se eliminaron los saludos con el brazo en alto y los diálogos en los que se daba a entender cualquier simpatía con el fascismo, las alusiones contrarias a Estados Unidos por la Guerra de Cuba desaparecieron y el enemigo (formado antes por masones, republicanos, ateos, gentes de izquierdas, políticos corruptos y demás) pasó a ser ese terrible mal acechante que era el comunismo.

En su momento nadie mencionó la existencia de dos versiones distintas (la original y la autocensurada) de la misma película por lo que, durante años, se creyó que Espíritu de una raza era la adaptación verdadera. No fue hasta los años 90 cuando se encontraron un par de copias de la original y se descubrieron los trucos del régimen para limpiar su imagen y legitimarse de cara a la comunidad internacional.

Aunque a lo largo de los 36 años que permaneció al frente de la dictadura hubo muchos más casos similares, el de la autocensura de Raza es probablemente el ejemplo más significativo de cómo Franco consiguió seguir bailando sin importar que le cambiaran la música.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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