RAF contra Luftwaffe: el arrojo de los pilotos británicos

Los alemanes pretendían derrotar a Inglaterra para dominar toda Europa occidental. Sin embargo, la Royal Air Force resulta ser un enemigo mucho más correoso y peligroso de lo previsto...

Desde el primer momento, la Luftwaffe se vio sorprendida por la determinación defensiva de los ingleses. La RAF contaba por entonces con 600 cazas modernos, la mitad que los alemanes, pero, a pesar de su indudable inferioridad tanto en hombres como en medios, el primer día de la batalla derribaron diez aviones y solo perdieron dos. Los alemanes tenían además el problema de la escasez de combustible, ya que debían cruzar el Canal de la Mancha, combatir en cielo inglés y conseguir volver a casa.

En la dura batalla subsiguiente, los escuadrones ingleses desarrollaron una osada táctica. En lugar de volar por encima de los bombarderos alemanes y dar la vuelta para atacar por detrás, se lanzaban de frente hacia el enemigo disparando a la vez las ametralladoras. Esto les daba una mejor visibilidad y obligaba a los pilotos alemanes a desviarse hacia arriba para evitar un choque frontal, lo que les convertía en un blanco fácil. Pero se trataba de una táctica muy peligrosa que condujo a varias colisiones fatales.

Los ataques alemanes sobre barcos y puertos siguieron durante casi un mes y, a pesar de la protección de los cazas ingleses, muchos cargueros con suministros vitales resultaron hundidos. Entre los combatientes, las bajas fueron elevadas en ambos bandos, pero con un resultado favorable a la RAF. Entre el 10 y el 23 de julio, los ingleses derribaron 82 aviones de la Luftwaffe y solo perdieron 45.

La pericia de los pilotos ingleses encontró desprevenidos a los alemanes, que se dieron cuenta de que debían cambiar de estrategia. A partir de entonces, concentraron sus esfuerzos en intentar destruir la fuerza aérea británica al completo: bases, aviones y equipamiento de cualquier clase. El jefe de la Luftwaffe, el célebre Hermann Göring, se entregó a la tarea con celo indesmayable: “El Führer me ha ordenado destrozar Gran Bretaña con mi Luftwaffe”, declaró con orgullo.

 

Ataques a las estaciones de radar

El nombre en clave de la serie de ataques destinados a acabar con la RAF fue Adlerangriff (Operación Ataque del Águila). El primer raid tuvo lugar el 12 de agosto, cuando un grupo de bombarderos atacó las estaciones de radar situadas en la costa sur de Inglaterra. El sistema de radares inglés era uno de los grandes activos de la RAF. El ataque dejó varias estaciones fuera de juego y, pocas horas más tarde, Alemania envió 220 aviones, entre bombarderos y cazas, contra las bases inglesas. La reparación de los radares se hizo, no obstante, en unas pocas horas.

Al día siguiente, hubo una nueva ola de devastadores bombardeos. Se destruyeron aviones y hangares, los talleres quedaron reducidos a cenizas y las líneas telefónicas cortadas. También se bombardearon las pistas de aterrizaje hasta dejarlas inservibles. Göring acabo convencido de que a los británicos solo les quedaban 450 cazas y de que no resistirían más de un par de semanas.

Pero la realidad era que la RAF tenía aún más de 700 cazas operativos. Churchill supo prever la importancia de la batalla del aire, por lo que en mayo creó un ministerio independiente para la producción aeronáutica y dio prioridad a la fabricación de aviones sobre cualquier otro objetivo. A este esfuerzo se sumó también la empresa privada, especialmente el sector del automóvil, que contribuyó con equipamiento y recursos humanos. El resultado fue que, mientras en Alemania la producción de aviones disminuía, en Gran Bretaña creció a un ritmo desconocido.

 

Más información sobre el tema en el artículo Los pilotos británicos lo dan todo. Aparece en el MUY HISTORIA, colección II Guerra Mundial, dedicado a Operaciones especiales.

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