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¿Quién mueve los hilos del mundo?

El Club Bilderberg, el sionismo o la compañía Microsoft son algunos de los supuestos ‘poderes en las sombras’ que conspiran para controlar el mundo

Club Bilderberg
Manifestantes ante el recinto del Grovel Hotel con un cartel en el que se lee 'Bilderberg se comió a mi hámster' (2013). Imagen: Getty Images

Se cree que siempre han existido (a niveles muy variados según el momento) y que han definido el devenir del mundo sin que la gente de a pie fuera realmente conscientes de ello. Las teorías relacionadas con sociedades secretas y poderes ocultos afirman que existen entidades ajenas a los organismos de gobierno y lo público que juegan al ajedrez con el resto del mundo y toman las decisiones que harán que la historia vaya por un camino o por otro. En algunos momentos fueron los masones o los Illuminati; en otros, el Fondo Monetario Internacional, e incluso hay quien afirma que estos poderes no son más que marionetas en manos de una cultura extraterrestre que nos observa y controla. Desde los años 80, el principal foco de atención recae sobre el llamado Club Bilderberg.

Bajo este nombre se conoce el encuentro anual que una élite de empresarios, políticos, banqueros y hombres de finanzas de todo el mundo celebran a puerta cerrada y en la que debaten asuntos (desconocidos para el resto de la población) que pueden tener un efecto a nivel global. Su sede está en Leiden (Holanda), y debe su nombre al Hotel Bilderberg de Oosterbeek, que fue donde tuvo lugar la primera reunión de este club de privilegiados en 1954. El Club Bilderberg nació a propuesta del consejero político polaco Jozef Retinger, que quería crear un ‘espacio seguro’ en el que las élites europea y estadounidense pudieran dialogar abiertamente de los problemas del mundo para oponerse al comunismo de la Unión Soviética y evitar el surgimiento de un nuevo conflicto mundial. Fue financiado por el banquero David Rockefeller y ha contado con la participación de personas tan señaladas como Henry Kissinger, Rupert Murdoch, Vladimir Putin y numerosos miembros de las familias más poderosas del mundo (Rockefeller, Ford, Krupp, Rothschild…).

Es comprensible, y hasta un tanto lógico, que este tipo de reuniones levanten revuelo. La idea de que las personas y representantes de las organizaciones más poderosas e influyentes del mundo se reúnan de forma anual, a puerta cerrada y sin posibilidad de que la opinión pública sepa qué temas tratan puede llevarnos a pensar en algún tipo de plan malvado de dominación mundial. Unos creen que el Club Bilderberg es una simple reunión de negocios como otra cualquiera, una oportunidad para dialogar y debatir la situación económica y política del planeta con tranquilidad y sin la preocupación del ‘qué dirán’. Otros, como el exagente de inteligencia ruso Daniel Estulin, afirman que ‘su objetivo final es el control de absolutamente todo en el mundo, en todos los sentidos de la palabra. Sus miembros actúan como si fueran Dios en la Tierra’.

Si bien es cierto que no se puede negar que gobiernos, grandes empresas, bancos o agencias de inteligencia tengan agendas secretas con planes que no siempre se cuentan o que no siempre son legales (véase la influencia que J. Edgar Hoover tenía sobre los presidentes de Estados Unidos o las recientes escuchas llevadas a cabo por la CIA y la NSA), la idea de que exista un orden mundial secreto compuesto por unas 130 personas parece demasiado retorcida y un tanto susceptible de creerse al pie de la letra. Los detractores más extremistas del Club Bilderberg suelen responsabilizarlos de cosas como los atentados del 11-S (estaban al corriente pero no hicieron nada para evitarlo), de haber provocado la crisis económica mundial de 2008 o, más recientemente, de haber liberado la pandemia del COVID-19. Estas teorías, basadas habitualmente en sombras y vacíos más que en hechos demostrables, suelen ser aprovechadas por grupos reaccionarios de toda índole para, en muchos casos, promover pensamientos racistas o xenófobos basados en bulos y desinformación.

Numerosos expertos en el tema y periodistas especializados creen que este tipo de teorías de la conspiración que hablan de un poder global en la sombra son tan populares porque presentan ‘una solución sencilla’ a problemas complejos. Justifican cualquier problema que pueda acontecer en el mundo con una visión maniquea de poderes fácticos, presentan a un ‘culpable’ y se basan en la deslegitimación de los hechos conocidos y la defensa de que existe una verdad alternativa que, si no conocemos, es porque ‘alguien’ nos la quiere ocultar.

 

Más información sobre el tema en el artículo Conspiradores en la sombra, escrito por Fernando Cohnen. Aparece en el número 75 de MUY HISTORIA, dedicado a Masones y otras sociedades secretas.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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